Cartas de los lectores
Miles de docentes han llegado al límite

Los profesores se sienten “decepcionados” en el octavo día de huelga: “Seguiremos en la lucha” / Europa Press
Ainhoa Montes
Estos días se habla mucho de la huelga docente. Se habla de molestias, de organización, de conciliación. Pero muy poco se habla de por qué miles de docentes han llegado al límite. Y las familias que convivimos cada día con la realidad de la escuela pública lo sabemos perfectamente.
Soy madre de dos niños autistas escolarizados en aula UECO. Y escribo esta carta porque estoy cansada de escuchar discursos vacíos sobre inclusión mientras las familias vivimos una realidad completamente distinta.
La apoyo porque veo cómo trabajan las maestras, educadoras y profesionales que atienden a mis hijos. Veo cómo se dejan la piel cada día intentando llegar a todo aunque no tengan recursos suficientes, aunque falte personal, aunque las ratios sean imposibles y aunque muchas veces trabajen desde el agotamiento absoluto.
Lejos de crear una brecha entre familias y profesorado, esta huelga nos ha unido todavía más. Porque vemos que están luchando también por los derechos de nuestros hijos e hijas.
Y eso no se olvida.
Escucho al presidente y a la consellera hablar constantemente de la preocupación por el alumnado de segundo de Bachillerato. Y claro que es importante. Pero me gustaría escuchar también titulares sobre la preocupación que debería generarles que haya niños y niñas autistas sin comunicador y, por tanto, sin posibilidad real de expresarse, niños con crisis de desregulación y falta de personal para atender sus necesidades; meses, incluso años, para que concedan el recurso de fisioterapeuta por todos los papeles que eso conlleva y que ralentizan que llegue.
Me gustaría escucharles hablar de los centros que no tienen recursos suficientes para garantizar una inclusión verdadera.
Porque no, la inclusión no es poner a un niño en un aula ordinaria y ya está. La inclusión necesita recursos. Necesita personal. Necesita formación. Necesita espacios adaptados.
Necesita comunicadores. Necesita educadores/as de educación especial suficientes. Necesita tiempo y atención real.
Mis hijos están escolarizados en aula UECO y muchas veces sentimos que esto se está convirtiendo más en una medida de segregación maquillada de inclusión que en una inclusión real.
Nos venden normativas muy bonitas, pero luego no invierten el dinero necesario para que puedan cumplirse.
Y mientras tanto, las familias vivimos con miedo constante. Miedo a que nuestros hijos no puedan participar, no puedan comunicarse, no puedan regularse emocionalmente o simplemente no reciban la atención que necesitan.
Con los recursos adecuados podrían hacer muchas más actividades fuera del aula, algo fundamental para su regulación emocional, su desarrollo y su aprendizaje. Porque para muchos niños y niñas autistas aprender también es salir al entorno, adaptarse poco a poco a otros espacios, trabajar habilidades sociales y ganar autonomía en situaciones reales de la vida diaria.
La inclusión no es simplemente colocarlos en un aula ordinaria y ya está. La inclusión real va mucho más allá. Es darles las herramientas necesarias para que en el futuro tengan las mismas oportunidades y posibilidades que cualquier otro niño o niña.
Las familias no estamos pidiendo privilegios. Estamos pidiendo derechos básicos que deberían estar garantizados por ley y que, sin embargo, seguimos teniendo que reclamar constantemente quienes convivimos con el TEA cada día.
También quiero hablar de algo de lo que se habla poco: las infraestructuras.
Quien conoce el autismo sabe perfectamente lo que supone para muchos niños y niñas el exceso de calor, el ruido, la sobreestimulación y los espacios inadecuados. En muchos centros públicos las aulas son auténticos hornos en junio y septiembre. Y eso no es una incomodidad sin más. Eso puede provocar desregulaciones enormes, ansiedad, crisis y sufrimiento real en alumnado especialmente vulnerable. Pero parece que eso no da tantos titulares.
Sinceramente, estoy cansada de escuchar hablar de “niños con problemas”, como se ha llegado a decir públicamente. Aquí el problema no son nuestros hijos e hijas. El problema es una administración que todavía no entiende que la inclusión no se sostiene con palabras ni con campañas bonitas. Se sostiene invirtiendo en educación pública.
No nos vais a separar de los docentes. Porque mientras algunos intentan enfrentarnos, nosotras vemos a maestras llorando de impotencia por no poder llegar a todo. Vemos profesionales agotadas intentando sostener aulas imposibles. Vemos personas luchando por nuestros hijos e hijas incluso cuando eso les cuesta dinero, salud mental y desgaste personal.
Y por eso estamos a su lado. Familias y profesorado vamos juntos en esto. Porque queremos que nuestros hijos e hijas tengan los recursos, los apoyos, los espacios y la dignidad que merecen. Y porque ya está bien de pedirnos paciencia mientras se abandonan poco a poco las necesidades de nuestros hijos e hijas.
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