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Cartas de los lectores

La decadencia de Orihuela y el reinado de la desidia

Estación Miguel Hernández de Orihuela

Estación Miguel Hernández de Orihuela / Tony Sevilla

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Vicente Hernández Fabregat

"La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas" fue el título del ensayo de Ramón Sijé que presentó en 1935 al Premio Nacional de Literatura. Qué lejos está la Orihuela actual del ambiente cultural y cívico de aquella sociedad republicana de los años de preguerra. El joven autor de ese ensayo, de 22 años, fue uno de los promotores, junto al médico y humanista José Mª Ballesteros, del homenaje en 1934 a Gabriel Miró y la inauguración de su busto y colocación en la glorieta con el nombre del ilustre escritor alicantino. Otras personalidades literarias: Miguel Hernández, Carmen Conde, Antonio Oliver, Ernesto Giménez Caballero, … tomaron parte en el acto. Actualmente, el busto de Miró está en un rincón apartado. Intuyo que las inquietudes de los jóvenes oriolanos van por otros derroteros, ojalá esté equivocado.

La Glorieta y su templete lucían relucientes abrigados por los magnolios centenarios desaparecidos por ineptitud municipal. Faltan árboles y plantas con flores, y en general, está descuidada.

Los que nacimos en los años posteriores a la posguerra sabemos de la escasez de medios del Ayuntamiento y de las economías familiares. Sin embargo, los jardines estaban regados y cuidados. Los empleados del Municipio se reducían a dos o tres.

Los que somos de Orihuela de toda la vida, a la Avenida de Teodomiro siempre le hemos llamado los Andenes. Gabriel Miró se refiere en “El obispo leproso” a la hermosa alameda de la estación.

Recuerdo cuando era adolescente, que los bancos de los Andenes tenían doble asiento y brazos de obra, los cubría un arco de hierro a manera de pérgola y enredaderas de flores y un farol en cada esquina. No hay jardines hoy en día, la tierra reseca parece un erial cubierto de excrementos de perros y huele a los orines de estos animales. Las bases de las farolas metálicas están corroídas por el orín canino. Por la Avenida de Teodomiro circulan miles de personas de la Vega Baja y de Orihuela Costa que viajan en trenes de cercanías o toman el AVE.

El paseo llamado Marqués de Molins o Vientos del Pueblo está sucio y huele a los desechos de los puestos del mercado. Los dos rincones de la rotonda que da acceso a Hurchillo son basureros hediondos. Un gran número de farolas están rotas y fundidas sin luz. El abandono es escandaloso. ¿Tan cara cuesta el agua que no manguean después del mercado de los martes?

Torrevieja, que no es modélica, en parques y limpieza abochorna a Orihuela. ¿Cuándo se va a sacar una ordenanza municipal sobre recogida de excrementos de perros?

Cuando viajas por España o por el extranjero te sorprendes de la limpieza de las ciudades y te avergüenzas de lo sucia que está la tuya.

Tengo la costumbre inveterada de pasear solo o con amigos de 7 a 9 de la noche. Algunas noches, a las 9 pm, Orihuela parece una ciudad fantasmal. No hay nadie por la calle. Me gusta dar la última vuelta por la calle Mayor. Muchas noches no me he encontrado a ninguna persona. Todos los pueblos y ciudades han progresado; Orihuela está muriéndose.

La guinda del pastel es el criterio de admisión en colegios. Hay distrito único en todos los centros. Mi nieta, española de padre y madre, tiene pocas posibilidades de encontrar plaza.

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