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Cartas de los lectores

El milagrito de San Juan

Mascletà nocturna de las Hogueras de Alicante

Mascletà nocturna de las Hogueras de Alicante / Paula Lizcano

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Jesús Lorente Duro

Hablar de seguridad en Hogueras no debería interpretarse en ningún caso como una postura contraria a la Fiesta, y mucho menos cuando quienes plantean estas cuestiones son los propios bomberos.

Quienes trabajamos en emergencias conocemos perfectamente lo que representan las Hogueras para Alicante. También las vivimos, las disfrutamos y deseamos que continúen creciendo. Sin embargo, nuestra perspectiva es necesariamente distinta, porque nuestra labor consiste en anticiparnos a lo que puede ocurrir cuando una situación se complica.

Observamos calles cortadas muchos días antes del inicio oficial de las fiestas, zonas donde cada vez resulta más difícil acceder con vehículos de emergencia y puntos con grandes concentraciones de personas donde una evacuación rápida podría resultar extremadamente compleja. Y no lo hacemos desde una posición crítica hacia la Fiesta. Lo hacemos desde la responsabilidad y la experiencia profesional.

Llevo más de veinte años en el servicio y he vivido situaciones durante las Hogueras que, entre nosotros, muchas veces terminamos denominando "el milagrito de San Juan". Incendios en viviendas en los que hemos tenido que introducir mangueras atravesando barracas y racós.

Intervenciones en las que, sencillamente, hemos tenido la fortuna de que el incendio se produjera en una vía más amplia o en una zona todavía accesible. Y precisamente por eso creo que este debate no debería plantearse nunca como bomberos contra Fiesta, porque estoy convencido de que el mundo de las Hogueras también quiere unas fiestas seguras.

Pero también sabemos que existen áreas de Alicante donde, prácticamente desde el 15 de junio, hay calles completamente cerradas y donde el acceso con un vehículo de emergencias puede llegar a ser imposible. Y ahí es donde considero que se encuentra el verdadero debate. Porque, por supuesto, todo puede estudiarse, revisarse y mejorarse. Nadie posee la verdad absoluta. Sin embargo, cuando el criterio técnico y profesional de los servicios de emergencia se cuestiona, se minimiza o directamente se flexibiliza, surge una pregunta muy sencilla: ¿quién asume la responsabilidad si algún día ocurre una tragedia? Porque nosotros hablamos de cumplir normativas de accesibilidad, evacuación y seguridad que no existen por capricho.

Y si, aun así, se decide flexibilizar determinadas medidas, alguien deberá asumir también las consecuencias si en el futuro un camión no puede acceder, una autoescala no puede desplegarse o una ambulancia pierde minutos vitales. Y, sinceramente, me resulta difícil comprender determinadas declaraciones públicas que parecen poner en duda el criterio de quienes posteriormente deben intervenir cuando todo falla.

Porque nosotros no hablamos desde la política. Hablamos desde la experiencia real. Sabemos lo que implica perder tiempo intentando acceder. Sabemos lo que supone una calle completamente colapsada. Y sabemos que, hasta ahora, en muchas ocasiones lo que ha evitado una desgracia mayor ha sido simplemente la suerte, el “milagrito de San Juan”: que el incendio se produzca donde todavía podemos acceder, que la emergencia no ocurra en una calle imposible, que no coincidan miles de personas en una evacuación urgente... Pero la seguridad no puede depender de la suerte. Y precisamente por ello considero que el criterio profesional de los servicios de emergencia debería tratarse con mayor respeto, mayor prudencia y también con una mayor responsabilidad institucional. Porque cuando alguien llama al 112, da igual que sea Hogueras. Todo el mundo espera que podamos entrar.

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