Opinión | Cartas de los lectores
Juan Carretero Santonja
Cuando una plantilla dice basta

El alcalde de Alicante, Luis Barcala, es aplaudido por el vicesecretario del Ayuntamiento, Germán Pascual. / INFORMACIÓN
Hay imágenes que hablan por sí solas. Ver a profesores y profesoras unidos en una huelga, defendiendo juntos aquello que consideran justo, debería hacernos reflexionar sobre algo que a veces se olvida: la fuerza colectiva que tiene una plantilla cuando camina en la misma dirección. Porque una huelga no se hace por gusto. Nadie acepta perder dinero en su nómina ni deja de acudir a su puesto de trabajo por capricho.
Cuando una plantilla llega a ese punto, es porque siente que ya no puede seguir mirando hacia otro lado. Porque entiende que lo que está en juego no es solo una mejora concreta, sino la dignidad profesional, la calidad del servicio que se presta y el respeto a quienes lo sostienen cada día. Eso es lo que están haciendo los profesores y profesoras: decir basta. Y, al mismo tiempo, nos recuerdan una lección que nunca deberíamos olvidar: las mejoras laborales no se regalan, se conquistan. Por eso, ante la unidad sindical que están demostrando los sindicatos en esta huelga, solo cabe reconocerlo.
Han entendido que, por encima de siglas, intereses particulares o estrategias propias, hay momentos en los que toca estar del lado de la plantilla. Y cuando los sindicatos caminan juntos, el mensaje tiene más fuerza, llega más lejos y resulta mucho más difícil de ignorar. Y, sinceramente, no puedo evitar mirar hacia la plantilla municipal del Ayuntamiento de Alicante.
Me pregunto cuántas mejoras laborales se habrían conseguido ya si año tras año las organizaciones sindicales hubieran actuado con verdadera unidad ante reivindicaciones pendientes como una carrera profesional digna, la negociación del acuerdo de condiciones laborales, la revisión integral de la relación de puestos de trabajo y tantas otras cuestiones que siguen esperando una respuesta real y justa. Seguramente, si hubiera existido una unidad sindical firme, muchas de esas mejoras ya formarían parte de nuestras condiciones laborales. No estaríamos viendo cómo se prometen avances que después se aplazan, se rebajan o terminan convertidos en acuerdos de mínimos que sirven para salir del paso, pero no para resolver los problemas reales de la plantilla.
La unidad sindical no se demuestra con palabras, sino con hechos. Se demuestra cuando toca sentarse frente al equipo de gobierno y decir claramente que una propuesta no es suficiente. Se demuestra cuando hay que aguantar la presión, mantenerse firmes y poner por delante el interés general de la plantilla, aunque eso resulte incómodo. Y se demuestra, sobre todo, cuando los derechos de los trabajadores y trabajadoras pesan más que cualquier cálculo sindical. Ahí está, muchas veces, el verdadero problema.
Es muy difícil avanzar cuando determinadas propuestas del equipo de gobierno se aceptan bajo la excusa de que "más vale eso que nada". Esa frase, repetida demasiadas veces, acaba convirtiéndose en una trampa. Porque si siempre aceptamos algo, aunque sea insuficiente, nunca conseguiremos lo que realmente necesitamos. Lo más preocupante es que, sin una posición sindical firme y unitaria, el equipo de gobierno encuentra siempre una salida cómoda.
Mientras el debate se desplaza hacia cuestiones secundarias, los problemas de fondo siguen sin resolverse y la plantilla acaba viendo cómo se presentan como avances acuerdos de mínimos que no responden a sus verdaderas necesidades. La plantilla municipal del Ayuntamiento de Alicante no puede seguir esperando eternamente. Necesita una carrera profesional digna, un acuerdo de condiciones laborales serio, una RPT revisada con rigor y una organización que responda a la realidad del día a día.
No se trata de pedir privilegios. Se trata de exigir respeto, planificación y condiciones laborales justas. Porque cada carencia que sufre la plantilla acaba repercutiendo también en la calidad del servicio público que recibe la ciudadanía. Defender mejores condiciones laborales es también defender una administración más eficaz, más digna y más cercana.
El ejemplo de los profesores y profesoras nos recuerda algo evidente: cuando una plantilla se une y sus representantes están a la altura, las reivindicaciones dejan de ser palabras y empiezan a convertirse en avances reales. Ha llegado el momento de que la plantilla municipal también diga basta. Con unidad, con firmeza y con la convicción de que lo justo no se espera: se defiende.
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