Opinión | Cartas de los lectores
Procurador de los tribunales
Ser un aburrido mola

Un concierto celebrado durante el Sping Festival de la pasada semana. / Roberto Milán
Amigo lector, ¿haces tuya esta canción de Alaska?: "tengo el cuerpo muy mal, pero una gran vida social". Yo no, a mí no me gusta salir de fiesta. Soy una especie de Cenicienta, que quiere estar en su casa a las 12 de la noche. Cuando Pereza cantaba: me cuelgo de cualquiera que le guste trasnochar...no pensaban en mí. No fumo, no me drogo, no bebo apenas alcohol. Tengo la misma pareja desde hace cuarenta años, y alterno días de deporte extenuante con otros de ejercicio moderado. No quiero tener un cuerpoescombro.
Prefiero vivir lejos de los focos (título de uno de mis primeros artículos en este diario) teniendo menos amigos, pero con relaciones de más calidad. Una buena comida a un buen copazo. Me encanta viajar…pero no demasiados días, o ir a un concierto de rock, saltando y brincando junto al escenario…pero, al terminar, a la cama. No llevo tatuajes: por el futuro arrugado que les esperaría, y porque dudo que "decorarme" me haga parecer más interesante. ¿Has visto un Rolls-Royce con pegatinas? No me importa que me llamen abuelo, no necesito la validación de los demás, me encanta ser diferente, fiel a mí mismo. Y, desde luego, ser un aburrido mola.
Aclararé que lo digo en un sentido irónico, porque no me aburro nunca y, de cada tres palabras que digo, cuatro son chorradas. Todo me parece un planazo. Salir a pasear por la playa de San Juan con mi mujer, ir al cine, al Teatro Principal (¿valoramos los alicantinos el privilegio de tener una directora de la categoría de María Dolores Padilla?), a cenar en pareja o con amigos, jugar al tenis, salir a correr…e incluso ir a I training (auténtico "entrenamiento inteligente") a hacer burpees. Leer un libro de John Grisham en mi terraza viendo El mar en calma (novelaza de la alicantina Elsa Sánchez Rodríguez, la mejor obra de 2025) me parece un momento sublime. O destinar dos horas a redactar la columna semanal que amablemente INFORMACIÓN me publica. Y el típico domingo de sofá y manta, con la televisión, quedándote medio frito… Es lo mejor, para llegar al lunes con las pilas recargadas. Hay muchas maneras de disfrutar de la vida, y absolutamente todas son válidas.
Yo respeto que a ti te guste gritar para hablar, con música de chunda chunda, en vez de tener una conversación tranquila tomando una horchata. En la parte que me toca, reconozco que estar medio sordo, no ayuda a conversar con música de fondo. Que te parezca un planazo beber 14 cervezas seguidas, despertándote resacoso cinco veces por la noche para orinar. Que disfrutes acostándote a las 5 de la madrugada y pasando el domingo con dolor de cabeza. Que encuentres placentero fumarte un paquete de tabaco al día, y luego subir tres pisos por las escaleras y ahogarte. Que engullas tres bistecs de carne, explicando que tú lo que quieres en la vida es "disfrutar", y luego tengas problemas en las rodillas por tu sobrepeso. En definitiva, que pases de largo por la vida acumulando simples estímulos, para no percatarte en qué patética realidad vives, siendo un cascarón vacío que se integra en los roles sociales y cede a la presión de las masas.
¿Es una cuestión de edad? No en mi caso; con 19 años, tras una borrachera, comprendí que beber desaforadamente era un pésimo "negocio". Intoxicar mi cuerpo, privándole de sueño, reventándome los tímpanos con música a máximo volumen vi que no era para mí. Hace tanto tiempo que no salgo de fiesta, que el otro día se fundió un fluorescente en la cocina, cogí una cerveza… y empecé a bailar.
Obvio que me gusta salir con amigos y tomarme algo. Pero, a determinada hora, cuando para algunos es el mejor momento, para mí es el mejor momento… para planchar la oreja. Paso de acabar reventado, luchando por seguir en pie. A mí me parece perfecto que disfrutes siguiendo las tendencias, yendo de fiesta a los sitios de moda, porque es lo que hacen todos... pero, en vez de hacer comentarios de desaprobación, respeta que otros prefiramos el equilibrio que obtienes con la sensatez y el cuidado de nuestro cuerpo. Amigo mío, tu diversión no es mi diversión.
La felicidad no está en tirarse en paracaídas, viviendo emociones fuertes y con la dopamina a tope, sino en disfrutar de las rutinas diarias. La vida familiar y ordenada es lo que me da el bienestar… aunque te suene aburrido. Al no formar parte del rebaño, a mis 59 años, puedo decir, como os conté en otro artículo: hay que ver lo mayor que está la gente de mi edad. Acabaré con una recomendación: si chateas con alguien que no sale de noche, no gasta apenas, no bebe, come poco, lee desaforadamente y hace muchas pesas, no te emociones… probablemente esté en prisión.
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