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Cartas de los lectores

Un diamante en el zapato

Joyas en el despacho de Zapatero

Joyas en el despacho de Zapatero

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Los que peinamos canas recordamos cómo los diamantes de Bokassa dañaron la carrera de Valéry Giscard d'Estaing. Recibir regalos de un dictador cuestionado por violar los derechos humanos, generó sospechas sobre la independencia y criterio del presidente francés, y este hecho contribuyó a su desgaste político que precedió a su derrota electoral en 1981. En la nostra Comunitat vam tindre a un president de la Generalitat que va tirar la seua carrera al Túria per culpa de quatre vestits.

No hace tanto Christian Wulff tuvo que dimitir como presidente alemán cuando se supo que había obtenido un préstamo privado en condiciones ventajosas, o que hizo viajes de lujo, sin que quedara claro quién asumía ese gasto. Para colmo, intentó presionar a un periódico para evitar la publicación de determinadas informaciones. Su caso suele estudiarse en compliance, porque demuestra que el riesgo no siempre reside en la ilegalidad de un beneficio recibido, sino en la incapacidad de justificarlo con transparencia.

Los regalos de alto valor en los ámbitos de poder rara vez son inocentes cuando no cuentan con una trazabilidad transparente. Debe poder explicarse quién los entregó, cuando se recibieron, con qué recursos se pagaron, cuál era su valor, si fueron declarados, si tributaron, si debían incorporarse al patrimonio público, o si podían influir en la independencia del cargo y en la toma de decisiones en una situación concreta. ¿Existe documentación que la respalde?

En España existe el principio de presunción de inocencia, pero también es imprescindible la transparencia. En la vida pública, cualquier obsequio de elevado valor debe estar perfectamente justificado y no permanecer en la opacidad. De lo contrario, pueden surgir problemas de carácter fiscal, e incluso consecuencias penales. La ética comienza por saber rechazar, declarar o entregar aquello que pueda poner en duda la independencia de quien ejerce una responsabilidad pública.

El problema no es la joya, sino la incapacidad de justificar de dónde procede. Una joya puede ser perfectamente legítima: un regalo, una inversión, una herencia, una compraventa entre particulares, o incluso un bien familiar con un origen totalmente acreditado. No es suficiente con que algo sea legal o correcto, también hay que poder demostrarlo.

Esto ocurre en muchas organizaciones, donde un obsequio corporativo puede ser legítimo, y una factura corresponder a un servicio realmente prestado. Incluso una nómina puede estar plenamente justificada porque hay un trabajador (¿la oficina de artes escénicas es un mito, a la altura del Yeti o la Atlántida?) que desempeña unas funciones concretas cada día. Lo que no puede pretenderse es que te venga todo dado... y no dar palo al agua. Me imagino a alguno, en la entrevista de trabajo, cuando le preguntan sobre si tiene conocimientos de mecanografía, y contesta: “Me sé Hawái Bombay y también Hoy no me puedo levantar”. Tampoco hay inconveniente en pagar a un proveedor, siempre que exista una contraprestación real y verificable.

El día que un partido político proponga incorporar un equipo de compliance dentro del gobierno, tendrá mi voto. Gracias al prestigioso consultor Emilio Piñeiro he aprendido que siempre debería haber alguien formulando las mismas preguntas: ¿por qué se hizo?, ¿quién lo autorizó?, ¿qué controles se aplicaron?, ¿qué documentación lo respalda? Porque una operación sin trazabilidad ni supervisión puede terminar teniendo consecuencias muy graves. El compliance no es burocracia, es una herramienta de protección que demuestra su valor cuando llegan las preguntas incómodas.

No se trata de justificarlo todo alegando que son herencias familiares (¿acaso tu bisabuela era la reina de Inglaterra?), que compró un bote de detergente que venía con premio, e incluso que estaban en un Kinder sorpresa, cuando revisan los regalos recibidos. Se trata de disponer de evidencias que acrediten los hechos. Tal vez diga que son regalos de Ayuso, y que el tasador es un fascista, o contrata a los Men in black, para que borren la memoria a todos los españoles. ¿Marcarse un “Negreira” para no ir a juicio es opción?

Escuchas palabras grandiosas, pero luego descubres que no tienen sustancia, y que son como las explicaciones del político que te cuenta que se está leyendo un libro sobre la honestidad, y cuando le preguntan dónde lo ha comprado… confiesa que lo robó en una librería. Y es que, amigo lector, si andar con una piedra en el zapato es francamente molesto, imagínate lo doloroso que puede ser tener, junto al dedo gordo, un diamante. Aunque peor sería tener muchos, deslumbrantes, que no son soles, y acabar pagando un multazo y en la cárcel por no justificar su procedencia. Según el artículo 2 de la ley orgánica 12/1995 de represión del contrabando, el umbral penal se sitúa en 150.000 euros. El valor de la mercancía es esencial para valorar la existencia de un delito. Chavales, tranquilos, que el aguinaldo de la abuela está exento.

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