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Cartas de los lectores

Ensimismados

Unos jóvenes usan unos móviles con funda, en una imagen de archivo.

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Rocío Barbasán Sanz

Nos falta tiempo.

Tiempo para ver todas las películas y series que marcan tendencia, para escuchar todos los podcasts, para recorrer las infinitas ventanas que se abren en nuestras pantallas. Tiempo para seguir cada vídeo, cada recomendación, cada nueva moda que aparece antes de que hayamos terminado de conocer la anterior.

Nos falta tiempo para escuchar todas las canciones, antiguas y nuevas; para leer todas las publicaciones, responder comentarios, revisar notificaciones. Para jugar a todos los juegos, seguir todas las rutinas, probar todas las dietas, perseguir todas las promesas de una vida mejor.

Nos falta tiempo para conocer todas las informaciones, teorías, investigaciones y conspiraciones que crecen sin descanso, como una espiral que nunca termina.

¿Cómo no vamos a caminar ensimismados, con los auriculares puestos y la mirada perdida en una pantalla, mientras la vida sucede a nuestro alrededor?

Nos falta vida.

Vida para visitar todos los lugares recomendados, asistir a todos los festivales, acudir a todos los conciertos. Para fotografiar cada instante, retocarlo, añadirle música, escribir una frase perfecta y esperar después las respuestas de quienes miran desde lejos.

Nos falta vida para viajar a todos los destinos soñados, para posar en cada paisaje, real o construido, abrazándonos, sonriendo, demostrando que estuvimos allí.

Nos falta realidad.

Porque mientras llenamos nuestra mente con contenidos infinitos creados por otros, dejamos cada vez menos espacio para nuestros propios pensamientos.

Ya no quedan suficientes silencios para escuchar lo que ocurre alrededor: una conversación ajena en el autobús, una risa inesperada, el llanto de un niño, el sonido de una calle cualquiera. Ya no encontramos momentos para hablar con desconocidos, para descubrir el mundo a través de otras voces, otras miradas, otras historias.

Vivimos rodeados de todo y, sin embargo, a veces estamos ausentes.

Quizá necesitamos recuperar el tiempo perdido en decidir, elegir y renunciar. Porque solo cuando dejamos algo atrás podemos hacer espacio para aquello que realmente importa.

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