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Carta de los lectores

Entre San Fermín y el fútbol

Mundial 2026: España - Portugal, en imágenes

Mundial 2026: España - Portugal, en imágenes / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE

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Carlos Andrés Romero López

Una masa variopinta y acalorada intenta escapar del absurdo existencial. Durante este verano los balcones de Pamplona evocan la prosa de Hemingway; cada encierro descubre la necesidad del exceso para anular esa monotonía cotidiana que impone la vida, aunque finalizada la fiesta sólo se escuche “pobre de mí”. Mientras tanto, desde el otro lado del Atlántico, la FIFA colectiviza migajas de victoria; pues también en cuerpo ajeno es posible sentirse campeón. Confieso que los eventos taurinos me repugnan. Tampoco soy aficionado al fútbol; reconozco, sí, que ambos cumplen su doble función: entretener y eclipsar cuestiones fundamentales.

Así, julio de 2026 resulta un mes inquietante porque ambas vías de escape coinciden con la temporada estival, justo cuando pensar puede requerir mayor esfuerzo que enfrentarse a doce animales o asumir como propio el triunfo de cualquiera de las selecciones que ahora disputan la copa mundo. Y si bien las altas temperaturas obstaculizan el pensamiento (aquí la manga corta resulta indiferente), los poderes hegemónicos alcanzan el éxtasis allí donde la idiosincrasia revela su desnudez.

En san Fermín, Alberto Núñez Feijóo pontifica sobre el “cáncer” del absentismo laboral, ausente él mismo del Congreso de los Diputados cerca del 60% de las votaciones. A su vez, Donald Trump exige retirar la tarjeta roja que había recibido un jugador de la selección estadounidense, demostrando que las decisiones en el deporte pueden ser (de hecho son) competencia suya. Entre uno y otro, el fascismo tiene aire de campeón. Violencia política, lúdica.

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