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Cartas de los lectores

La Ley de Partidos tiene una deuda con la democracia

Fachada del Congreso de los Diputados, a 13 de mayo de 2026, en Madrid (España).

Fachada del Congreso de los Diputados, a 13 de mayo de 2026, en Madrid (España). / Eduardo Parra - Europa Press

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José Joaquín Bleda Gonzálvez

Cada vez resulta más evidente que el problema no es que los jóvenes hayan dado la espalda a la política. Lo que muchos rechazan es un modelo de participación que apenas les permite influir en las decisiones.

El reciente informe de Ayuda en Acción refleja que la juventud quiere participar más en los asuntos públicos, mientras que la última encuesta del CIS sobre calidad democrática muestra que una amplia mayoría de la ciudadanía reclama nuevos mecanismos de participación.

Sin embargo, los partidos políticos siguen funcionando, en muchos casos, con una base de afiliación muy reducida y con escasos espacios de deliberación permanente. La democracia no puede limitarse a votar cada cuatro años ni la participación a ser escuchados ocasionalmente. La ciudadanía, especialmente los jóvenes, quiere formar parte de las soluciones.

Nuestra Constitución exige que los partidos tengan una organización y un funcionamiento democráticos. Quizá haya llegado el momento de revisar la Ley Orgánica de Partidos Políticos para reforzar ese mandato mediante mayores garantías de transparencia, participación, rendición de cuentas y apertura a la sociedad.

No se trata de debilitar a los partidos, sino de fortalecerlos. Una democracia de calidad necesita organizaciones abiertas, capaces de incorporar el talento, las ideas y el compromiso de quienes desean contribuir al interés general.

La regeneración democrática no empezará con mejores discursos, sino con partidos que practiquen internamente la democracia que proponen para el conjunto de la sociedad.

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