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Cambio climático, batalla perdida

Un estudio revela muerte masiva de pingüinos africanos por falta de alimento en Sudáfrica

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Sebastián Fernández Izquierdo

La primera conferencia mundial sobre el clima tuvo lugar en el año 1979 en Ginebra. Antes, en el año 1972, se había celebrado en Estocolmo la denominada cumbre de la Tierra. En ambos foros ya se sospechaba que algo estaba ocurriendo con el clima, y se impulsaron estudios e investigaciones al respecto. Medio siglo ha pasado desde entonces. Tras la cumbre de la Tierra de Río en el 92, las sospechas se confirmaron y la ONU impulsó las reuniones denominadas COP (Conferencia de las partes), sobre el clima, cuya primera edición tuvo lugar en Berlín en 1995 y que se vienen celebrando anualmente desde entonces de forma ininterrumpida. Las más significativas fueron Kioto 97 y París 2015, por la envergadura de los compromisos y protocolos acordados. Todas las cumbres, sobre todo las primeras estaban cargadas de estudios, de informes y de investigaciones cada vez más alarmantes. Y también estaban cargadas de propósitos, de recomendaciones, de tratados, de compromisos, y de buenas palabras. El objetivo común era reducir todo lo posible el aumento de la temperatura del planeta en las décadas venideras y el compromiso común era la lucha contra las causas de ese incremento, es decir, la quema de combustibles fósiles.

Hoy, 30 años después de aquella primera COP, todos los compromisos y propósitos han quedado en papel mojado y la decepción es manifiesta. No ha habido ni un solo año en el que no hayan aumentado los niveles de CO₂ de la atmósfera y la temperatura del planeta. Ni uno solo. Cada año el rango de ambos parámetros ha sido superior al anterior. Hoy ya es evidente que el cambio climático es imparable y que las temperaturas medias de la tierra se incrementarán sin remedio, con las consecuencias catastróficas que ello comporta. La batalla se ha perdido, hemos tirado la toalla y asumido la triste realidad. Es imparable. Ya nadie habla de la lucha contra las causas del cambio climático. Ya solo nos queda la opción de luchar contra sus consecuencias. Solo queda protegerse y tratar de sobrevivir.

Nadie creyó que por una vía de agua que un iceberg abrió en el casco del Titanic, este terminaría por zozobrar, eso era imposible. Pero ahí estamos, con el barco totalmente escorado, intentando conseguir un chaleco y subir a un bote salvavidas, que no hay espacio para todos. Mientras, la orquesta sigue tocando.

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