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Cartas de los lectores

Perder con elegancia distingue a los campeones

Leandro Paredes, empujando a Gavi.

Leandro Paredes, empujando a Gavi. / RONALD WITTEK / EFE

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Moisés Aparici Pastor

Expreso mi contento y decepción por los incidentes ocurridos al finalizar la final del Mundial. El fútbol despierta emociones intensas, pero nunca deben convertirse en agresiones, provocaciones o faltas de respeto hacia el contrario. Varios jugadores y miembros del cuerpo técnico argentino protagonizaron enfrentamientos con futbolistas españoles. Su comportamiento fue deplorable. Aunque el encuentro será recordado por la agresividad de los argentinos, sus acciones finales empañaron una final que debería ser recordada por el buen juego y el triunfo de la selección española.

Aceptar la derrota demuestra grandeza y deportividad. Igual que, ganar con humildad y respetar al rival es una cualidad que engrandece a cualquier equipo. Los futbolistas son ejemplo para millones de niños y jóvenes, y su comportamiento dentro y fuera del campo tiene gran repercusión. Es importante que un partido como este, sirva para y que en el futuro prevalezca el respeto, el juego limpio y los valores deportivos. El fútbol debe unir a las personas. No es un escenario de enfrentamientos y malas conductas. La actitud de la selección argentina durante todo el partido, y en la ceremonia de entrega de trofeos del Mundial, fue deplorable, pues varios de sus jugadores decidieron dar la espalda al momento en que España recibía el título de campeona del mundo, una desconsideración hacia los vencedores.

La derrota provoca tristeza, frustración y decepción. Pero el deporte de élite no solo se mide por la calidad del juego, también por la capacidad de aceptar el resultado. Reconocer al campeón forma parte de sus valores, donde también impera el buen juego, respeto, deportividad y compañerismo. Cualquier falta de respeto trasmite el mensaje equivocado y empaña el espectáculo del fútbol. España ganó por méritos sobre el campo. Argentina, no quiso demostrar su grandeza deportiva reconociendo su derrota. Saber perder con elegancia distingue a los campeones, y ellos no lo fueron.

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