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Federalismo o autonomismo

La propuesta de Ximo Puig de abogar por un cambio de la Constitución agita el debate territorial

La negativa de Carlos Mazón a aplaudir a Ximo Puig el 6 de diciembre abrió toda la polémica. manuel lorenzo/efe

«Federar», palabra de origen latino («foederäre»), que la RAE define como «unir por alianza, liga o pacto entre varios». Sin embargo, en estas últimas semanas, la unión, la alianza y el pacto han brillado por su ausencia cada vez que se ha mencionado la posibilidad de avanzar hacia un estado federal, que ayude a solucionar los actuales, y duraderos, problemas que ha generado el estado autonómico después de 40 años de estar vigente. Con la reforma de la Constitución de telón de fondo, aparcada por algunos y ansiada por otros, las palabras del presidente de la Generalitat, Ximo Puig en la última celebración de la Carta Magna, en el acto institucional que tuvo lugar en Alicante, no se perdieron por el patio de butacas del Teatro Principal, sede de la efeméride.

El mensaje encendió la hoguera del eterno debate territorial, enfangado en combatir a la vez los peligros del secesionismo, un fuego que avivó al instante el presidente de la Diputación de Alicante, Carlos Mazón, al reaccionar de forma directa contra el discurso del jefe del Consell. La imagen hierática de Mazón, con el rostro serio y sus brazos detrás de la espaldas en señal de protesta, con el resto de las autoridades aplaudiendo a Puig, marcó los dos extremos de una controversia que gana tensión por momentos. Postureo o no, la respuesta de Mazón elevó varios grados la temperatura. El presidente de la Generalitat, desde su condición de representante del Estado en la Comunidad y como uno de los barones con más peso hoy dentro del PSOE, no ha dejado de proyectar un discurso en defensa del federalismo, un acuerdo tomado en su día por el gobierno valenciano. Un impulso que pasa por encaminar lo que el propio Puig ha denominado «instrumentos federalizantes». Pasos previos a cualquier reforma constitucional que ayuden a desatascar la situación muy enrevesada.

La primera institución que llama a la puerta de la reforma es el Senado, donde más bien se tendría que hablar de normalización y no de cambio ya que la supuesta cámara de representación territorial se creó con ese objetivo, que hasta la fecha, no se ha cumplido. Ni siquiera los presidentes autonómicos debaten cada año sobre su situación. Al igual que gobiernos centrales de distinto color político se han saltado a la torera la celebración de la Conferencia de Presidentes, el órgano de máximo nivel político de cooperación entre el Estado y las autonomías, que se debe convocar con periodicidad anual y que desde su creación, en 2004, solo se ha reunido en seis ocasiones. Ante esta falta de operatividad, Puig pide un calendario para celebrar la Conferencia de Presidentes en el Senado cada seis meses al margen de que el gobierno de turno decida o no convocarla.

Un cajón estanco

El segundo «instrumento» para avanzar por el federalismo son las conferencias sectoriales entre los ministerios y los consejeros autonómicos. Otro cajón estanco, sin periodicidad definida que para el jefe del Consell no debe convocarse como respuesta a una cuestión de jerarquía del Gobierno de España. Con numerosos competencias compartidas entre ambas administraciones, estos encuentros deberían tener una dinámica propia, con reuniones regulares y periódicas también en el Senado, y donde el centro y la periferia, tengan el mismo derecho a voz y voto en asuntos que incumben directamente a la ciudadanía. Y es ahí donde el promotor número uno del federalismo cree que hay un margen muy amplio para disponer de «espacios de cooperación», necesarios para conseguir «una sociedad más cohesionada», ratifica el presidente Ximo Puig cuando se le pregunta.

Por contra, las «discrepancias» mostradas por Carlos Mazón, con las que tomó una posición de ventaja respecto a la defensa del autonomismo a la búsqueda de una posición de liderazgo en el PP, se basan en el respeto a una Constitución que «tiene el valor de haber conseguido los 40 años de mayor estabilidad de la historia de España». Para el presidente de la Diputación, un estado federal no es un «leve cambio» en la Carta Magna, supone «darle la vuelta como si fuera un calcetín».

El Bundesrat, la Cámara Alta del legislativo alemán

La cámara alta alemana, conocida como Bundesrat (Consejo Federal), es la materialización del federalismo en el poder legislativo del estado. El sistema de elección de senadores no es por sufragio popular, sino que son los propios gobiernos de los 16 «länder» quienes designan a sus propios representantes. Entre esos «lánder», tres son ciudades-estado (Berlín, Hamburgo y Bremen) y tres se declaran estados libres (Baviera, Sajonia y Turingia).

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