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Análisis

SOS de Puig al PSPV: todos tienen que tirar del carro

El líder socialista intenta en la desescalada activar por todos los medios una organización con poco pulso y sin fecha para un congreso en el que rearmarse

El líder del PSPV, Ximo Puig, flanqueado por Jose Muñoz y Manolo Mata, ayer en el Consejo Territorial.

El líder del PSPV, Ximo Puig, flanqueado por Jose Muñoz y Manolo Mata, ayer en el Consejo Territorial. a. i.

Antes del confinamiento, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya había decidido dejar el congreso federal del PSOE para 2021. Eso suponía, a su vez, retrasar sin fecha los cónclaves autonómicos y la renovación de las cúpulas provinciales. Todo en cadena. Al jefe del Consell, Ximo Puig, le venía mejor el primer calendario: certificar cuanto antes su reelección en el PSPV frente a los movimientos del sanchismo, previos al estado de alarma, para explorar la posibilidad de presentarle una alternativa a la secretaría general. El virus, como casi todo, ha modificado muchos escenarios. Ahora mismo nadie en su sano juicio se opondría en el PSPV al indiscutible liderazgo de Puig, acrecentado en esta emergencia. Pero eso no resuelve el problema original: la necesidad que tienen los socialistas valencianos de rearmar sus órganos de dirección, con evidentes síntomas de agotamiento desde hace tiempo.

A sabiendas de que la estructura de su partido arrastra esa debilidad, el jefe del Consell se ha arremangado para activar al PSPV. Hace unos días, como se recordará, reunió a la ejecutiva para poner en valor la gestión de la alerta desde la Generalitat y trasladar a los notables socialistas la importancia del momento. Hay tres años aún por delante de esta legislatura para dar respuesta a una crisis histórica. Pero pocas fichas se han movido en el PSPV. Ayer convocó al consejo territorial -órgano con los dirigente comarcales- para «poner las pilas» el espacio municipal. Volvió a exhibir la labor del Consell y también del Gobierno de España. Y les pidió que intenten cultivar la política de los grandes acuerdos en sus territorios como hace la Generalitat. Sabe que esa mirada, a día de hoy, tiene premio ciudadano. Quiere que el pactismo sea la marca general del PSPV. Veremos.

Toda esa maniobra, en la práctica y a la vez, encierra una llamada de socorro del líder socialista y un toque de atención. Puig no puede tirar en solitario desde el Palau de la Generalitat. Necesita que su organización sume. Ese es el mensaje. Una convocatoria del congreso del PSPV -ahora pendiente del federal- no sólo hubiera supuesto la confirmación de que el único sucesor de Ximo Puig se llama Ximo Puig. Su liderazgo en el Consell es indiscutible. Y en el partido, para bien y para mal, todo empieza y acaba en su figura. También le hubiera despejado el camino orgánico para hacer cambios en el Consell, algo que parece ineludible pero que no es sencillo. Y le facilitaría una mejor respuesta frente al PP, con sus congresos en marcha y que tiene ya a Carlos Mazón instalado en el mando de los populares alicantinos con un liderazgo que, sin duda alguna, tendrá recorrido valenciano desde la provincia más allá de lo que haga Isabel Bonig. Ciudadanos también ratificará en breve a Toni Cantó como «jefe» autonómico.

Frente a eso, los socios del Botànic se sumen en problemas internos. La asamblea de Podemos revela que la organización está partida en dos mitades. Y el Bloc, principal partido de Compromís, reactivará su congreso en septiembre para consagrar el poder de Vicent Marzà en medio de la permanente inestabilidad de la coalición y con el futuro papel de Mónica Oltra por resolver. Con ese panorama, Puig intenta dar aire a su partido para disponer de un elemento más de respuesta en esta crisis a la espera de jugar nuevas cartas en los congresos. Pero el escenario interno, a día de hoy, es complejo. La dirección del PSPV vive con respiración asistida del Palau y casi sin pulso. La ejecutiva provincial de Alicante no existe. La agrupación de la capital es el «agujero negro» de siempre con una oposición municipal nula. Grandes colectivos como Torrevieja siguen siendo un desastre. Y hasta surgen graves conflictos internos sin reacción desde València en una agrupación como Sant Joan d'Alacant que puede ser clave para el futuro de la Diputación y en la que el PSPV gobierna. Así que puede que Puig tenga que seguir tirando solo.

Un esqueleto y alguna cosa más...

Hace hoy justo una semana, en estas mismas páginas, se apuntaba que la crisis del coronavirus había supuesto un refuerzo del modelo autonómico que, sin embargo, se encontraba huérfano de dos cosas. Un andamiaje institucional de coordinación. Y una reforma urgente de la financiación que, en el caso de la Comunidad Valenciana, es inaplazable. Los fondos de emergencia que el Gobierno ha tenido que habilitar durante la epidemia y que permitirán a la Generalitat ingresar más de 1.450 millones son la evidencia de la necesidad de cambiar el sistema, caducado desde enero de 2014. Una cuestión que debe seguir siendo clave en el relato del Consell del Botànic. Es una obligación para una autonomía discriminada de forma sistemática en el reparto de los fondos del Estado. Sin esa financiación y sin dinero de Europa, no habrá reconstrucción. El miércoles, a preguntas del diputado de Compromís, Joan Baldoví, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sorprendía anunciando que en noviembre presentará un «esqueleto» con una primera propuesta. «Es la hora de la justicia», urgía el jefe del Consell, Ximo Puig, apenas 24 horas después apremiando a acelerar los plazos de ese nuevo modelo. Hay que reconocerle a Pedro Sánchez, sin duda, su voluntad de reabrir el debate en un momento tan complicado. Pero también hay que advertir de que, a estas alturas, ya no valen demasiados los esqueletos. Al esqueleto debemos sumarle músculos, órganos, cara, ojos y un cuerpo. O sea: nueva financiación ya. Mejor hoy que mañana.

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