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El Botànic saca pecho de cohesión en el ecuador del mandato y la derecha le acusa de sectarismo

El tripartito pone en valor el mestizaje pese a las discrepancias y confía en agotar la legislatura - La oposición cree que hay falta de rumbo y critica su gestión

Mónica Oltra, Ximo Puig y Rubén Martínez Dalmau rubrican el Botànic II, en junio de 2019.

Mónica Oltra, Ximo Puig y Rubén Martínez Dalmau rubrican el Botànic II, en junio de 2019.

El Botànic II llega a la mitad de legislatura en el marco de una grave crisis motivada por la pandemia de coronavirus y con la pretensión de agotar el mandato. Ayer, 28 de abril, se cumplieron dos años desde las elecciones anticipadas de 2019 que llevaron a reeditar la coalición, aunque con la entrada de Unides Podem en el Ejecutivo. Un Gobierno que, según remarcó ayer el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, se reafirma en lo que es un principio rector, «que es la defensa del interés general, la defensa de la cohesión social, económica y también todo lo que tiene que ver con la sostenibilidad y la alianza de las nuevas generaciones».

El síndico del PSPV, Manolo Mata, recordó que la legislatura arrancó con «inquietud» por la DANA y después «la pandemia lo ha contaminado todo», dos años «terribles», pero de los que se muestra orgulloso de la gestión de la crisis. El socialista puso en valor que los tres partidos «siempre» son capaces de resolver sus discrepancias, porque «ni piensan igual ni son lo mismo». En este sentido, defendió que «el Botànic nos ha enseñado que el mestizaje es bueno y que hay que empatizar». Ahora, prosiguió, «es el momento de avanzar en asuntos como la transición ecológica y la lucha contra el cambio climático, potenciar los servicios públicos o dignificar la política frente a las actitudes antidemocráticas».

Fran Ferri, de Compromís, destacó que el virus deja dos lecciones: que «la sanidad pública es sagrada y no se debe tocar ni repartir entre cuatro amiguetes del PP», al igual que la educación y la importancia de la renta valenciana de inclusión frente a un ingreso mínimo vital que «no acaba de arrancar», y que hay que solucionar los problemas que arrastran los valencianos, como la infrafinanciación. Ferri confía en que la legislatura acabe «con los años que le queden» y no haya otro adelanto electoral, aunque «todo depende de las circunstancias». «Nuestro deseo es agotarla, porque queda mucho por hacer, y es una responsabilidad del Botànic y del Consell que está por encima de todo, de las discrepancias y de cualquier desavenencia».

La síndica de Podem, Pilar Lima, ahondó en la visión del Botànic como un gobierno consolidado a pesar de los «errores» y se mostró muy satisfecha de la gestión de la pandemia aplicando restricciones «cuando tocaban».

Entre la oposición, Isabel Bonig (PPCV) criticó que en el Botànic hay «falta de gestión y falta de futuro». La popular alertó de la pérdida de atractivo del territorio para inversores al tratarse de una comunidad «cada vez más endeudada» y criticó que «continúa el sectarismo» con la Ley de Función Pública y el requisito lingüístico a los funcionarios. Destacó, además, que el mandato se ha caracterizado por la falta de gestión en el ámbito sanitario.

Mientras, la síndica de Cs, Ruth Merino, aseguró que «la pandemia ha conseguido que el Botànic no lleve a cabo su hoja de ruta, esas ansias nacionalistas que tienen algunos partidos y el PSPV se ve arrastrado por ellos». Eso sí, cree la gestión de la crisis deja «claroscuros», con falta de previsión, tardanza en las ayudas y exceso de burocracia e «impedimentos por las disputas entre Puig y Oltra». Finalmente, desde Vox, Ana Vega consideró que estos dos años solo se pueden resumir en que el Botànic «se aprovecha de la grave crisis sanitaria para acelerar su hoja de ruta pancatalanista aprobando leyes que no importan a nadie, como la de Función Pública o la próxima de expropiación de viviendas».

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