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Conferencia de Presidentes: la cumbre más revuelta y con la financiación fuera del orden día

Pocas veces una cita de este tipo ha levantado tanto revuelo como la del viernes, si bien corre el riesgo de ser dominada por los ausentes

La conferencia de junio de 2020.  | CHEMA MOYA / EFE

La conferencia de junio de 2020. | CHEMA MOYA / EFE

La polémica es un síntoma de vida. A pesar de sus detractores, la España de las autonomías pocas veces se ha demostrado más viva que en los últimos días, con la actualidad girando sobre la Conferencia de Presidentes autonómicos que se celebrará el próximo viernes en Salamanca.

Es la primera conclusión del revuelo generado por el encuentro que presidirá Pedro Sánchez. Es una continuidad de la realidad que quedó patente durante las etapas más crudas de la pandemia: sin las estructuras autonómicas bien engrasadas (sobre ellas descansan los principales servicios públicos, empezando por la sanidad), el Estado chirría.

El problema del debate generado por la conferencia es que una de sus argumentos más ruidosos tiene que ver con los que no estarán. O amenazan con ello. Cataluña ya ha anunciado que no irá, que lo suyo son las relaciones bilaterales. País Vasco se lo piensa, actitud que es clásica (en la presencial de hace un año en La Rioja acabó apareciendo). Y Madrid reta al Gobierno: no volverá a ir si no se convoca en tiempo y forma, y cumpliendo con la última coma de lo reglamentado.

Este es uno de los aspectos de la conferencia que preocupan al president valenciano, Ximo Puig, que las ausencias marquen el discurso de la cita, que el ruido partidista domine el ambiente por encima de la cooperación entre instituciones.

Aprovechar el tirón mediático de la conferencia para empezar a anclar las estructuras de un Estado federal es uno de los objetivos que, según dijo ayer, Puig planteará en Salamanca. Sobre esa España menos centralista y más equitativa disertó en Madrid hace una semana el jefe del Consell levantando alguna ampolla en la capital. Uno de los puntos que dejó expuestos fue dotar de un mejor marco institucional a la Conferencia de Presidentes. De esta (un invento moderno, de los tiempos de Rodríguez Zapatero), solo existe obligatoriedad de una convocatoria anual y un mínimo reglamento. Puig propone fijarla como semestral y ayer dijo que es importante que el viernes se trate la «institucionalización» de este encuentro autonómico con el Gobierno.

El punto importante de la cita son los fondos europeos para la recuperación. Eso, y lo que avance Sánchez sobre los planes de vacunación para las próximas semanas. Puig abogó ayer por una hoja de ruta clara para aprovechar al máximo los fondos europeos y ver de qué manera las comunidades autónomas pueden participar en la aceleración de las transformaciones. Con todo, Presidencia insiste en que el jefe del Consell volverá a poner sobre la mesa la financiación autonómica, aunque no está previsto que sea uno de los asuntos nucleares. Al final, podría serlo, porque no es solo Puig. Este es también asunto estrella los últimos días no solo en las peor financiadas (la Comunidad, Murcia y Andalucía), que han iniciado maniobras de aproximación, sino también en las mejor tratadas. Los líderes de Cantabria, Castilla y León, Asturias y Galicia se han volcado en este tema, desempolvando incluso una alianza vetusta. Es un movimiento defensivo, para conservar los criterios actuales, que favorecen el envejecimiento o la dispersión sobre el de población ajustada, que es el que empieza a ganar fuerza en el Ministerio de Hacienda.

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