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Vivienda solo ejecutó el 39% de su presupuesto en 2020 y se sitúa por debajo del resto de áreas

La cuenta general sitúa a Economía e Innovación entre los departamentos con mayor porcentaje de gasto reconocido

El pleno del Consell en el que se aprobó la cuenta general. | ANA ESCOBAR / EFE

El pleno del Consell en el que se aprobó la cuenta general. | ANA ESCOBAR / EFE

La Vicepresidencia segunda y Conselleria de Vivienda no supo cogerle el punto a la gestión en 2020. El primer ejercicio presupuestario completo del departamento que dirige el podemita Rubén Martínez Dalmau evidencia una ejecución de las cuentas muy por debajo de la del resto de consellerias. La letra pequeña de la cuenta general de la Generalitat de 2020 ratifica que las obligaciones reconocidas netas se quedaron en el 39,7%. Tras modificaciones presupuestarias al alza por valor de 122 millones de euros, Dalmau contaba ese año con 310 millones de euros. Al final, ejecutó 123 millones. Vivienda es, según el estado de la liquidación del presupuesto de gastos publicado ayer en el Diario Oficial de la Generalitat, la conselleria con un porcentaje más bajo de ejecución, seguido del departamento de Política Territorial, con un 73%. En su momento, el departamento que dirige Arcadi España indicó que su ejecución quedó condicionada por la reserva de fondos por la sentencia que ordenaba la demolición de las torres de Benidorm.

Le sigue Agricultura con un 82% de obligaciones reconocidas netas. En la parte contraria, y como departamentos más diligentes, se encuentra Economía Sostenible, con un 98,8%, e Innovación, con un 97,2%. De las consellerias sociales, Sanidad es la mejor posicionada. Ejecutó el 96% de fondos. Le sigue Educación e Igualdad, con un 92%.

La información detallada publicada por la Conselleria de Hacienda ahonda en los datos que ya facilitó el departamento que dirige Vicent Soler respecto a unas cuentas marcadas por la pandemia y que se salvaron de la quiebra gracias a las ayudas del Gobierno central. El resultado económico-patrimonial arrojó un resultado negativo de 1.526 millones de euros, unos números rojos que, con todo, se redujeron un 31,4% respecto al año anterior. La pandemia volvió del revés un presupuesto que arrancó con 23.021 millones de euros y que aumentó hasta los 27.356 millones.

Con todo, no todo el dinero se gastó ni se pagó. Al cierre del ejercicio, se registraron 2.241 millones en obligaciones pendientes de pago, mientras que los remanentes de pago (partidas que no se gastan y se trasladan al ejercicio siguiente) alcanzaron los 1.317 millones. Vivienda dejó pendiente 186 millones; Igualdad, 137; Sanidad, 331 millones; y Educación, 316.

Por otro lado, la ejecución por capítulos en el año del covid muestra que las inversiones (tanto las reales como las transferencias de capital) se acercaron al 70% de ejecución. Es decir, quedó pendiente y sin comprometer un 30 de los fondos disponibles y que, tras las modificaciones, quedaron en más de 1.500 millones si se suman ambos capítulos. Las transferencias corrientes, es decir, la gestión de las subvenciones, salen mejor paradas. Así, el Consell fue capaz de ejecutar el 96% de las mismas tras una inyección de 778 millones.

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