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Puig da por superado lo peor de la pandemia y reclama unidad para reinventar la Comunidad en la etapa poscovid

El jefe del Consell propone un «Grean Deal» valenciano por la sostenibilidad, potenciar el Estado del bienestar para favorecer el escudo social, reactivar los sectores productivos y una estrategia por la innovación y digitalización

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, hoy, en el debate de política general.

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, pulsó este lunes el botón del optimismo político. Subió a la tribuna de las Cortes para defender que el territorio autonómico puede salir fortalecido de la crisis sanitaria, económica y social que, por fin, empieza a dar tregua. «Es la hora de mirar hacia adelante», el momento de acometer una profunda transformación para «reinventar» la Comunidad, señaló triunfal. El jefe del Consell acudió a la sesión más importante del año, la del debate sobre el estado de la región, dispuesto a presentar el futuro más inmediato como una oportunidad histórica sobre la que cimentar las bases de una autonomía más fuerte y sostenible, más competitiva, digital, inclusiva y próspera, aunque con muchos anuncios de otros años no cumplidos. Los 21.200 millones de euros que, aseguró, ya están asignados para ejecutar proyectos -buena parte de fondos europeos- serán fundamentales para activar la palanca de cambio que impulse la recuperación valenciana. Lo que se precisa ahora, remarcó, es unidad y lealtad entre los grupos parlamentarios para encarar la nueva etapa, esa con la que Puig da por superada lo peor de la pandemia.

«La prioridad ha sido proteger la salud de los valencianos. Era la mejor vía para proteger el trabajo y la economía»

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El líder autonómico abrió ayer el curso político con una intervención en la que desgranó los ejes sobre los que pivotará la estrategia del Ejecutivo del Botànic para convertir la Comunidad en un territorio más moderno, verde y resiliente. Lo hizo en tono sosegado, tranquilo, poniendo su empeño en transmitir esperanza hasta que, horas después, subió de decibelios cuando entró en el cuerpo a cuerpo con los síndicos de la oposición. 

En líneas generales, son cuatro grandes ejes de actuación los que busca promover: el despliegue de un «Green Deal» valenciano para caminar hacia la sostenibilidad, el desarrollo de un nuevo Estado del bienestar para fortalecer el escudo social, la reactivación de los sectores productivos y el despliegue de una estrategia de innovación y digitalización, explicó entre aplausos de los suyos. A fin de cuentas, sentar las bases de lo que no será, precisamente, una vuelta a la antigua normalidad, sino un revulsivo para la transformación que, consideró, necesita la Comunidad para encarar los retos del siglo XXI. Una hoja de ruta que bebe del espíritu «keynessiano», ese que defiende la necesidad de aumentar la inversión pública en época de dificultades para engrasar el motor económico y, en este caso, sostener el escudo de protección social. No obstante, a nadie se le escapa que el clima de polarización que se vive en la escena política valenciana, con niveles de confrontación inversamente proporcionales a la capacidad de diálogo de los principales líderes, no garantiza, ni mucho menos, que la instauración de esa serie de cambios que propone el tripartito se ejecuten sin quedar empañados por el enfrentamiento partidista.  

«El partidismo no puede ofuscar la acción de la política, por encima está el bienestar de la ciudadanía»

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Si hace exactamente un año el líder autonómico hacía un llamamiento a la unidad para encarar la pandemia, esta vez apeló a la unión de los grupos parlamentarios al considerar que «el partidismo no puede ofuscar la acción de la política». Enfatizó que el bienestar de cinco millones de valencianos y valencianas está por encima de todo. Y unidad es, precisamente, lo que, tal y como valoró, ha demostrado la sociedad, cediendo a favor del bien común durante tiempos duros. Por ello, apeló a la «máxima lealtad» de los representantes públicos para una etapa centrada principalmente en la recuperación económica, social y emocional. Se dirigió así, principalmente, a los portavoces de los tres grupos de la bancada de la derecha, dos de los cuales, PP y Cs, han cambiado de líder parlamentario en el último año. 

María José Catalá se estrenó en un debate de política general como síndica del principal grupo de la oposición, tras la salida de Isabel Bonig y el ascenso de Carlos Mazón, que no tiene escaño en València; al igual que Ruth Merino, que ocupa el cargo de quien acabó fichando por los populares, Toni Cantó. Son cambios que se suman a los de Pilar Lima, como portavoz de Unides Podem, y a la entrada de Héctor Illueca como nuevo vicepresidente tras la crisis en el grupo de los morados. 

«Es urgente una financiación justa, un sector público descentralizado y un juego limpio fiscal en España»

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A grandes rasgos, el guion se cumplió en el discurso de Puig, con casi una hora y media sobre el estrado. Sacó pecho de la gestión realizada desde la Generalitat para afrontar el que ha considerado el curso político más difícil de los últimos 80 años, una situación extrema en la que la acción de gobierno se ha coordinado en torno a la prioridad de salvar vidas. A tenor del análisis realizado, carente de cualquier dosis de autocrítica, se interpreta que el presidente se aprueba a sí mismo, y con nota, su diligencia al frente del Gobierno valenciano. El jefe del Consell defendió las medidas restrictivas aprobadas en un territorio en el que «una vida valía más que una cerveza», en clara referencia a la política aperturista de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con quien ha protagonizado agrios enfrentamientos. 

Madrid en particular, y la configuración del Estado en general, también tuvieron esta vez cabida en su alocución desde la trona. En clave política, el jefe del Consell volvió a hacer un llamamiento a «revertir la dinámica polarizadora del poder, de la representación y de la actividad económica en España, un Estado en el que opinó que es urgente propiciar una financiación justa, superar estructuras radiales y con juego fiscal limpio, en clara referencia al territorio madrileño y a su denuncia continuada de «dumping fiscal». «No puede ser que el perímetro de la M-30, que solo tiene 32 kilómetros, oculte a una España de 7.256 kilómetros de perímetro costero», dijo Puig, poniendo el foco en la centralidad. 

«El mantenimiento del trasvase Tajo-Segura es irrenunciable. El Consell ha acudido 39 veces a los tribunales para defenderlo»

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«La Comunidad quiere promover otra manera de entender este país desde una España polifónica, una España más integradora, más cohesionada, más justa. Una España que evite las asimetrías que generan divergencia, y la divergencia que engendra injusticias», subrayó.

La infrafinanciación que viene sufriendo la Comunidad también tuvo su capítulo propio. Puig volvió a urgir al Gobierno a cambiar el modelo actual para lograr «una solución estructural a la infrafinanciación». «Toca ahora, no podemos esperar», enfatizó. Con todo, hizo una vez más equilibrios para no sacar del todo los colores al Gobierno de Pedro Sánchez. Resaltó que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, reconoció la semana pasada en el Congreso la deuda histórica valenciana y que la Comunidad ha recibido más recursos del Estado que «nunca antes en la historia del autogobierno»: en 2020, 13.300 millones, un 24% más que en 2019, y en 2021, 13.800. 

«La Generalitat desarrollará el mejor mecanismo de cohesión: un nuevo Estado del bienestar valenciano»

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Como infraestructura fundamental citó el Corredor Mediterráneo. Solicitó celeridad al Ejecutivo central aunque reconociendo los avances desde 2018 y en materias de línea ferroviaria de Cercanías avanzó que pedirá la autogestión para la Comunidad. El trasvase Tajo-Segura, fundamental para Alicante, sigue siendo «irrenunciable» para el presidente, quien este lunes rechazó las «guerras del agua» que «no han traído ni una gota de más a nuestra tierra». Insistió en que el objetivo es que los regantes tengan «agua para siempre» en lugar de «agua para todos». Por ello incidió en mostrarse «abierto a la negociación» con una política de «mano tendida pero firme» y recordó las 39 ocasiones en que el Consell ha llevado a los tribunales la política de trasvases del Gobierno cuando «ha considerado que alguna decisión en torno al trasvase perjudicaba a los regantes».

«El fanatismo es un peligro para la convivencia»

«Hay un factor crucial para el progreso que me preocupa: combatir el veneno que amenaza la convivencia, el fanatismo». Con esta reflexión, Puig hizo este lunes un llamamiento a plantar cara a los fanatismos al considerar que alimentan la violencia machista, el acoso escolar o la homofobia, siendo el principal corrosivo para la convivencia, la libertad y la democracia. «Un manantial de odio que filtra en el día a día», dijo. A juicio del presidente, la sociedad valenciana no representa «el odio, los gritos, los insultos y las amenazas que se vierten, muchas veces a través de redes sociales», ya que la sociedad valenciana es «respetuosa, tolerante y solidaria», dijo Puig en una parte del discurso en el que implícitamente denunciaba el auge de la ultraderecha. 

Entre citas

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, incluyó este lunes hasta 25 referencias literarias o culturales en su discurso de apertura del debate sobre el estado de la Comunidad, un parlamento que ha constado de cerca de 12.200 palabras y que pronunció durante un tiempo de 90 minutos sobre la tribuna de las Cortes valencianas. El jefe del Consell incluyó alusiones a poetas, novelistas, pintores, cantantes, economistas o políticos. Desde Miguel Hernández: «Por doler me duele hasta el aliento»; hasta Vicent Andrés Estellés: «Después de ciertas cosas, se ha de volver a casa». También esta vez han tenido cabida Ernest Lluch; Antón Costas; Jeremy Rifkin; Blasco Ibáñez o Keynes, a quien hizo diversas alusiones durante su alocución, con frasese como: «No basta con que el estado de cosas que queremos promover sea mejor que el anterior. Ha de mejorar lo suficiente como para que compense los males de la transición». También hubo referencias a un nombre propio: el de Batiste Martí, quien hace justo nueve meses se convirtió en el primer valenciano vacunado contra la covid-19.

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