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El PSOE ante el "día después" de Pedro Sánchez: históricos de Alicante dan su receta

Cuatro veteranos dirigentes socialistas de la provincia analizan por qué el manifiesto de Jordi Sevilla no ha cuajado y dibujan, con cautela, las claves de una transición futura tras Pedro Sánchez

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, interviene en un congreso socialista

El manifiesto de Jordi Sevilla: el exministro pide un "debate crítico" y el PSOE responde / Europa Press

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Borja Campoy

Borja Campoy

El manifiesto impulsado esta semana por Jordi Sevilla ha tenido eco y debate, pero no ha abierto, al menos de momento, un cauce alternativo reconocible en el PSOE. Con esa impresión de partida, cuatro veteranos dirigentes socialistas de la provincia de Alicante, referentes de distintas etapas y sensibilidades, ponen el foco en dos planos: por qué el documento no ha cuajado más allá del titular y qué condiciones debería reunir, cuando toque, una transición ordenada tras Pedro Sánchez que no se interprete como una enmienda personal, sino como un relevo natural en un partido de Gobierno.

Juana Serna, expresidenta del PSPV, lo interpreta sobre todo como un problema de momento. A su juicio, el manifiesto no ha cuajado porque es "inoportuno" y no responde a una necesidad que hoy sienta la militancia. Serna sostiene que en el PSOE siempre ha habido corrientes y voces críticas —"como las había con Felipe González o Zapatero"—, pero insiste en que Sánchez ocupa "legítimamente" la Secretaría General porque lo ha decidido la militancia y no ve un clima interno que empuje ahora hacia ese debate. En esa lectura, el documento de Sevilla no conecta con lo que se está pidiendo dentro del partido y por eso, más allá del ruido inicial, no se ha traducido en movimiento orgánico.

Si nos encerramos en discusiones seremos un partido de tertulia

Ángel Franco

— Exsenador

La segunda crítica va menos al diagnóstico y más a las formas. Emilio Soler, exdiputado autonómico, rechaza el planteamiento del manifiesto porque, en su opinión, ese tipo de debates se dirimen "dentro del partido", en los órganos y en los congresos, donde se confrontan ideas y se toman decisiones con reglas. Le parece "inadecuado y fuera de lugar" que una discusión de calado se intente abrir desde fuera de esos cauces y con un texto que, además, personaliza el foco. En su lectura, el problema no es que existan debates, sino cómo y dónde se abren.

El manifiesto es un todo o nada y así cuesta que la militancia lo haga suyo

Diego Maciá

— Exalcalde de Elche

Más allá del reproche, también hay quien concede que el texto pone el dedo en un malestar real, aunque no acierte con el formato. Desde esa mirada, el manifiesto funciona como recordatorio de un clima de crispación que ha desgastado la confianza en la política, pero se queda corto como herramienta interna. El exalcalde de Elche Diego Maciá apunta que algunas propuestas merecen debate y que el partido vive de la discusión, pero advierte de la trampa del "todo o nada". Se puede compartir una parte y rechazar otra y es difícil que un documento así "haga partido". A su juicio, el debate existe, la cuestión es canalizarlo dentro y convertirlo en soluciones.

Siempre hay corrientes críticas pero ahora no hay demanda interna de relevo

Juana Serna

— Expresidenta del PSPV

En esa misma línea crítica, pero con un acento más práctico, el exsenador Ángel Franco cuestiona la utilidad del manifiesto para la sociedad de hoy. A su juicio, "no resuelve los problemas actuales" y plantea propuestas "irreales" para una España del siglo XXI, lo que explicaría que no haya generado seguidores ni impulso orgánico. Franco contrapone esa falta de encaje con la idea de que los liderazgos que han marcado época en el PSOE han sido los que supieron adaptarse y dar respuestas concretas a cada momento. Si el texto no conecta con esa demanda de eficacia, queda reducido a gesto.

Los debates se resuelven dentro del PSOE, en sus órganos y sus congresos

Emilio Soler

— Exdiputado autonómico

Con matices y tonos distintos, los cuatro coinciden en una idea de fondo: un manifiesto, por sí solo, no ordena el debate interno ni construye una alternativa. Puede señalar malestares, abrir conversación o incluso agitar conciencias, pero si no conecta con una demanda real y no se encauza por los órganos, se queda en gesto. Y esa conclusión enlaza directamente con la segunda parte del diagnóstico. Más allá de Sevilla, los históricos apuntan que el PSOE tendrá que pensar, cuando llegue el momento, cómo gestiona sus etapas y relevos sin convertirlos en una pelea personal y sin perder de vista lo esencial, que es para qué sirve el partido.

Orden

En esa segunda fase, la palabra que más se repite es "orden". Para Juana Serna, cuando llegue el relevo tras Pedro Sánchez el camino natural son unas primarias, que el partido convoque el proceso y que la militancia decida, sin convertirlo en una guerra de familias. Diego Maciá abunda en la misma idea de cauces: comités, congresos y órganos donde se confrontan propuestas, se busca consenso y se vota lo mayoritario, de manera que el debate sea político e ideológico y no una pelea interna. Y Emilio Soler lo resume con una advertencia sencilla: "Las transiciones son delicadas y exigen tiempos, reglas y disciplina orgánica".

La advertencia final mira menos a los nombres y más al riesgo de encerrarse. Ángel Franco avisa de que cualquier partido que se instale en la discusión interna y se aleje de los problemas reales acaba "orillado" y sin seguidores: "Si no, seremos un partido de salón". En su lectura, la cohesión no se construye en una dinámica de cenáculos, sino en la respuesta útil a las preocupaciones de la gente. Por eso reclama debates "civilizados" y, sobre todo, que la discusión no se convierta en un fin en sí mismo. El PSOE podrá abrir reflexiones y ordenar etapas, pero si pierde la calle y la utilidad, pierde también la razón del debate.

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