Análisis
¿Cuántos milagros más necesita Morant?
Al PSPV, que daba por hecho un gélido invierno tras perder el Palau en 2023, se le han abierto oportunidades inesperadas en su provincia electoralmente más hostil, con escándalos como las viviendas protegidas de Les Naus o la detención del presidente de la Cámara por la presunta gestión irregular de los bonos comercio de la Diputación de Alicante, que se suman a la polémica gestión del PP de la dana

Jose Navarro
Nadie podía pensar allá por febrero de 2024, apenas medio año después de que Carlos Mazón accediera al Palau de la Generalitat, que la ministra Diana Morant, entonces recién elegida secretaria general del PSPV por la gracia de Pedro Sánchez, podría tener alguna opción, ya fuera remota, de plantar batalla al PP en las elecciones de mayo de 2027. El ánimo en aquel congreso extraordinario, convocado tras la dimisión de Ximo Puig como líder del PSPV, era el que tocaba después de una dura, e inesperada para muchos, derrota electoral tras ocho años de Botànic.
Hoy, todo está abierto. Hay partido. Las encuestas coinciden en que, a poco más de un año de la próxima cita electoral, existe un empate técnico entre bloques (PP-Vox, por un lado, y PSPV-Compromís, por otro). Un escenario que habría firmado cualquier socialista en febrero de 2024, en aquel congreso de renovación con aires de entierro prematuro. Un escenario, por contra, imposible de creer para cualquier popular hace menos de año y medio, el 28 de octubre de 2024, sin ir más lejos, cuando se daba por hecha una mayoría absoluta del PP de Mazón en 2027.
Un día después, sin embargo, todo cambió en la Comunidad con la trágica dana del 29-O, que se llevó por delante la vida de 230 personas y, un año después, al jefe del Consell, obligado a dimitir por su más que controvertida gestión, y no solo la de aquel día.
Pero desde aquel congreso del PSPV de hace apenas dos años, no solo ha pasado la peor catástrofe natural de la historia reciente de la Comunidad Valenciana, una de esas tragedias de las que cuesta recuperarse, de las que dejan cicatrices mucho más allá de las visibles.
Unos meses después de la riada, los socialistas volvieron a reunirse para celebrar un nuevo congreso, el de reelección de Morant. Una cita marcada de principio a fin por la riada. Hoy, apenas un año después de aquella cita congresual, la dana ya no monopoliza los titulares, ya no condiciona todas las políticas del Consell ni tampoco es el único foco sobre el que giran las críticas de la oposición. Y menos en Alicante, una provincia clave para poder asaltar el Palau en 2027.
Al PSPV, ese que daba por hecho que pasaría un gélido invierno (de una década para los más optimistas), se le han abierto oportunidades inesperadas en Alicante, en su provincia más hostil, ninguna (todo sea dicho) fruto de su labor de oposición. Y todas recientes.
En Benidorm, donde gobierna el líder de los populares alicantinos, Toni Pérez, el Ayuntamiento anda buscando fórmulas para hacer frente a un pago millonario a la familia Puchades por una cuestión urbanística que condicionará las políticas municipales de los próximos lustros. En Orihuela, de tanto retrasar el juicio al alcalde Pepe Vegara por presunto fraude fiscal, al final la foto en el banquillo acabará coincidiendo con periodo electoral.
Aunque la principal brecha a los populares se les ha abierto de manera súbita en Alicante, con fuertes ramificaciones a nivel autonómico. En un plácido mandato para Luis Barcala, pese a una gestión discutida por la falta de ambición en forma de proyectos transformadores y las críticas a cuestiones básicas como la limpieza y el mantenimiento, todo cambió el pasado 29 de enero. Ese día, INFORMACIÓN destapaba las polémicas adjudicaciones de viviendas protegidas en el residencial Les Naus.
Lo que ha venido después es por todos conocido: un asunto que ha impactado con fuerza en la política nacional, al girar en torno a un drama social como es el acceso a la vivienda, y que ha vuelto a tambalear la estructura más precaria de un PP que, en la Comunidad, intentaba reconstruirse a duras penas tras la salida forzada de Mazón y la llegada de Pérez Llorca al Palau.
Otra más
Pero si eso no era suficiente, este viernes, la atención mediática volvía a virar con fuerza hacia Alicante. En este caso, por un asunto que recuerda a tiempos no tan lejanos en la política local: la detención, y posterior puesta en libertad con cargos, del presidente de la Cámara de Comercio, Carlos Baño, un "hermano" para Mazón.
Todos estos frentes que se le han abierto al PP parecen no ser suficientes para que el PSPV se active de una vez por todas, sobre todo en la provincia de Alicante. Oportunidades repentinas que deberían tener al partido trabajando a un ritmo endiablado, como si no hubiera un mañana, para intentar rentabilizar al máximo un viento que, sin saber cómo, sopla de cola.
Sin embargo, la realidad es bien distinta. Por no tener, los socialistas no tienen ni proyecto de alcaldable en Alicante en el peor momento desde que accedió a la Alcaldía un Barcala a ratos noqueado a ratos conspiranoico. Como mucho, dos aspirantes, de perfiles antagónicos, rivalizando en redes sociales.
En este contexto, impensable aquel ya lejano febrero de 2024, ¿a qué esperan en el PSPV para tomarse en serio la provincia de Alicante? ¿Cuántos milagros más necesita Diana Morant, y ese entorno que tan poco le aporta, para demostrar que quiere ser presidenta en un escenario que ni el mejor de los analistas podría haberle trazado para sus intereses? Qui sap?
València en Fallas: ejemplo de poco, espejo de mucho
Dice uno de esos refranes tan nuestro que "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar". Lo que está sucediendo en estas Fallas de València, y eso que todavía no han llegado los días grandes, debería servir para tomar buena nota en Alicante de cara a las Hogueras. Pese a la diferencia de dimensión entre ambas fiestas, los problemas no son ajenos. Todo lo contrario.
Calles cortadas durante días y días, ruido desorbitado cuando los remates de los monumentos ni se han levantado, graves problemas de movilidad y de limpieza en una ciudad que aún espera la llegada de miles de visitantes, falta de convivencia entre festeros y esos vecinos que viven al margen de la celebración... Estas cuestiones están copando los titulares en València durante los últimos días, pero también lo harán en Alicante en unos meses, como lo ha sucedido en los últimos años.
Es evidente que toda fiesta genera molestias, y más cuando se viven en las calles. Pero no es menos cierto que las administraciones deben trabajar en reducir ese impacto para que en esos días extraordinarios también se pueda vivir y trabajar en la ciudad: que haya silencio cuando toca, que las calles no sean estercoleros, que la seguridad se pueda garantizar en todo momento.
Sin embargo, y en eso València se ha convertido en un ejemplo de la política más indeseable, los gobernantes nunca pueden convertir a los ciudadanos en rehenes de sus intereses partidistas. Que el sainete de los Cercanías no tenga réplicas en Alicante. Que esa gestión no sea el ejemplo a seguir.
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