Del éxito en Castilla y León a las curiosas propuestas de los frustrados intentos de partidos provinciales en Alicante
En las elecciones castellanoleonesas, tres candidaturas de ámbito provincial han mantenido la representación a través de una fórmula explorada en el sur de la Comunidad, especialmente en los años noventa, y que nunca funcionó

Un hombre deposita un voto en una jornada electoral. / EUROPA PRESS
Más allá de la mayoría previsible cosechada por el PP y por Vox, tal como pronosticaban las encuestas, las elecciones de Castilla y León han vuelto a evidenciar que la fórmula del regionalismo funciona en esta comunidad. No como para decidir las mayorías, pero sí para consolidar su representación en las Cortes.
En concreto, la Unión del Pueblo Leonés, Por Ávila y Soria Ya, aunque con orígenes y planteamientos diferentes, ceñidos a sus respectivas realidades territoriales, mantienen una cuota electoral poco habitual en otras comunidades, donde los partidos regionalistas de ámbito provincial no suelen contar con aceptación entre los votantes.
Entre las propuestas defendidas, la supresión de la obligatoriedad del valenciano en las aulas y el cambio de nombre de la Comunidad Valenciana por “Levantina”
En la provincia de Alicante ha habido, también, intentos de este tipo. Su origen principal se halla en las tesis políticas del historiador Vicente Ramos Pérez (1919-2011), uno de los ideólogos del “surestismo” con el que algunos dirigentes políticos pensaron en la separación de Alicante de su contexto territorial tradicional y acercar la provincia meridional a las de Murcia, Albacete y Almería. La propuesta no tuvo éxito político, pero inspiró a algunos militantes para hacer del antivalencianismo un reclamo electoral que fracasó.
Los primeros pasos
La Unión Regional Valenciana, creada en 1977, se centró en el secesionismo lingüístico (negando que valenciano y catalán fueran la misma lengua) e insistió en señalar a los partidos mayoritarios de llevar a cabo políticas "catalanistas". Fue la primera formación que, aunque sin declararse partidaria del secesionismo provincial, quiso representar una alternativa al autonomismo hegemónico que asumieron los principales partidos. El delegado provincial de aquella formación, Miguel Navarro Sala, sería el protagonista de las candidaturas electorales posteriores con una inclinación más explícita al regionalismo alicantino.

Miguel Navarro Sala en 1999. / Isabel Ramón
En este sentido, cabe destacar la reunión programada en noviembre de 1985 en Orihuela entre los miembros del autoidentificado como “grupo de opinión Alicantón” y organizaciones cantonales de Cartagena, ciudad en la que el cantonalismo ha tenido una fuerza electoral constante. Navarro Sala amenazaba a Alianza Popular, precedente del actual PP, de crear una candidatura alternativa si el partido de centroderecha pactaba con Unión Valenciana y la Unitat del Poble Valencià, precedente del actual Compromís, a los que definía como “nacionalistas”.
Miembros de Alicantón concurrieron en la lista liderada por el empresario José María Ruiz Mateos al Parlamento Europeo, aunque se arrepintieron de la experiencia
Poco más tarde, después de las autonómicas de 1987, Navarro Sala lideró la creación de una “Federación Alicantina de Partidos” con el objetivo de promover una candidatura regionalista que contaba con el visto bueno, entre otros, de Adrián Dupuy, quien fuera presidente del Club de Regatas. Lo hicieron con el padrinazgo póstumo de Lorenzo Carbonell, alcalde republicano a quienes los regionalistas adoptaron como símbolo histórico. No hay que olvidar que Carbonell se opuso al Estatuto valenciano en los años treinta.
Intentos electorales
En las elecciones generales de 1989, ganadas por Felipe González, el regionalismo alicantino se pone por primera vez a prueba logrando algo más de mil votos en toda la provincia, más del 60 % en la ciudad de Alicante tras una coalición con formaciones efímeras como la Unión Socialista del País Alicantino. Aquel mismo año, miembros de Alicantón concurrieron en la lista liderada por el empresario José María Ruiz Mateos al Parlamento Europeo, aunque se arrepintieron de la experiencia. “Nos ha dejado a deber 800.000 pesetas”, dijo Miguel Navarro sobre Ruiz Mateos. En las elecciones autonómicas de 1991, la candidatura obtuvo algo más de 4.119 votos, casi la mitad en Alicante ciudad.

Imagen de archivo del historiador Vicente Ramos Pérez. / INFORMACIÓN
En 1991 y en 1993 hubo una triple candidatura en clave alicantina de cara a las elecciones locales y generales: Los Verdes del País Alicantino, el Partido Cantonalista y la Unión Democrática Alicantina, constituida por exmilitantes del PSOE. Entre los tres sumaron algo más de 3.000 votos en las municipales y poco más de 1.000 votos en las generales, con un embate técnico entre ellos. Las reivindicaciones no eran solo identitarias, como la supresión de la obligatoriedad del valenciano en las aulas o el cambio de nombre de la Comunidad Valenciana por “Levantina”, sino que también apostaron por medidas estructurales como los trasvases o las inversiones, aludiendo a la importancia de la provincia en el conjunto de la Comunidad y de España. Incluso en las elecciones municipales se llegó a proponer la creación de un barrio en Alicante dedicado exclusivamente a acoger la prostitución, al estilo de Amsterdam.
En las elecciones municipales se llegó a proponer la creación de un barrio en Alicante dedicado exclusivamente a acoger la prostitución, al estilo de Amsterdam.
Hubo otras formaciones, igualmente efímeras, como la Unidad Republicana Socialista o la Unión Alicantina que formaron parte de este espacio, aunque con resultado idéntico. El más "exitoso" fue Alicante Unida, después de Alicantón, que en las autonómicas de 1995 rozó los 3.000 votos bajo la dirección, curiosamente, del empresario hotelero Miguel Barceló, suegro del ganador de aquellos comicios con el PP, Eduardo Zaplana. Aquel mismo año, Alicante Unida registró casi 1.200 votos en las elecciones municipales, En los comicios posteriores las candidaturas regionalistas, casi siempre presentes, no lograron superar los registros anteriores mencionados, ya de por sí solos insuficientes.
El más "exitoso" fue Alicante Unida, después de Alicantón, que en las autonómicas de 1995 rozó los 3.000 votos bajo la dirección del empresario hotelero Miguel Barceló
Si alguien sobrevivió a aquella corriente fue Antonio García Agredas, concejal en Villena durante más de treinta años con diferentes partidos, entre ellos la Unión Provincial Alicantina. Miguel Sala Navarro, por su parte, fue acusado de narcotráfico en 1999, aunque finalmente sería absuelto. En las últimas elecciones autonómicas, de mayo de 2023, el Partido Alicantino Regionalista logró 641 votos. La formación, que en sus redes sociales acostumbra a propagar mensajes de referentes de la ultraderecha a nivel mundial, propone hacer de la provincia de Alicante “la Tabarnia de Levante”.
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