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Entrevista

Carmen Calvo: "La democracia no permite clasificar a las personas por raza, origen, religión y sexo"

La presidenta del Consejo de Estado advierte del avance del “neofascismo”, defiende el papel jurídico de la institución frente al ruido político y reivindica el feminismo como “la democracia del siglo XXI”

Carmen Calvo: “La democracia no permite clasificar a las personas por raza, origen, religión y sexo”

Alex Domínguez

Borja Campoy

Borja Campoy

Carmen Calvo (Córdoba, 1957) preside el Consejo de Estado en el año en que la institución cumple cinco siglos de historia. Exvicepresidenta del Gobierno y una de las voces más reconocibles del feminismo socialista, defiende el papel jurídico del órgano consultivo frente al ruido político, advierte del avance global del «neofascismo» y sitúa en la igualdad, los derechos humanos y la defensa cerrada de la democracia el gran pulso de este tiempo.

Pregunta: El Consejo de Estado cumple 500 años, ¿qué significa hoy presidir una institución así en un tiempo tan convulso?

Respuesta: Desde el punto de vista de la historia, es una enorme responsabilidad. Hablamos del hilo conductor de la historia del Estado español durante cinco siglos. Y, desde la realidad política e institucional del país, es una suerte. El Consejo de Estado permite reflexionar y equilibrar decisiones que miramos con cierta lejanía para situarlas en el correcto orden legal y constitucional. Después de muchas responsabilidades políticas, poder ver esos mismos temas desde la perspectiva jurídica es cerrar el círculo.

P: En medio de tanta crispación política a todos los niveles, ¿el Consejo de Estado puede ejercer su función sin interferencias?

R: Es un espacio de calma, en el sentido de mirar las decisiones, las leyes que pasan por nuestra mano, fuera del combate, con una altura en la que pensamos que tienen que encajar en el orden legal y constitucional. Aporta tranquilidad, que tiene que acompañar a los ciudadanos. Puede que algo no te guste políticamente, pero si ha pasado por nuestras manos es correcto en tu Estado. Una cosa es que sea correcto en tu Estado y otra que no te guste.

P: ¿Le preocupa que algunos dictámenes del Consejo de Estado se interpreten en clave partidista?

R: El Consejo de Estado es el órgano más antiguo de este país y es discreto. Emitimos muchos dictámenes a la semana, siempre con observaciones y críticas. No es raro ni contra un gobierno concreto. A veces, en la política española, los debates son falsamente jurídicos. Se dice "eso es ilegal" cuando se quiere decir "no estoy de acuerdo". Nosotros no entramos en la decisión política. No decimos "no lo haga", sino "hágalo de esta manera".

El neofascismo habla de libertad, pero se le olvida la igualdad y la fraternidad

P: ¿Qué lectura hace del momento político que vive España?

R: Creo que las políticas nacionales de España nunca han estado más internacionalizadas que ahora. Casi todos los países debaten cosas muy parecidas. Eso obedece al rearme del neofascismo, que cree que el compromiso de la democracia con el Estado del bienestar y la igualdad no es compatible con sus ideas. Hay una distorsión del debate español, se genera un malestar artificial para embarrar y desestabilizar el ánimo de las sociedades. Lo vemos con la inmigración incluso en territorios despoblados que necesitan gente.

P: ¿Cree que la política está perdiendo capacidad para imponer los hechos frente al ruido?

R: En este contexto es difícil hacer algo que le compete a la política: mantener un sentido de la realidad conforme a los hechos, no a la mentira. Es curioso que un país que genera empleo, protege las pensiones y ha atravesado una crisis tremenda como la pandemia tenga esa percepción de la situación. No soy pesimista. Las sociedades que disfrutan de derechos y libertades no van a ceder a algo tan antiguo como el fascismo. La democracia hay que protegerla de manera cerrada.

P: ¿Hasta qué punto el auge del populismo, con Trump como gran referencia, está contaminando también la política europea?

R: Creo que situaciones tan irreales, artificiosas y malintencionadas como la invasión de Ucrania y las guerras en Gaza e Irán también dan pie a sacar algo bueno. Europa al principio estaba titubeante, pero es el gran experimento de la humanidad: unir a las naciones más antiguas del mundo en una federación. Es un sueño maravilloso de la política que Europa siga avanzando unida y esto la va a fortalecer. La historia demuestra que lo bueno y lo malo están unidos y eso me produce esperanza.

España no se sentirá avergonzada de haber denunciado lo ocurrido en Gaza

P: Europa vive tensiones crecientes, con casos como el de Orbán o el giro de algunos países del Este, ¿ve en riesgo el proyecto europeo?

R: No lo veo en riesgo, al contrario. De una situación oscura y complicada saldrá luz para Europa. Tiene que ejercer mejor sus bazas. Somos los grandes clientes de la economía norteamericana, pero lo podemos ser de otros espacios del mundo. El eje está cambiando hacia Asia, con India y China. El valor de Europa es la democracia y la defensa de los derechos humanos. Ucrania, Gaza e Irán han sido una prueba de fuego

P: ¿Qué debe hacer Europa para ganar peso propio en un mundo cada vez más inestable?

R: Caminar hacia una política de defensa propia y hacer mejor política internacional, con una visión más bidireccional de sus intereses. Seguir denunciando, cuando conozcamos a fondo, todo lo ocurrido en Gaza. España no se sentirá avergonzada de haberlo denunciado. Ahí nos jugamos la democracia, los derechos y el humanismo. El neofascismo habla de libertad, pero se le olvida la igualdad y la fraternidad. Europa son esas tres ideas.

P: ¿Qué papel juega Europa ante guerras como las de Gaza e Irán?

R: De momento, Europa debe seguir denunciando los atropellos contra el derecho internacional. La negativa a participar en esa situación de guerra me ha parecido importantísima. Eso es defender que los Estados son soberanos, que hay que respetarse y que la guerra y las invasiones no forman parte de las relaciones del siglo XXI. No podemos dejarnos invadir por el lado antidemocrático, retrógrado y macabro. Europa ha sido puesta a prueba y, con dificultades y errores, está resistiendo.

Se mete en el mismo saco pero la teoría queer no tiene nada que ver con el feminismo

P: Volviendo a casa, ¿le preocupa la normalización de los pactos del PP con la extrema derecha, con la inmigración como carta de cambio?

R: No me pronuncio sobre esos acuerdos porque forman parte de la libertad de acción de los partidos políticos. Desde el Consejo de Estado, llegado el caso, nos preocupa que cualquier ley quepa en los valores constitucionales. Hay debates que rozan la inconstitucionalidad porque conducen en dirección contraria a los principios democráticos. En España, por ejemplo, quien adquiere la nacionalidad no puede ser clasificado. La democracia no permite clasificar a las personas por raza, origen, religión y sexo.

La política cordobesa, actual presidenta del Consejo de Estado, visitó este viernes la ciudad de Alicante

La política cordobesa, actual presidenta del Consejo de Estado, visitó este viernes la ciudad de Alicante / Alex Domínguez

P: Usted ha sido una voz muy reconocible del feminismo institucional, ¿en qué punto cree que está hoy el feminismo en España?

R: Lo primero es que el feminismo es democracia. Es la respuesta del Estado democrático a todos los hándicaps que las mujeres traemos de la historia, como la violencia que se ejerce contra nosotras. Además de levantar esos hándicaps, hay que transformar una sociedad. El neofascismo pone el punto de mira en el feminismo y trae de vuelta la misoginia. Pero las mujeres están en todos los espacios de la vida, abren paso a otras mujeres y su movimiento en el mundo es imparable.

No hay posibilidad de éxito en volver a la casilla de salida con el aborto. Las mujeres están despiertas

P: ¿Y le preocupa que el aborto vuelva a ponerse en cuestión?

R: Intelectual y emocionalmente es complicado volver a la casilla de salida en algunos debates. Pero no hay posibilidad de éxito. Las mujeres están despiertas en todas las sociedades, también en España. Lo que me preocupa es perder energía en cosas que ya deberían estar consolidadas. Cuando las feministas decimos que hay que abolir la prostitución, decimos que las mujeres debemos dejar de ser mercancía. No es progreso alquilar el vientre de las mujeres pobres, es una extorsión contra su cuerpo y su libertad.

P: ¿Cómo ve el escenario político andaluz de cara a las elecciones?

R: Conozco muy bien mi tierra. Me preocupa que en un territorio tan grande, con casi nueve millones de personas y una historia muy dura de atraso, la política sea el agravio y la comparación. Y que no tenga como gran objetivo combatir la desigualdad y la pobreza.

P: Se habló mucho en su momento de su salida del Gobierno por diferencias con la política feminista. Con la distancia, ¿a qué se debió su marcha?

R: No salí del Gobierno por esa razón. No la he contado yo ni el presidente. En algún momento de la historia la contaremos. Por fortuna, el feminismo aguanta tanto, es la democracia avanzando, que a muchas cosas se las ha situado dentro de la misma categoría, se las mete en el mismo saco. La teoría queer no tiene nada que ver con el feminismo.

P: ¿Hay alguna parte de aquella etapa en el Gobierno que crea que aún no se ha contado bien?

R: Yo estoy en el feminismo que procede de la igualdad, de la racionalización de lo que es justo, del que proclama que mujeres vayan a la escuela, a las universidades, que los salarios sean iguales, que haya libertad para casarse y tener hijos. Vengo de esa lucha, no de otra. En nuestro país y en otros se han metido cuestiones en el contexto del feminismo que no lo son y yo no provengo de ellas. Del Gobierno se sale cuando el presidente lo considera, porque es su potestad. Todavía somos muy jóvenes, el presidente más, y la vida nos dará momentos para contarlo. Todo fue sincero y honesto de cara a la opinión pública, fue bastante transparente para no engañar a nadie acerca de dónde estoy.

P: Usted formó parte del Consejo de Ministros con José Luis Ábalos. ¿Qué le parece cuando lee y oye todo lo que envuelve a sus presuntas prácticas corruptas?

R: El PSOE ha tenido siempre los vasos comunicantes engrasados con el movimiento feminista. Desgraciadamente, el machismo y las actitudes machistas no afectan solo a unas siglas. Es el patriarcado y afecta a cualquier orden de la vida. Me parece muy bien que aflore todo. Que las mujeres no acepten acoso, malos tratos ni intromisión en su libertad sexual de nadie, tenga las siglas que tenga y esté donde esté.

¿Ábalos? Me parece muy bien que aflore todo

P: ¿Cree que esos casos deben leerse como un problema de siglas o como un problema estructural de la sociedad?

R: El debate no son las siglas de un supuesto machista o agresor, el debate es si la sociedad está dispuesta, hasta qué punto tienen que aguantar las mujeres. Con esto no eximo ningún tipo de crítica a lo que ha ocurrido en mis propias siglas. Pero me niego a que el debate sea de las siglas y no qué seguimos haciendo como Estado y sociedad para que esto desaparezca. Lo hemos visto desde todas las siglas, no ha quedado ni una en pie. El debate es la sociedad y las instituciones que tienen que tomar decisiones para que las mujeres no aguanten acoso y chantaje.

P: En cambio, con Morant no ha coincidido en el Gobierno. Pero, ¿qué le parece la tendencia de que los ministros sean candidatos?

R: Soy una mujer profundamente democrática, es la única manera digna de vivir y autogobernarnos. Tengo enorme respeto institucional por todo el mundo. Sobre las decisiones que el secretario general de mi partido toma, no entro. No me parece mal que una mujer formada, experimentada como alcaldesa y ministra, salga a la plaza pública para pelear por llevar el timón de su comunidad. Es su tierra más cercana y lo que más le duele desde el punto de vista político. No es una improvisación, es alguien que entiende de qué va alcanzar objetivos políticos.

P: ¿La ve con perfil para liderar el proyecto socialista valenciano?

R: Cumple los requisitos. Independientemente de la decisión que se ha tomado en el partido en Valencia y a nivel nacional, no presenta malas cartas. Las mujeres tenemos derecho al 50 % de todo, como decían las feministas noruegas y suecas al principio del siglo XX. Me parece bien que haya mujeres con mirada feminista.

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