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Entrevista

Mayor Oreja: “No soy partidario de las leyes de regularización masiva; ya hemos visto lo que ha pasado en Francia, Reino Unido o Alemania”

El exministro del Interior presenta en Alicante “Una verdad incómoda”, un libro en el que defiende que España vive “una crisis de fundamentos” y cuestiona las regularizaciones masivas, las leyes de memoria democrática y el relato sobre ETA

El exministro del Interior Jaime Mayor Oreja presenta el miércoles en Alicante su libro "Una verdad incómoda"

El exministro del Interior Jaime Mayor Oreja presenta el miércoles en Alicante su libro "Una verdad incómoda" / EP

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Borja Campoy

Borja Campoy

Jaime Mayor Oreja (San Sebastián, 1951) presenta este miércoles en Alicante “Una verdad incómoda”, un libro que plantea como el testimonio de una época “contra el silencio y la mentira”. El exministro del Interior participará en un acto junto al obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, para conversar sobre España, Europa, la Transición, ETA, la inmigración y los fundamentos cristianos.

Pregunta: Usted presenta “Una verdad incómoda” en Alicante como el testimonio de una época. ¿Qué puede aportar hoy un libro tan marcado ideológicamente en una sociedad ya polarizada?

Respuesta: Trato de explicar en España la aplicación de la crisis de la verdad que sacude a Europa y Occidente. Es un momento extraño, el final de una etapa de Occidente. Los relatos siempre son plurales frente a la verdad, que es singular. Abordo lo que hemos vivido en España los últimos años, ese relato de que hemos derrotado a ETA y que es tema del pasado. Yo creo que es una cuestión de presente y futuro. Nos ha gobernado un proceso, no un gobierno, que arranca desde 2004. Ese es el testimonio de la crisis de la verdad.

P: En el libro acusa a otros de imponer relatos falsos sobre España. ¿Por qué su versión debe entenderse como “verdad” y no como otro relato político más?

R: Porque mi libro es un testimonio que busca la verdad. No sé si tengo toda la verdad, pero el diagnóstico que hice en 2004 se ha ido confirmando con el paso de los años. Si no fuera verdad lo que cuento, no tendríamos a ETA gobernando en la sombra, siendo el principal aliado de Sánchez en el Gobierno. Los mal llamados procesos de paz tienen la misma ecuación: paz para la sociedad y poder para los terroristas. No es solo la personalidad de Sánchez, es un proceso que se ha hecho gobierno desde 2018 con la moción de censura.

P: Usted sostiene que España atraviesa una crisis profunda. ¿Dónde ve hechos concretos de deterioro democrático y dónde empieza, en cambio, la exageración propia de la pelea política?

R: Esta crisis sucede en Occidente, nunca ha habido tanto desorden. España tiene riesgo de ruptura. La reforma que inspiraba la Constitución de 1978 y los gobiernos de UCD, del PSOE de Felipe González y del PP de Aznar ha sido reemplazada por un modelo de ruptura. La nación es un bien moral y la UE también. He estado casi 30 años haciendo política en el País Vasco y al final me di cuenta de que no es crisis nacional, sino que una pseudorreligión ha sustituido a la fe. Cuando se milita en la izquierda, la ruptura prevalece sobre la verdad.

P: En sus intervenciones suele defender que el PP y Vox deben entenderse. ¿Dónde pondría los límites de ese entendimiento cuando entran en juego derechos, memoria democrática, inmigración o igualdad?

R: Me alejo de la política partidaria. Me quedo con que los partidos que no están en el frente extraño tienen que presentar una alternativa. Mis límites están en esa alternativa, en dignidad de la persona y la dignidad de la vida. España está irreconocible, se pretende construir una nación de naciones. Hay en Europa una obsesión enfermiza de destrucción de los fundamentos cristianos. Tenemos que recordar que esos fundamentos son los que tienen que regenerar Europa. Hay que acabar con la Europa de las ocurrencias e ir a los problemas y fundamentos.

P: Pero pactar también implica asumir políticas concretas de Vox. ¿Debe el PP explicar ese coste a sus votantes?

R: Los pactos tienen que ser la lectura que votan los españoles. Los españoles han votado alternativa en Extremadura, Castilla y León y Aragón. Ahora veremos en Andalucía, habrá que hacer lo que digan los andaluces. Hay una derecha relativa y otra más reactiva, que es más exigente. La función de los partidos es dar la fórmula de gobierno en función de los votos. Ese es el sentido de los pactos, lo que decía Fraga de una mayoría natural. Desde el respeto a la democracia hay que ser fieles en formar esas mayorías.

P: ¿Cree que Alberto Núñez Feijóo debería asumir con más claridad los pactos del PP con Vox en lugar de tratarlos como una anomalía incómoda?

R: Está siendo fiel, tanto él como Vox, donde hacen acuerdos en las comunidades, a lo que votan extremeños, aragoneses o valencianos. Hacen bien Feijóo y Abascal en ese sentido. El día que los españoles digan otra cosa, habrá que respetarlo. No hay que darle más vueltas, no quiero estar en el debate partidario. Si hay un proyecto de ruptura puesto en marcha, lo importante es que haya una alternativa.

P: Usted pide derogar las leyes de memoria democrática y habla de concordia. ¿Cómo se construye esa concordia sin que las víctimas del franquismo o sus familias sientan que el Estado vuelve a dejarlas fuera?

R: Pertenecí a la UCD del primer momento hasta que se disolvió. He creído siempre en la reconciliación de las dos Españas, en evitar que el pasado nos disolviera. Las leyes de memoria democrática son una antítesis de la Constitución democrática de 1978. Yo no quiero condenar, sino enaltecer el espíritu de la Transición. Si miramos por el retrovisor, no daremos futuro a los españoles. Hay que buscar lo que nos une.

P: El PP rechaza la regularización de migrantes, pero empresarios e Iglesia sí la apoyan por razones laborales y humanitarias. ¿Dónde se sitúa usted en ese debate?

R: Nosotros hicimos una ley de extranjería y, con la mayoría absoluta, la modificamos. Yo tengo la experiencia de que las regularizaciones masivas de migrantes son la excepción. Tienen que ser leyes ordenadas. No soy partidario de las leyes de regularización masiva; ya hemos visto lo que ha pasado en Francia, Reino Unido o Alemania. Soy partidario de que, en la medida que haya un puesto de trabajo, se regularice a una persona. La inmigración es uno de los grandes retos de Europa y tengo una enorme inquietud.

P: Sobre ETA, usted sostiene que su proyecto político no ha sido derrotado. ¿Cómo encaja esa afirmación con una realidad en la que ETA dejó de matar, fue desarticulada policialmente y la democracia siguió funcionando?

R: La única realidad del proyecto de la izquierda abertzale ha sido ETA. Bildu y Herri Batasuna no existen, son siglas para representar a un proyecto. ETA no es el pasado. Yo no me resigno. Lo tengo que aceptar porque las urnas determinan, pero no habrá nunca futuro para una comunidad en la que el crimen haya sido determinante. El crimen de ETA está asociado con las mentiras de Sánchez y Zapatero. Los socialistas acabarán apoyando a ETA, blanqueándola, legitimándola.

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