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Esto es lo que vive en tu cama si no cambias las sábanas a tiempo, según un farmacéutico

Un conocido farmacéutico de Instagram explica por qué cambiar la ropa de cama es más importante de lo que crees

Un farmacéutico alerta de los riesgos de no cambiar las sábanas con regularidad

Un farmacéutico alerta de los riesgos de no cambiar las sábanas con regularidad / INFORMACIÓN

C. Suena

C. Suena

¿Cada cuánto hay que cambiar las sábanas? Es una de esas preguntas que todo el mundo se hace… y que muchos prefieren ignorar. El boticario Álvaro Fernández, conocido por su cuenta de Instagram @farmaceuticofernandez ha respondido con claridad, y con algo de humor, en un vídeo que deja poco margen para la duda (o para seguir aplazando el cambio de ropa de cama).

Cada cuánto tiempo recomienda la ciencia cambiar las sábanas… ¿y por qué?”, se pregunta.  Según él, muchos no lo saben o, si lo saben, no hacen caso. “Las cambian con suerte una vez al año, sus sábanas tienen más manchas que la Sábana Santa”, afirma.

Lo que realmente se acumula en tu cama

Durante la noche, mientras dormimos, el cuerpo libera una mezcla bastante poco glamourosa: sudor, grasa, células muertas, pelos, saliva, restos de cremas… todo ello se queda en las sábanas día tras día. Según explica el farmacéutico, “acumulan sudor, células muertas, polvo y grasa, el caldo de cultivo perfecto para que crezcan ácaros y bacterias, muchísimas bacterias que producen mucha alergia”.

Este entorno puede tener efectos reales en la salud: “Si no las cambias, empeoran los problemas con el asma, los de la piel como la dermatitis y aumenta el riesgo de sufrir infecciones gastrointestinales, respiratorias y cutáneas”.

¿Por qué las sábanas se ponen amarillas? Sigue este truco para evitarlo

¿Por qué las sábanas se ponen amarillas? / pixabay

Entonces, ¿cada cuánto hay que cambiar las sábanas?

La respuesta científica es sencilla: “Lo que se recomienda, lo ideal, es una vez a la semana, pero mínimo cada 10 días”, señala el farmacéutico. Pero hay excepciones.

Eso suponiendo que no duermas con el gato o el perro, que no hayas estado enfermo o que no hayas tenido invitados a la cama que te dejen células vivas, además de las muertas y otros fluidos, porque entonces yo lo haría cada menos”, explica.

Además, advierte sobre uno de los errores más comunes: pensar que abrir la ventana basta para “limpiar” la cama. “Tras una gran sudada veraniega, que hay quien dice... con ventilar…”, ironiza. Pero no: ventilar ayuda, pero no sustituye a lavar.

¿Y qué pasa con la almohada?

El farmacéutico añade en el texto que acompaña la publicación un consejo extra: si tienes piel grasa o acné, deberías cambiar la funda de la almohada cada tres días. Es una de las zonas donde más restos se acumulan y que más contacto tiene con la piel.

Dormir bien empieza por dormir limpio

El mensaje es claro: no basta con un buen colchón ni con una habitación ventilada. Dormir en ropa de cama limpia es esencial para evitar molestias, alergias y problemas dermatológicos. Y aunque no siempre se vea a simple vista, eso no significa que no esté ahí.

Como concluye el propio farmacéutico: “Yo todavía las tengo pegadas”. Una frase que sirve tanto de broma como de aviso: si te sientes identificado, ya sabes lo que toca esta noche.

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