La Madrugada del Levante vuelve a latir en Crevillent
La localidad revive una Semana Santa caracterizada por su fuerte personalidad, reconocida internacionalmente y marcada por el Abrazo, la Procesión de Penitencia y la noche de los coros

Jesús Rescatado llegando a la Plaza de la Constitución al término de la procesión de Bajada del Calvario el Viernes Santo. / Paco Berenguer
La Semana Santa de Crevillent vuelve a desplegar uno de los relatos más intensos y singulares de la provincia de Alicante. Reconocida como Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 2011, esta celebración mantiene intacto su peso histórico y devocional.
El comienzo simbólico de la celebración se produce con el encendido de la Cruz de Cuaresma, un acto que marca el inicio de la espera para miles de cofrades. Pero no es hasta el sábado de pasión que comienza el ciclo procesional con «La Convocatoria», un acto que funciona como llamada pública a la participación. El sonido de sus bocinas recorre la ciudad anunciando que la Semana Santa ha comenzado.
El Domingo de Ramos la procesión de Jesús Triunfante, obra de Mariano Benlliure, recorre las calles acompañada por palmas blancas en una escena luminosa que contrasta con la sobriedad que irá imponiéndose en jornadas posteriores. Pero si hay un momento que define el carácter propio de la Semana Santa crevillentina es el Martes Santo. La Procesión de Penitencia, conocida como la de los Sacos, convierte el casco antiguo en un espacio de recogimiento absoluto. Las calles a oscuras, el sonido grave de los coros y el avance lento de los penitentes crean una atmósfera sobrecogedora. Es, probablemente, la procesión más austera y una de las más impactantes.
Gran escaparate de la imaginería
El Miércoles Santo funciona como un punto de inflexión. Por la tarde, la concentración de pasos llena de vida las calles en un ambiente que rompe momentáneamente con el silencio dominante. Es un tiempo de preparación, de encuentro entre cofradías y de exhibición del patrimonio antes de la gran noche. A partir de ahí, la Procesión de la Pasión de Cristo reúne a numerosas cofradías en un recorrido que permite contemplar algunas de las escenas más representativas de la Pasión, muchas de ellas plasmadas en obras escultóricas de gran valor artístico.

La Semana Santa de Crevillent destaca por su riqueza patrimonial, convierte cada procesión en una exposición artística. / Javier Poveda
La jornada se prolonga hasta bien entrada la madrugada con la Procesión del Traslado, donde el silencio vuelve a imponerse. La iluminación tenue, las voces corales y el acompañamiento de los fieles refuerzan el carácter íntimo de uno de los momentos más intensos del programa.
El Jueves Santo mantiene esa línea de recogimiento con el Vía Crucis penitencial. La imagen del Cristo del Perdón y de la Buena Muerte recorre las calles mientras los fieles siguen las catorce estaciones en un acto de fuerte participación popular. Es una de las citas donde la dimensión religiosa se expresa de forma más directa y colectiva.
El Viernes Santo concentra algunos de los momentos más esperados. La jornada comienza de madrugada con las tradicionales dianas, que anuncian el día más solemne. Poco después, la Procesión de la Subida al Calvario conduce a los fieles hacia uno de los episodios centrales: el «Abrazo». En el paraje de la Morquera, la Virgen de los Dolores y Jesús Nazareno se encuentran en una escena cargada de emoción, en presencia de San Juan y la Verónica. Es un instante que sintetiza la esencia de la Semana Santa de Crevillent y que congrega a miles de personas.
La mañana continúa con la Bajada del Calvario, donde el tono cambia. El colorido de las túnicas, la presencia de niños y el acompañamiento musical aportan un aire más dinámico a una procesión que combina solemnidad y vitalidad popular.
Ya por la noche, la Procesión de la Muerte de Cristo marca uno de los puntos culminantes. Conocida también como la «procesión de los coros» o «de los Benlliures», reúne imágenes de gran valor artístico en un ambiente de profundo respeto. La música coral, interpretada en directo, refuerza el carácter único de este desfile, donde la ciudad entera parece contener la respiración. Al finalizar, la plaza de la Constitución se convierte en un espacio de recogimiento colectivo con interpretaciones musicales que prolongan la emoción más allá del recorrido procesional.

Reconocida como Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 2011, esta celebración mantiene intacto su peso histórico y devocional. / Javier Poveda
El Sábado Santo mantiene ese tono con la Procesión del Santo Entierro. El ritmo marcado por los timbales, la luz de las velas y la presencia de las distintas cofradías configuran un desfile sobrio y elegante que recorre el centro urbano en un ambiente de respeto y contemplación.
El cierre llega el Domingo de Resurrección, cuando la celebración cambia por completo de registro. El Encuentro entre San Juan de la Palma, Regina Pacis y Jesús Sacramentado simboliza la alegría de la Resurrección. La Virgen abandona el luto, suenan marchas festivas y la luz sustituye definitivamente a la oscuridad de días anteriores. Es el desenlace de un relato que la ciudad ha construido paso a paso.
Una celebración con lenguaje propio
Más allá del programa, la Semana Santa de Crevillent destaca por su riqueza patrimonial. Las imágenes, muchas de ellas firmadas por escultores como Benlliure o autores valencianos de referencia, convierten cada procesión en una exposición artística en movimiento. A ello se suma la importancia de la música sacra, especialmente la tradición coral, que constituye uno de los rasgos más distintivos de esta celebración.
Un año con novedades
Este año, la Cofradía del Lavatorio de Jesús afronta un periodo marcado por la renovación interna y la puesta en valor de su patrimonio. Tras las elecciones, Carlos M. García Pastor ha sido reelegido presidente, en una nueva etapa en la que también se incorporan nuevos miembros. A ello se suma el cambio oficial de denominación de la entidad, que pasa a llamarse Cofradía del Lavatorio de Jesús a sus discípulos. Entre los actos más destacados del presente periodo cuaresmal figura también el nombramiento, el pasado 7 de marzo, de José Pascual Dámaso Candela y Pascual Aznar Serna como cofrades de honor, con la correspondiente imposición de la Insignia de Oro.
Por su parte, la Hermandad del Santísimo Cristo de la Victoria y María Magdalena estrena este año nueva Junta Directiva, integrada por una generación joven y encabezada por María Quesada Juan como presidenta.
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