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La noche que la cueva engulló a las niñas

La desaparición, durante una excursión en 1953, de un grupo de menores toda la noche en el entorno de la misteriosa Cova de l’Àguila, conmocionó a la población de Picassent

La Cova de l’Àguila.

La Cova de l’Àguila.

Antiguamente, cada 3 de febrero en Picassent era costumbre salir a pasar ese día festivo en el campo. Familias enteras y cuadrillas de amigos y amigas, ataviados con cestas de comida suficiente, iban andando o en carro para festejar a Sant Blai. En 1953, el matrimonio formado por Félix Albert y Remedios Orts, salieron hacia la sierra junto con la joven modista, Leocadia Romaguera Aguado. Les acompañaban tres niños y ocho niñas de corta edad. Nada más terminar de comer, las niñas y Félix decidieron salir hacia la Cova de l’Àguila de excursión, una mítica sima a la cual el imaginario picassentino ha dotado siempre de historias y leyendas. En el campo base se quedaron Remedios, Leocadia y los tres niños.

Empezó a caer la noche y la preocupación se apoderó de las dos mujeres, quienes decidieron regresar a Picassent al ver que el grupo no volvía. A su llegada comprobaron que tampoco habían llegado al pueblo. La noticia de la desaparición corrió como la pólvora por todo el vecindario y, hasta incluso, uno de los diarios de la época, «Jornada. Diario de la tarde» publicó la noticia el día 4 de febrero de 1953: «Picassent ha vivido horas de ansiedad. Ocho niñas y un vecino desaparecieron ayer tarde. Se extraviaron en el monte del Águila».

Recorte del periódico vespertino «Jornada», que publicó la noticia de la desaparición.

Así lo explicaba Félix Albert nada más regresar a Picassent aún emocionado por lo acontecido: «A las tres de la tarde emprendimos la excursión a la ‘Cueva del Águila’, caminando por el ‘Mas del Marqués’. Es una cueva grande sobre la que se cuentan leyendas, debido a que tiene una gran sima inexplorada y misteriosa. Una de las niñas dijo que había preguntado a su padre y que conocía el camino, y me dejé conducir. Llegando a la citada cueva se nos hizo de noche, y en vez de emprender el camino que nos condujera al pueblo, tomamos, extraviados, el camino de Llombay», recuerda. «Cuando eran ya las once de la noche y llovía y además yo había agotado las cerillas y la gasolina del mechero, decidí pasar la noche en un abrigo. Coloqué a las niñas bajo de unas rocas y aunque alguna llegó a llorar, se durmieron pronto. A las tres de la madrugada levanté a las niñas y traté de encontrar el pico del Águila, para orientarnos yendo a pasar a la ‘Caseta güeleta’.», añade. «Aquí estuvimos hasta las siete, en que otra vez emprendimos el camino, ya con luz del día. Fue entonces cuando nos vio el cabo de guardas de Picassent, José Carbonell Sanchis, que con otros varios grupos de personas habían estado buscándonos toda la noche. Marchamos entonces a la ‘Caseta de Forriga’ y allí se encendió fuego y desayunaron las niñas. Entonces fue cuando mandamos pedir el carro», concluye.

Las hermanas Conxín y Lolín López, dos de las niñas que formaron parte del grupo, y que en aquel momento contaban con 10 y 8 años respectivamente, recuerdan aún hoy emocionadas la aventura. «El pueblo entero se movilizó y estuvieron buscándonos durante toda la noche. Se lanzaron al campo con pitos, en bicicletas, en carros y en camión inclusive para tratar de encontrarnos y averiguar si nos habíamos caído dentro de la cueva o si por la oscuridad habíamos tenido que refugiarnos hasta el amanecer en algún sitio. No nos encontraron hasta las once de la mañana», afirma Conxín.

Por su parte, Lolín, que era la más pequeña del grupo, cuenta: «No supimos volver. Se hizo de noche y empezó a llover. Buscamos refugio. Nos pusimos unas junto a otras para entrar en calor, ya que habíamos salido sin ropa de abrigo. Cantamos, rezamos, lloramos, algunas nos caímos y llevamos durante un tiempo las piernas señaladas».

Seguramente, el mejor festejo a Sant Blai de aquel año fue el camino de regreso a casa, con los aplausos y las ovaciones de todo un pueblo que salió a recibirles como auténticos heroínas después toda una noche en vilo.

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