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José Manuel Rey: "En el ADN cultural tenemos insertada la idea de que el amor tiene que durar toda la vida"

El matemático afirma que "solemos pensar que los opuestos se atraen, aunque los psicólogos sugieren que pasa lo contrario, que los que se atraen son los iguales"

El matemático José Manuel Rey

El matemático José Manuel Rey

El matemático José Manuel Rey ha participado en el recién cerrado ciclo de conferencias ‘La lògica de l’amor’ en el CaixaForum de Palma con una disertación titulada ‘El eterno amor. Las ecuaciones del amor verdadero’.

La lógica del amor. La lógica es una parte de las matemáticas.

De hecho, es el sustento de las matemáticas, lo que le da sentido. Para hacer matemáticas la lógica es irrenunciable. En el fondo es un disfraz para la palabra matemáticas.

¿Matemáticas en un ciclo sobre el amor?

Lo que intentaremos hacer es utilizar las matemáticas para desentrañar algunos de los fenómenos que aparecen en este maremágnum incomprensible que es el amor.

¿Se nace queriendo o se aprende?

Buena pregunta, que tiene que ver con lo que nos proponemos en el ciclo: contraponer esas dos líneas, esos dos vectores, que son los dos que aparecen en nuestra experiencia amorosa. Primero el amor como elemento cultural, que se aprende, que se copia de lo que vemos en nuestro entorno, que condiciona nuestra manera de amar. Y luego el otro vector, también muy potente, que es el que figura en nuestro propio ser. La experiencia del amor queda condicionada por esos dos vectores y no siempre es fácil coordinarlos. A veces compiten y otras cooperan.

¿Qué dice la ciencia sobre el amor?

Para los biólogos el amor es un impulso y, sobre todo, en occidente, también una práctica cultural, que no está en nuestros genes. Yo hablo precisamente de ese elemento, de nuestra experiencia cultural y cómo está en conflicto con lo que sucede al principio de toda experiencia amorosa, que es tan potente.

¿La bigamia es antinatural?

(Sonríe). Aquí deberíamos ponernos de acuerdo en el concepto de qué es natural y qué no lo es. Hay dos naturalidades, la biológica y la cultural. Culturalmente somos muy incomprensivos con la bigamia, al menos en occidente, pero no está demostrado que eso respete nuestra condición humana. Es cierto que hay estudios que sugieren que el ser humano tiende a la poligamia, cosa que está en conflicto con nuestra forma de regular las relaciones amorosas.

Las relaciones estables nacieron cuando moríamos a los cuarenta años.

Efectivamente, el amor parece que es una cosa de jóvenes y que para vivir una bonita historia de amor hay que ser joven. Pero tenemos de alguna manera insertado en el ADN cultural la idea de que ese amor tiene que durar toda la vida y si a eso le sumamos que tanto la esperanza como la condición de vida aumentan, entonces es cada vez más difícil vivir esas historias de amor.

¿Tiene secretos el amor?

Eso precisamente es mi tesis: saber entender los secretos de toda relación amorosa a largo plazo, para que se cumpla aquello de «fueron felices y comieron perdices».

O murieron como Romeo y Julieta.

Prototipo de amor juvenil. Jóvenes ellos y con una historia corta, de pocos episodios. Casi todas las historias de amor de referencia universal son de este tipo: protagonistas jóvenes y amores cortos en el tiempo y que suelen acabar en tragedia.

¿Por qué me gusta quien me gusta? ¿Por qué amo a quien amo?

Solemos pensar que los opuestos se atraen, aunque los psicólogos sugieren que pasa lo contrario, que los que se atraen son los iguales, aunque no nos demos cuenta. Ese fenómeno se llama homogamia, el tender a aparejarse con personas del mismo estrato social, cultural, económico, religioso, geográfico… Y a priori no pensamos que sea así y sin embargo en ese sentido somos bastante predecibles.

No solamente queremos estar toda la vida con la misma pareja, también queremos ser felices con ella. Eso, sin duda, requiere trabajo, es muy difícil conseguirlo.

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Desamor igual a serotonina más tiempo.

Si por desamor entendemos el final de ese periodo inicial tan poderoso que es una auténtica tormenta bioquímica, que sucede en el cerebro y que nos alteran fisiológica y conductualmente y que dura unos dieciocho meses, entonces sí que el tiempo juega un papel. Luego queda otra cosa que hay que entender y que forma parte de la lógica del amor: hay que entender que en el amor intervienen diferentes episodios y cada uno con su lógica distinta. El error es creer que la primera fase del amor será duradera y que será igual a las demás. Las sustancias químicas que se generan después de ese año y medio tienen que ver más con el apego que con la euforia amorosa, que nos dan experiencias muy dignas de ser vividas si las entendemos y no les pedimos más.

¿En toda relación de pareja hay entropía?

Entropía como concepto indica desorden, la entropía nos dice que es más difícil recomponer que estropear. Y hay que combatir esa idea, según la cual el calor, la energía de pareja se pierde. En química, la entropía puede llevar a la muerte térmica, debemos luchar para que eso no ocurra en el amor, cosa que se consigue aportando energía externa.

Doctor, llevo treinta años con la misma pareja, ¿qué me pasa?

Lo interesante no es llevar treinta años con la misma persona a tu lado, sino si eres feliz con ella. En el siglo XIX las parejas de conveniencia sabían a lo que se comprometían y no esperaban más, una fórmula que, según en qué sentidos, funcionaba bien. Ahora la fórmula es mucho más exigente y no solamente queremos estar toda la vida con la misma pareja, también queremos ser felices con ella. Eso, sin duda, requiere trabajo, es muy difícil conseguirlo.

¿Se puede cuantificar el amor?

Cuando se habla del amor en términos científicos hay una tendencia a cuantificarlo. Y la realidad es otra, que no existen los amorómetros. Pero por lo contrario solemos ser capaces de responder a la pregunta de si, en tu relación, te sientes hoy mejor que ayer. Cuando comparas, en el fondo cuantificas, mides.

Pero el amor no es continuo.

Diría que la experiencia amorosa suele ser bastante continua, por supuesto que existen momentos de discontinuidad externos, inesperados, que hacen que la sensación se altere de repente, pero normalmente nos movemos en torno a una media que oscila poco.

¿El amor nos hace felices?

Hay estudios que sí lo indican, que el amor influye en el estado de felicidad de las personas. La felicidad no es el destino, es el método, el camino, una actitud. Los destinos tienen el defecto que, si no se alcanzan, provocan frustración y ansiedad, y si se alcanzan, decepción. Parafraseando a Kavafis, la felicidad no es llegar a Ítaca, sino ir hacia ella.

¿El amor es cuántico, entendiendo cuántico como dual, a veces materia y a veces energía?

Claramente sí, pues en el amor hay química, reacciones entre elementos químicos que son materia, pero también está el proceso de la experiencia amorosa que ya no es material.

Si una de cada dos parejas se rompe, ¿qué está pasando?

Pues que hay un problema. Si yo tuviera una fábrica de productos y la mitad fueran devueltos por su mal funcionamiento, entonces analizaría el producto, intentaría cambiarlo. Pues eso pasa en el amor, el modelo puede que sea defectuoso y la sociedad no hace nada para corregirlo. Por ejemplo, podríamos ser más comprensivos entre nosotros, aceptar nuevos modelos de relaciones, otros modelos de unidad familiar, o cosas por el estilo. El divorcio, la ley de matrimonio homosexual, han tardado mucho en llegar y ser aceptadas y esperemos que estén para quedarse. Quiero decir con eso que nos cuesta aceptar cambios que impliquen tolerancia.

En el fondo le noto optimista.

Hay una frase que me gusta mucho de Cesare Pavese: «La vida es dolor y el placer del amor es un anestésico».

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