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El piso de las "pornochachas": Así sufrieron siete mujeres las perversiones sexuales de un matrimonio

Todo empezó con la denuncia de una mujer que relataba haber sido obligada a realizar las tareas domésticas en tanga. Pero el caso fue adquiriendo poco a poco mayores proporciones

La condenada, con el rostro cubierto con la mascarilla y un gran pañuelo, ayer, en los juzgados

La condenada, con el rostro cubierto con la mascarilla y un gran pañuelo, ayer, en los juzgados

Todo empezó con la denuncia de una mujer que relataba haber sido obligada a realizar las tareas domésticas en tanga. Pero el caso fue adquiriendo poco a poco mayores proporciones: las de una trama en la que hasta siete mujeres sudamericanas que respondieron a un anuncio para trabajar como asistentas de hogar en un piso de la avenida de Castrelos de Vigo para un matrimonio con una hija acabaron siendo víctimas de las perversiones sexuales de la pareja.

Pues este caso descubierto en 2019 escribió ayer su último capítulo judicial. Lo hizo en la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra, con sede en Vigo, donde, tras el acuerdo de conformidad alcanzado entre las acusaciones y la defensa, el tribunal dictó sentencia in voce en la sala: tras aceptarlo ella previamente, Mónica Yahimar Q.P., de origen panameño, fue condenada en firme a 9 años de cárcel. Su marido también debería haberse sentado en el banquillo, pero no estuvo porque falleció tras lanzarse al vacío desde la ventana de su casa en pleno registro policial, cuando todo salió a la luz.

La investigada, tras su paso a disposición judicial en octubre de 2019 MARTA G. BREA

La condenada, que ya estaba en prisión provisional, se enfrentaba a peticiones de hasta 52 años de cárcel, por lo que la conformidad supone una notable rebaja en su condena. Finalmente se le ha sentenciado por diez delitos: junto a ser considerada cooperadora necesaria de su marido en los seis delitos de carácter sexual –cinco de abusos con introducción de objetos y engaño y otro de agresión sexual con intimidación–, se la condena por trata de seres humanos, coacciones, maltrato y contra los derechos de los trabajadores.

En total, 9 años de cárcel, órdenes de alejamiento con respecto a las víctimas y 180 euros de multa. Como responsabilidad civil, debe indemnizar con 1.000 euros a cinco de las mujeres que cayeron en esta trama –dicha cuantía para cada una de ellas– y con 6.000 a otras dos.

Un momento de la vista de conformidad en los Juzgados de Vigo PABLO HERNÁNDEZ

Un perverso plan

Mónica, en connivencia con su marido, ejecutó un plan que tenía como fin satisfacer sus deseos sexuales y los de su esposo: el de captar a mujeres sudamericanas con gran vulnerabilidad económica que viajaron a España desde países como Nicaragua, Guatemala o Colombia debido a la situación de miseria que atravesaban allí y tras responder al anuncio que puso el matrimonio vigués en internet, donde la pareja decía buscar a asistentas de hogar internas. Ofrecían sueldos de en torno a los 900 euros.

Todo era un engaño y siete mujeres, confiadas en haber encontrado el trabajo que les permitiría sacar adelante a sus hijos, cayeron en la trampa. Una vez en la vivienda, el matrimonio, con engaños, logró doblegar la voluntad de las víctimas y “perpetrar contra ellas actos de carácter sexual”.

La pareja advertía a las mujeres que debían pasar un reconocimiento médico allí mismo en el piso, algo que era “normal” y “necesario” en España para acceder a este tipo de empleos, les decían. El hoy fallecido se hacía pasar por sanitario y con la excusa de hacerles un examen completo que incluía una exploración vaginal, con la cooperación de su esposa logró abusar de varias de las mujeres que fueron allí a trabajar.

A dos de estas empleadas las obligaron además a trabajar en sostén y tanga. A una de ellas la conminaron a comer desnuda con ellos en la mesa. Para atemorizar a las mujeres les avisaban de que en la casa había cámaras de seguridad y micrófonos y que pertenecían a una “organización superior”. Un sobrecogedor caso que, por fin, ya tiene condena.

El edificio donde residía el matrimonio que abusó de las mujeres J. Lores

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