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Joaquín Anastasio: "Los políticos pintan un país feo y dividido que no es real"

Joaquín Anastasio en la fachada del Senado

Joaquín Anastasio (Salamanca, 1957), corresponsal de LA PROVINCIA y EL DÍA en Madrid, lleva casi tres décadas informando a Canarias sobre la actividad parlamentaria. La semana pasada, el Senado reconoció su labor con el premio Luis Carandell, en la categoría de Territorialidad.

-¿Qué ha supuesto para usted ganar el premio Luis Carandell?

-No deja de ser una sorpresa, porque nosotros tenemos aquí un papel que no es muy llamativo para los medios nacionales o para algunos ámbitos institucionales. Nuestra candidatura para recibir el premio partió del grupo Nacionalista del Senado, en el que está Coalición Canaria, y fue apoyada por grupo de Izquierda Confederada, a iniciativa de Agrupación Socialista Gomera (ASG). Cuando tuve conocimiento de la propuesta, me sentí muy agradecido por el reconocimiento que implica y por formar parte del equipo de corresponsales canarios que informan a las Islas de lo que pasa en Madrid y contribuyen a que las instituciones nacionales conozcan las particularidades del Archipiélago. Recibir este reconocimiento es una alegría pero, para mi, lo más valioso es formar parte de ese grupo de profesionales formado por Loreto Gutiérrez y Silvia Mascareño.

-¿Qué ha valorado el jurado para otorgarles esta distinción?

-Han tenido en cuenta nuestra dedicación, especialmente durante el último año. El jurado ha tenido muy presente el hecho de que Canarias haya adquirido un protagonismo especial durante el último año por los efectos económicos de la pandemia y la crisis migratoria, que han sido temas de constantes debates parlamentario y de controversia política por si se tomaban o no las medidas adecuadas para abordar cada uno de estos asuntos. En todo caso, se valora la capacidad de haber construido desde la información un relato sobre los problemas en un territorio en concreto y cómo esa situación se ha abordado desde el ámbito del parlamento y de la acción del Gobierno central, haciendo al mismo tiempo llegar a nuestros lectores o espectadores esa presencia de Canarias en el debate político en Madrid. Me consta que el jurado del premio ha sido muy consciente que nuestras informaciones relacionadas con el Senado expresaban de forma precisa el carácter territorial de la Cámara y eso lo han valorado muy especialmente.

-¿Cómo es el trabajo de ese “equipo” de periodistas canarios en Madrid?

-Cada uno trabaja de forma autónoma, como no podía ser de otra manera, pero hacemos equipo cuando hay que hacer lobby para que nos hagan caso en determinados ámbitos o para que nuestras preguntas en las ruedas de prensa tengan más peso. Al principio se nos miraba desde los medios nacionales y también desde las instancias políticas en Madrid un poco como a bichos raros, pero con el tiempo hemos pasado a formar parte del paisaje informativo de la capital. Es una carrera de fondo que a los corresponsales canarios, y a los de los medios regionales en general, nos ha tocado hacer desde que empezamos, con paciencia e insistencia, es decir, dando mucho la vara. Cubrimos todos los frentes y eso no obliga a estar atentos a todo lo que pasa en Madrid relacionado con el Archipiélago. No solo los debates parlamentarios y leyes que se aprueban en las Cortes que afectan a Canarias, sino también la vida interna de los partidos, y toda la actividad que originan las relaciones entre las administraciones canarias, sobre todo el Gobierno de Canarias, con los ministerios y el Gobierno central. También en otros ámbitos como el judicial, el económico, el cultural...

-¿Cómo comenzó su relación con Canarias?

-Mi relación con las Islas se inició a raíz de mi vínculo profesional con LA PROVINCIA. Si bien, el trabajo me ha llevado a estar muy cerca de Canarias, no solo desde el punto de vista de la información, sino del sentimiento. Soy de Salamanca, estudié en Barcelona, vivo en Madrid y trabajo para Canarias, debo ser un ejemplo de eso que llamamos la España plural. Me gusta decir que soy la ultraperiferia de LA PROVINCIA y EL DÍA.

-En el ámbito parlamentario, quién lo pone fácil y quién lo pone difícil a la hora de atender los asuntos de Canarias.

-Todo depende del talante de cada una de las personas y del ámbito de poder al que te dirijas. Por lo general todos los parlamentarios canarios nos atienden sin problema y son todos muy accesibles. Creo que parte de su implicación en que se conozcan los temas de las Islas tiene que ver también con que nosotros consigamos trasladarlo y con que nos hayan dado este premio. En el ámbito de los ministerios, la relación depende mucho del ministro o ministra y de los jefes de prensa. Montoro ha sido uno de los más accesibles y aunque casi nunca hablaba en claves políticas, siempre se extendía en explicaciones sobre los temas canarios que afectaban a su ministerio, que conocía muy bien. María Jesús Montero, por citar una ministra actual muy mencionada en estos momentos, también es accesible y muy afable en el trato, pero responde con menos precisión a la información que demandas. De los que recuerdo como menos empáticos a este respecto, José Blanco e Isabel Tocino se llevarían la palma. Todos los ministros canarios, por otra parte, siempre han atendido correctamente a la prensa canaria en Madrid.

-¿Qué importancia tiene seguir los asuntos de Canarias desde Madrid?

-Hay asuntos canarios que cuando se trasladan a Madrid se ven con otra perspectiva y, a veces, se les da una dimensión mayor, porque se implica al Estado. Es difícil trasladar a Madrid las singularidades canarias. La mayoría de los responsables políticos, cuando se acercan al tema canario, llegan muy despistados y casi siempre nos cuesta una explicación extra de nuestras preguntas a los políticos y gobernantes que no son canarios, y las respuestas que dan suelen ser básicas y sin profundizar. Es lo mismo que les pasa muchas veces a los parlamentarios canarios cuando preguntan en el Congreso o el Senado a los ministros de los gobiernos de turno. Es evidente lo lejos que les queda a la mayoría de ellos, física, política y mentalmente, la cuestión canaria y la dificultad que tienen para entender las especificidades, y a veces convencidos de que Canarias practica el victimismo.

-¿Comparte la idea de que el Senado es una institución innecesaria o, al menos, que hay que replantearla?

-El Senado requiere una reforma, es una cámara que tiene funciones residuales, aunque todos recordamos lo que paso con el 155. El sistema constitucional es bicameral y, desde luego, habría que reformarlo para que fuera más dinámico y estuviera más pegado a la vida del país y de cada una de las comunidades autónomas. Considero que el Senado tendría que estar mucho más centrado en los problemas territoriales y que sus decisiones tuvieran un traslado más inmediato a las autonomías.

-¿Recuerda con especial cariño alguna anécdota vivida a lo largo de sus 28 años haciendo información parlamentaria?

-Recuerdo decenas de anécdotas en las tortuosas esperas durante reuniones y negociaciones en las puertas de los ministerio o de las sedes del PP y del PSOE. Por ejemplo, cuando se negociaba con Madrid una de las reformas del REF y, ya a las tantas de la noche, el consejero canario José Miguel González, muy cabreado por el resultado de la misma, nos despachó con un breve comentario ininteligible e indescifrable. Los tres o cuatro periodistas que estábamos esperando tuvimos que ‘pactar’ entre nosotros en una cafetería qué parecía que el consejero había dicho o querido decir.

-¿En qué ha cambiado el mundo político y periodístico en Madrid desde que empezó como corresponsal?

-Son universos totalmente distintos. Cada dinámica y ambiente en cada una de las épocas tiene sus pros y sus contras. Lo que está claro es que ahora el contacto con los políticos como fuente de información es menos personal y directo, y las relaciones entre los periodistas también. Ahora hay decenas de ‘canutazos’, entrevistas en directo para las televisiones, reacciones en las redes... Se hace política y periodismo al minuto y eso impide reposar y valorar la información. La política actual está muy condicionada por el populismo y la guerra cultural entre una parte de la izquierda y casi toda la derecha, además de por el auge del nacionalismo identitario, y los ciudadanos no responden a ese nivel de enfrentamiento. Los políticos, en general, pintan un país feo y dividido que no es real y transmiten a los ciudadanos un mensaje de desprecio que espero que no acabe calando. Las redes sociales han empujado al periodismo a una dinámica de inmediatez y a un frentismo político y social que desfigura el objetivo mismo de la información como derecho básico de la ciudadanía.

-¿Qué le parece, como cronista parlamentario, el auge del lenguaje inclusivo en las Cortas?

-Creo que la perspectiva de género y el lenguaje inclusivo se debe utilizar en cualquier actividad profesional de repercusión pública como la política o el periodismo. Me parece un paso necesario, con el que hay que comprometerse. Es cierto que hay personas que, a veces, exageran en el uso de ese lenguaje, porque van más allá de lo que razonablemente se debe hacer en una intervención parlamentaria o en un escrito y eso lleva a un uso del lenguaje un poco estrambótico.

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