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Volcán en La Palma

Las cenizas volcánicas invaden las calles de La Palma y retrasan los vuelos

Los científicos temen que estas pequeñas partículas dañen los ecosistemas marinos | Solicitan que la zona afectada sea declarada Parque Natural

La nube de ceniza y dióxido de azufre que expulsa el volcán de La Palma

a ceniza ha invadido toda la Isla. Hasta el miércoles, en la comarca este de La Palma poco hacía presentir que había un volcán en erupción que amenazaba los recursos más preciados de los vecinos de El Paso y los Llanos de Aridane, más allá del movimiento de personas vinculadas a las labores de seguridad o informativas. Sin embargo, en el día de ayer la zona aparecía ya con un importante manto gris de residuos expulsados por el volcán –de hasta tres centímetros– que comenzó a cubrir carreteras, azoteas, plazas y vehículos en toda la Isla.

A la cubierta de pequeños piroclastos volcánicos, le acompañó un amanecer con un gran cielo azul despejado, en el que la columna de humo, que alcanzó 4.500 metros de altura, también se hizo visible desde cualquier punto de La Palma. Y es que, en estos momentos, el volcán ha entrado en una nueva fase en la que expulsa más cenizas, gases y piroclastos que lava, lo que también genera que la evolución de las coladas se haya ralentizado de forma considerable –apenas avanza cuatro metros por hora–, mientras que la ceniza se suspende en el aire, recorriendo kilómetros a la redonda.

Acompañadas por un cambio de viento en dirección este, las cenizas también terminaron por afectar al aeropuerto, situado en el otro lado de la Isla, en la Villa de Mazo. Esta circunstancia llegó incluso a amenazar con el posible cierre de la instalación, situación que, finalmente, se pudo evitar. Las compañías aéreas ya han avisado en reiteradas ocasiones de que existe la posibilidad de que se produzcan problemas en los vuelos con destino a La Palma. La jornada de ayer se quedó finalmente en un susto, con algunos retrasos, dado que las mejoras de las condiciones posibilitaron que el aeropuerto se mantuviera operativo. Finalmente, se logró mantener la actividad en su totalidad, hasta doce vuelos procedentes de Tenerife Norte, cinco desde Gran Canaria, dos desde Madrid y uno desde Bruselas.

La lava ha engullido un total de 225 hectáreas de los barrios de El Paraíso y Todoque. El perímetro que se ha realizado para mantener la seguridad es ya de 16 kilómetros

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La reducción de lava estuvo acompañada de procesos explosivos de gran envergadura. Uno de estos episodios se registró a las 17.20 horas y provocó que una imponente nube blanca cubriera todo el cielo del Valle de Aridane. Se trata de una columna de cenizas y piroclastos de gran desarrollo vertical, que, según los expertos, «va más allá del dinamismo estromboliano». La directora del IGN, María José Blanco, confirmó que esta nube explosiva alcanzó a unos ocho kilómetros de altura, aclarando que «se debió al contacto del material volcánico con una bolsa de agua que generó esa explosión de vapor». Cabe resaltar que la erupción sigue su curso, ajustada a su naturaleza estromboliana, con fases más explosivas, con cuatro centros de emisión y una columna o penacho que alcanza hasta los 4.500 metros de altura, con una fuerte emisión de cenizas. Los científicos recalcan, asimismo, que no son esperables procesos de lluvia ácida, dadas las actuales condiciones meteorológicas de vientos alisios.

Con esa evolución, cada vez parece menos probable que la colada de lava del nuevo volcán llegue al mar. En Todoque se puede ver como el animal ha destrozado un margen de la carretera, mientras, a pocos metros, el consultorio médico y la iglesia ven cómo con un pausado avance sigue amenazándolos. Una vez superado ese «obstáculo», a la lava le restarán poco más de dos kilómetros para asomarse a los acantilados de la costa palmera, en los que apenas encontraría resistencia de los invernaderos y fincas de plataneras.

Precisamente ese aumento de la emisión de cenizas procedentes del volcán de La Palma y su caída al mar podrían estar afectando ya al ecosistema marino en la costa suroeste de la isla y provocar «cambios drásticos» en la productividad del mismo. Este es el diagnóstico del comité científico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), que informó en un comunicado de que se reforzarán los sistemas de vigilancia de los materiales volcánicos en la columna de agua de mar.

Imagen de una regadera sobre un terreno inundado por la ceniza. EFE

Pero mientras la lava permanece prácticamente inamovible, la fuerza del volcán se centra en alimentar la colada del sur que, tras rodear la Montaña Rajada por el sur, y la Montaña Cogote por el norte, deja atrás al Cementerio Comarcal de Los Ángeles, en el que reposan gran parte de los antepasados de los ahora desalojados.

Las aportaciones de material magmático que el volcán expulsa sirven para ampliar las coladas que siguen expandiéndose, algo que no deja de ser igual de peligroso para muchas edificaciones que parecían fuera de peligro y que ahora entran en el radio de influencia de las mismas. Se mantienen así dos frentes activos, relativamente lentos, que se alejan del centro emisor y uno de los cuales tiene una longitud de 500 metros, aproximadamente. Una de las lenguas, la situada más al norte, está casi detenida y avanza a un metro por hora, llegando a alcanzar una altura máxima de doce metros. El frente sur, que rodea Montaña Rajada, avanza también despacio; en torno a cuatro metros por hora.

Los nuevos cálculos sobre la superficie afectada se aproximan a las 225 hectáreas, con un perímetro que se acerca a los 16 kilómetros. Esos mismos estudios permiten establecer una longitud de colada de unos 3.800 metros. De esa manera, aún le restan otros dos kilómetros para alcanzar la costa.

La cicatriz del volcán hace que el Valle de Aridane haya cambiado su morfología geológica totalmente, lo que ha llevado a solicitar que la zona sea declarada como Parque Nacional. La iniciativa surge de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin), y tiene la finalidad de instrumentalizar administrativamente la fórmula para expropiar y pagar un justiprecio a dueños de viviendas, negocios y explotaciones agrarias perdidas para que puedan empezar de cero.

La gran columna de humo del volcán alcanza los 4.500 metros de alto, donde está depositando la mayor parte de gases que expulsa y que viajarán hasta el mediterráneo

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En lo referido a la emergencia, Protección Civil continúa trabajando sobre el terreno con un operativo que asciende a 789 efectivos de seguridad y emergencias de diferentes instituciones de los ayuntamientos, cabildos insulares, del Gobierno de Canarias y del Gobierno de España, además de los voluntarios, quienes, en la última jornada, no han tenido que intervenir para realizar evacuaciones.

Son también los encargados de hacer cumplir el radio de exclusión de 2,5 kilómetros de la boca del volcán, que recomiendan los científicos para minimizar el riesgo de impacto de piroclastos y la exposición a los gases. Los efectivos recuerdan que hay que alejarse de las coladas de lava ante posibles desprendimientos y las altas temperaturas, además de extremar la precaución ante la caída de cenizas para evitar los efectos perjudiciales para la salud.

Ese perímetro de exclusión afecta por mar desde el sur por la Punta del Pozo en Puerto Naos, hasta el norte por la playa de Las Viñas de Tazacorte, y la paralela a la costa, a dos millas náuticas del litoral, establecido por Capitanía Marítima. Actualmente continúan desplazadas de su residencia un total de 5.700 personas. De ellas, solo 135 se encontraban albergadas en el acuartelamiento El Fuerte, en el municipio de Breña Baja y, de estas, 86 han sido reubicadas en un hotel de Fuencaliente. De las 49 personas que aún quedan en el albergue, 28 de ellas están a cargo del Servicio Canario de la Salud y las otras 19 han preferido continuar en esa ubicación.

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