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Mascotas

Junior, el perro de Ibiza que murió esperando un hogar

Algunos canes abandonados pasan casi toda su vida en la perrera y, si nadie los adopta, acaban falleciendo

Junior, el perro de Ibiza que murió esperando un hogar.

Junior era simpático. Un perro feliz. Algo bruto, eso sí, por sus hechuras. Muy fuerte. No le gustaban los gatos. Nada. Pero nada de nada. Era un perro intenso y efusivo, de los que se vuelven locos de contentos al ver a alguien. Junior era, sobre todo, muy cariñoso. Murió hace unos días en el centro de recuperación animal de Sa Coma, donde pasó prácticamente toda su vida esperando encontrar un hogar. "Era un perro estupendo, pero no tuvo suerte", comenta Miguel Quiñones, veterinario del centro, dependiente del Ayuntamiento de Ibiza, sobre el último de los abuelitos que acabó sus días aguardando una adopción.

Junior, un american stanford, llegó a Sa Coma "muy jovencito" y, tras pasar un tiempo en el centro, salió en adopción. "Pero no funcionó", recuerda Quiñones mientras pasea a Tyson, otro de los perretes que, salvo que alguien lo adopte, acabará allí su vida. Así, Junior regresó en enero de 2015 a la perrera, que se convirtió en su hogar definitivo. Los profesionales de Sa Coma son conscientes de que Junior no será el último de sus animales que morirán esperando que alguien se los lleve a casa, con ellos, para regalarles una última etapa llena de calor y mimos.

"Es algo que sabíamos que pasaría en el momento en que pasan unos años con una política de sacrificio cero", comenta el veterinario, que explica que sin la presión de un tiempo límite que los canes pueden estar en el centro, los animales que son más complicados de adoptar "por su raza o su tamaño" pueden llegar a pasar buena parte de su vida en las instalaciones. En algunos casos, el empeoramiento sobreviene de forma "muy repentina", como en el caso de Junior, y no hay tiempo para reaccionar. Tumores que no dan la cara hasta que ya no se puede hacer nada. Otras veces es sólo una cuestión de edad y, en esos casos, se intenta encontrarles una familia para que no pasen sus últimos días en Sa Coma. De hecho, en el centro intentan que quienes acuden a buscar un animal de compañía se fijen en ellos: "Intentamos que los vean, pero muchas veces ves que el adoptante no cumple los requisitos que necesita ese perro y sabes que, en el caso de que se lo llevaran, no cuajaría".

Esto es precisamente lo que están intentando con otro de los más viejitos de las instalaciones, Nalo. "Tiene una edad, problemas en las articulaciones por la artrosis y lo pasa mal aquí", indica sobre el animal, que llegó a Sa Coma con apenas un año y lleva siete esperando que alguien le adopte. De hecho, la Fundación Perros Abandonados en Ibiza, que se hace cargo de los gastos de la adopción de algunos de estos perros, ha hecho un llamamiento en redes para encontrarle un hogar a Nalo. En el centro confían en que tenga la misma suerte que Chulo, que tenía once años cuando una familia se enamoró de él y lo sacó de Sa Coma.

Esto mismo esperan para Tyson, que pasea junto al veterinario por los alrededores de Sa Coma. "Es muy tranquilo y le gusta estar al sol, acompañado", afirma Quiñones, que detalla que «bastantes» de los perros que en estos momentos hay en el centro, un total de 44, tienen ya una edad avanzada, más de siete años. Que muchos de ellos entren, además, en la calificación de PPP (perro potencialmente peligroso), por lo que es necesario contar con una licencia específica para su tenencia, "tira para atrás" a posibles adoptantes. También la idea de que, por ser mayores, necesitarán más cuidados veterinarios. Quiñones señala que eso no es necesariamente así y destaca las ventajas de adoptar "un abuelito": "Son mucho más tranquilos, requieren paseos más cortos y la mayor parte del tiempo lo que buscan es el calorcito y estar en compañía de sus dueños. Además, se vuelven mucho más cariñosos".

El objetivo es, dentro de lo posible, que ningún otro perro de Sa Coma acabe como Junior, muriendo en el centro esperando una adopción que nunca llega. No es el final que quieren para Rocco, un pitbull de siete años que lleva cinco en Sa Coma o el "guapetón" Thor, "muy cariñoso y noble".

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