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Ley trans

"El cambio de género no debería depender de la suerte, del profesional que te toque"

Marta Alonso es una de las decenas de personas que tramitaron este año su cambio de género en el Registro Civil: "Es farragoso, pero no me encontré con trabas"

Marta Alonso, en O Castro. A. Villar

“Vivimos en una sociedad muy normativa, y es cierto que mi aspecto se ajusta a los cánones de mi género y eso me ayudó a no generar un rechazo pero no siempre tiene que ser así, no todas las personas trans tienen que hacerlo y no por ello generar burlas, rechazo o simples miradas”.

Su reflexión es el vivo ejemplo de lo que procura la nueva ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI –más conocida como la ley trans–. La joven viguesa Marta Alonso inició hace dos años este pertinaz proceso de cambio de sexo, que busca ahora su aprobación en el Congreso con la que dejará de ser necesario un informe o tratamiento médico para su solicitud. “En mi caso no me encontré con trabas, pero sí son trámites muy farragosos, y no siempre sale lo bien que esperas”, cuenta Alonso.

Trámites e informes médicos

Y es que a la hora de demandar un cambio de nombre o sexo en el Registro Civil se hace obligatorio una serie de trámites como un informe clínico que acredite una disforia de género así como un tratamiento hormonal de dos años. “Estoy totalmente segura que todas las personas trans estamos en contra de la ley actual, es que no tiene sentido tener que pasar por todo esto y estar a merced de un profesional tipo psicólogo clínico o psiquiátrica, y también del endocrino. Yo di con buenos profesionales, privados porque en la sanidad pública los plazos de atención se eternizaban, pero no todos han tenido esta suerte. Y el cambio de género no tendría que depender de la suerte, del profesional, médico o funcionario que te toque”, defiende Alonso, quien ejemplifica sus palabras. “Casos de mi entorno se han encontrado con facultativos que han dudado de su cambio de sexo por no ir vestida o maquillada como una mujer, o profesionales que interpreten la ley de una manera o de otra”, incide.

En su caso, su transición al género femenino se inició hace dos años, cuando empezó a acudir a un psicólogo por problemas de estrés y ansiedad. “Empecé poco a poco a hablar con él y en base a esto me atreví a dar el paso. Le comenté lo que me sucedía y se me escuchó e informó aunque no fuese su especialidad. Me ayudó a ver cómo era yo en realidad”, cuenta Marta.

Apoyo familiar

La paciencia, perseverancia y sobre todo el apoyo del círculo familiar es fundamental a la hora de afrontar este cambio. “Yo siempre me sentí respaldada por familia y amigos pero no siempre reciben un apoyo en casa, por eso es tan importante que no resulte tan complejo el cambio de sexo”, valora esta joven viguesa.

Hormonación

Precisamente fue la hormonación lo más complicado de todo este proceso. “Los cambio de actitud o humor fueron difíciles de regular y al principio costó entenderlo. Sobre todo porque mi aspecto no era lo normativo que se esperaba. Justo me coincidió el inicio del proceso con la obligación de la mascarilla y llevé bastante bien el tema de la barba, por ejemplo. Cuando dejé de llevarla y, en mi caso, opté por no maquillarme, sí percibía miradas y comentarios sobre todo en el sitio donde estudiaba”, cuenta Marta Alonso, quien reconoce que estos episodios “nunca llegan a no afectarte al 100%”. “Yo pude permitirme quitarme toda la barba con láser, por ejemplo, pero habrá muchas personas que no se puedan costear este cambio, o que no lo buscan, y no por ello hay que generarles un rechazo, comentarios o burlas”, concluye.

“Saber que había más personas como yo en Vigo fue un impulso para iniciar todo el proceso”

Marta Alonso

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Junto a su familia, amigos y profesionales que fueron partícipes de su transición al género femenino, Marta Alonso contó con la “gran ayuda” de la asociación Nós Mesmas. “No conocía a gente como yo antes y me costaba encontrar información fiable en internet sobre cómo iniciar el cambio, qué documentos precisaba... Saber que había muchas más personas como yo en mi ciudad, cerca de mí y no solo en las redes sociales fue sin duda un impulso enorme para decidirme a iniciar todo el proceso”, cuenta la joven viguesa. Actualmente, el Registro Civil de Vigo recibe cada semana entre 3 y 4 peticiones de cambio de nombre o sexo, tanto de adultos como menores.

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