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Entrevista

Eva Alcón Soler, presidenta del Consejo de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE): "Ante el problema de alojamiento para universitarios, deberíamos pensar en becas-salario"

"La matrícula gratuita universal me parecería bien si hubiera suficientes recursos para financiar adecuadamente a las universidades; pero las universidades necesitamos más recursos"

Eva Alcón Soler, esta tarde, en Oviedo.

Eva Alcón Soler, esta tarde, en Oviedo. / Fernando Rodríguez

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Pablo Álvarez

Oviedo

Eva Alcón Soler (Castellón de la Plana, 1963) es, desde hace siete años, rectora de la Universidad Jaume I, y desde hace dos preside el Consejo de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas (CRUE). El jueves pronunció en el Paraninfo del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo la conferencia 'Los retos de la educación universitaria en el contexto actual'. La profesora Alcón, catedrática de Filología Inglesa, conversó con La Nueva España antes de su intervención.

¿A qué grandes retos se enfrenta la Universidad española?

Dentro de los muchos desafíos que se nos plantean, me gustaría detenerme en aquellos que afectan a las funciones propias de la Universidad, empezando por la formación. Durante muchos años, hemos estado formando a muchísima gente en diversos ámbitos de conocimiento. Pero ahora tenemos que abordar lo que es el aprendizaje a lo largo de la vida.

¿Y eso cómo se hace?

Antaño, una persona venía a la Universidad cuando tenía 18 años, pasaba 4 o 5 años en la Universidad y ya no volvía. Esto ya no funciona. Ahora mucha gente pasa por la Universidad, empieza a trabajar y, a lo largo del tiempo, se da cuenta de que tiene que reciclarse. La Universidad tiene que ser también el centro donde se pueda volver a ese reciclaje profesional. Además, hay gente que no ha tenido la oportunidad de ir a la Universidad, por los motivos que sea, y ahora, a una determinada edad, quiere ir a la Universidad. Tenemos una iniciativa lanzada por el Gobierno de España, con las microcredenciales, que busca reconectar con aquellas personas que necesitan un reciclaje profesional o ir a la Universidad por primera vez.

Hay que detectar necesidades...

Las universidades no tenemos que mirarnos hacia dentro, sino ver qué necesita la sociedad, qué necesitan las administraciones públicas, qué necesita nuestro sector productivo. Y, junto con ellos, programar esa formación. Esos son los grandes retos en formación.

¿Y otros desafíos?

Las otras grandes misiones que tenemos son la investigación y la transferencia de todo tipo de conocimiento. Las universidades españolas hacemos una buena investigación, pese a que la inversión en educación superior está por debajo de la media de la Unión Europea y de la OCDE. Estamos muy bien situados en los rankings universitarios: más del 80 por ciento de la investigación se realiza en las universidades y no hay ningún problema.

¿Y la transferencia de conocimiento a la sociedad?

En ese aspecto, todavía nos queda camino por recorrer. En la CRUE, estamos trabajando para que la investigación que se realiza en las universidades tenga un impacto social, llegue a la sociedad, pueda transferirse a las empresas… Si la gente no sabe lo que hacemos y el impacto que tiene en la sociedad, eso es un punto débil que tenemos que superar. Somos palanca de cambio y de transformación social, pero eso requiere que la sociedad sepa lo que hacemos y cómo lo hacemos, porque así nos entenderán y seguro que nos cuidarán.

Ante ese afán de responder a las demandas del mercado laboral, ¿no se corre el peligro de que las universidades se conviertan en institutos de FP cualificados y pierdan esa visión amplia y profunda que es inherente a la educación universitaria?

No, porque en ningún momento estamos diciendo que vayamos a dejar de dar una formación de grado dirigida especialmente a los jóvenes. Son dos enfoques que se complementan, porque van dirigidos a sectores diferentes de la sociedad.

Hace unos meses surgió un agrio debate sobre el papel de las universidades privadas. Desde altas magistraturas del Gobierno se las denostó. ¿Cómo han de convivir las universidades públicas y privada? ¿Cómo ha de articularse una oferta privada que a veces puede parecer un tanto oportunista?

Desde la CRUE, siempre hemos defendido que lo que el país necesita son buenas universidades; unas universidades que oferten una formación de calidad y que además realicen las misiones propias de la Universidad, que son formación, investigación y transferencia de conocimiento. No podemos aspirar a tener universidades que únicamente hagan una de esas funciones. Eso no sería una universidad, sería otra cosa. No se concebiría una universidad únicamente como investigadora, sin tener ningún tipo de formación, porque para eso existen otros centros propiamente de investigación. Y tampoco se podría concebir una universidad que solamente hiciera formación, porque la investigación, la generación del conocimiento, es inherente a la propia universidad. Lo que es importante es preservar el sistema de calidad que hemos construido en España.

¿Qué hace falta para conseguirlo?

Hay que mantener la idea que los recursos públicos tienen que ir a las universidades públicas, que desde hace mucho tiempo venimos reclamando una financiación adecuada.

¿Destinada a qué?

A poder dar ese servicio a la sociedad. Hay una gran demanda de enfermeros, de enfermeras y de médicos. ¿Por qué las universidades no ofertan más plazas? Porque no tenemos más recursos para doblar grupos: eso implica más profesorado, más laboratorios… Y esos recursos no existen. Una universidad bien financiada es garantía también de equidad, de que todo el mundo pueda acceder a ella.

O sea, que ante las ofertas de universidades privadas dispuestas a abrir centros o grados sanitarios en diversos puntos de España, su valoración es…

Que lo que hay que buscar es que tengan rigor en la calidad docente e investigadora. Y para eso hay una serie de requisitos, unos procedimientos, unos sistemas de acreditación por los que todos tenemos que velar con la máxima seriedad posible. Tenemos que garantizar a los jóvenes y a sus familias el que, cuando elijan una universidad, se les asegure el nivel de calidad que ellos están de alguna manera pidiéndonos.

Vamos a dar un salto al otro lado del Atlántico. ¿Qué opinión le merecen las políticas de Donald Trump en relación a las universidades y a las restricciones de libertades que les está imponiendo?

El mayor tesoro que tenemos las universidades es la autonomía universitaria. Debemos protegerla como el valor más sagrado que tengamos. ¿Por qué digo esto? Porque esa autonomía universitaria es la que nos permite libertad de pensamiento, crear conocimientos sin ningún tipo de restricción económica y política… En definitiva, la que nos permite hacer ciencia. Entonces, cualquier injerencia que se haga en las universidades debe ser rechazada porque sólo lleva a confrontación y a alimentar discursos que desde luego no son universitarios.

Aquí, en las universidades españolas, de vez en cuando surgen algaradas y enfrentamientos por la presencia de políticos que van a dar conferencias u otro tipo de intervención. ¿Considera que en la Universidad caben actos de contenido netamente político o que habría que excluirlos porque pueden enfrentar o polarizar?

De la Universidad no se tiene que excluir a nadie. Somos la cuna del pensamiento, del debate, del consenso… Bienvenido el debate, bienvenida la discrepancia, bienvenidas las diferencias para llegar a acuerdos o mantener posiciones diferentes… siempre y cuando estemos dentro de valores democráticos, de patrones que hemos utilizado década tras década y que nos han servido para mantener nuestro modelo social de convivencia.

En Asturias hay un debate vivo por la decisión del Gobierno regional y de la Universidad de Oviedo de implantar la matrícula gratuita universal en todos los cursos. ¿Cómo lo ve?

Voy a dar una opinión personal, en este caso no hablo ni como presidenta de CRUE ni siquiera como rectora. Si hay suficientes recursos para financiar adecuadamente a las universidades, me parece muy bien que la Universidad sea gratuita, con los niveles de equidad de los que estábamos hablando. Pero si resulta que los recursos son limitados y que las universidades necesitamos más recursos, aunque las comunidades autónomas compensen a las universidades por esas matrículas, a lo mejor sería el momento de pensar quién realmente necesita una ayuda para acceder a la Universidad. En otros casos, para algunas familias acceder a la Universidad, pagar una matrícula universitaria no es un esfuerzo tan grande, y pueden realizarlo buscando esa equidad en el sistema.

¿Con qué criterios hay que apoyar a las familias necesitadas?

Hoy en día, las matrículas universitarias en España pueden ser elevadas para algunas familias, pero en esos casos el problema ya no es únicamente de matrícula, sino de todo lo que conlleva ir a la Universidad: es una matrícula, una manutención, un alojamiento… El alojamiento está siendo un problema, especialmente en algunas de las grandes ciudades, en las que los precios de la vivienda están muy tensionados.

¿Qué se puede hacer con eso?

En esos casos de necesidad, a lo mejor deberíamos pensar en las llamadas becas-salario, que permitirían al estudiantado dedicarse a los estudios a tiempo completo, sin necesidad de tener que buscar otras alternativas.

Usted está en la idea de que faltan recursos para necesidades esenciales de la Universidad…

Efectivamente, faltan recursos y entonces, como faltan recursos, hay que priorizar. Todos pagamos impuestos y no todos pagamos los mismos impuestos, porque sería injusto. A la hora de acceder a la Universidad, el objetivo final debería ser que nadie se quedara excluido porque no pudiera pagarla. Sea porque no pueda pagar la matrícula o el alojamiento o la manutención. De lo contrario, entramos en una situación de desigualdad. No es lo mismo una persona que puede dedicarse al cien por cien a estudiar, sin ninguna otra preocupación, que otra que tiene que combinar uno, dos o tres trabajos a tiempo parcial, más los estudios, para poder culminar.

Antes hablaba usted de las necesidades de la Universidad española. ¿Están cuantificadas en dinero?

La Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU), en su preámbulo, reconoce que en la financiación de la Universidad deberíamos llegar al uno por ciento del PIB en 2030.

¿En cuánto estamos?                                                  

Depende de las comunidades autónomas, hay mucha diferencia de unas comunidades a otras. Pero están por debajo.

¿Y se llegará en 2030 a ese uno por ciento?

Esperemos que sí, en eso estamos trabajando.

Fuente: La Nueva España

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