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Anaximandro de Mileto, filósofo: "La naturaleza busca siempre el equilibrio"

Discípulo de Tales de Mileto, fue uno de los primeros pensadores en explicar el origen del universo sin recurrir a los dioses y dejó una de las frases más enigmáticas de la filosofía antigua.

Anaximandro imaginaba el cosmos como un equilibrio entre fuerzas opuestas.

Anaximandro imaginaba el cosmos como un equilibrio entre fuerzas opuestas. / INFORMACIÓN

J. A. Giménez

J. A. Giménez

Hace más de dos mil quinientos años, en la ciudad griega de Mileto, un filósofo dio un paso más allá de su maestro Tales. Si este había dicho que todo procede del agua, Anaximandro decidió que el origen del universo debía ser algo más profundo, más abstracto y más misterioso.

Lo llamó ápeiron.

La palabra significa literalmente lo ilimitado, lo indefinido, aquello que no tiene principio ni final. Para Anaximandro, ese ápeiron era el origen de todas las cosas: de él nace el cosmos y a él regresan todas las cosas cuando desaparecen.

Pero lo verdaderamente sorprendente de su pensamiento aparece en una frase que ha atravesado siglos de filosofía:

De donde las cosas tienen su origen, allí también se produce su destrucción según la necesidad; pues se pagan mutuamente culpa y reparación por su injusticia, según el orden del tiempo.

La frase parece enigmática, casi poética. Pero esconde una intuición poderosa.

La justicia del universo

Anaximandro imaginaba el cosmos como un equilibrio entre fuerzas opuestas: calor y frío, seco y húmedo, luz y oscuridad. Cuando una de ellas domina demasiado, rompe el equilibrio. Y entonces el tiempo actúa para restaurarlo.

Por eso habla de "injusticia".

No es una injusticia moral, como la que cometen las personas, sino un desequilibrio en la naturaleza. Cuando algo nace, de alguna manera se separa del equilibrio original. Y tarde o temprano deberá regresar.

El universo, según Anaximandro, se corrige a sí mismo.

Un salto gigantesco en la historia del pensamiento

Puede parecer una idea sencilla, pero fue revolucionaria.

Hasta entonces, el origen del mundo se explicaba con mitos: dioses, héroes, batallas divinas. Anaximandro intentó algo distinto: explicar el cosmos mediante principios naturales y racionales.

Por eso muchos historiadores lo consideran uno de los primeros pensadores que trató de entender el universo sin recurrir a los dioses.

También fue pionero en otros campos: dibujó uno de los primeros mapas del mundo conocido, estudió los solsticios y hasta especuló con una idea sorprendente para su tiempo: que los seres humanos procedían de animales acuáticos.

Una idea que sigue resonando

Quizá por eso su frase continúa fascinando.

Porque, detrás de su lenguaje antiguo, hay una intuición que todavía nos resulta familiar: la naturaleza busca siempre el equilibrio.

Y cuando se rompe, tarde o temprano, el tiempo acaba pidiendo cuentas.

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