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Epicuro, filósofo: "No estropees lo que tienes deseando lo que no tienes"

El pensador griego defendió que la felicidad no se encuentra en la riqueza ni en el poder, sino en aprender a vivir con sencillez y sin miedo.

Epicuro defendía aprender a distinguir entre tres tipos de deseos.

Epicuro defendía aprender a distinguir entre tres tipos de deseos. / INFORMACIÓN

J. A. Giménez

J. A. Giménez

Entre los grandes filósofos de la Antigua Grecia, Epicuro de Samos no siempre ocupa el primer lugar en los manuales escolares, pero su pensamiento ha influido profundamente en la forma en que entendemos la felicidad. Una frase suya resume de manera sencilla una de sus ideas centrales: la insatisfacción constante es una de las principales fuentes de sufrimiento humano.

No estropees lo que tienes deseando lo que no tienes

Epicuro vivió entre los siglos IV y III antes de Cristo y fundó en Atenas una escuela conocida como El Jardín, donde enseñaba filosofía de una manera poco habitual para su época. Allí no solo acudían hombres libres, sino también mujeres y esclavos, algo muy raro en la Grecia clásica. Su objetivo no era formar políticos ni retóricos, sino enseñar a vivir mejor.

La tranquilidad del cuerpo y del alma

A menudo se ha malinterpretado su filosofía como una defensa del placer sin límites, pero en realidad Epicuro defendía casi lo contrario. Para él, el placer verdadero no estaba en los excesos, sino en la tranquilidad del cuerpo y del alma. Comer de forma sencilla, cultivar amistades y evitar deseos innecesarios eran, según su pensamiento, las claves para una vida feliz.

En este sentido, su frase sobre no estropear lo que tenemos apunta directamente a un problema muy humano: la tendencia a comparar constantemente nuestra vida con lo que nos falta. Epicuro advertía que esa actitud genera frustración permanente, porque siempre habrá algo más que desear.

Tres tipos de deseos

Por eso defendía aprender a distinguir entre tres tipos de deseos: los naturales y necesarios (como comer o tener un refugio), los naturales pero no necesarios (lujos o placeres ocasionales) y los vacíos o artificiales, como la obsesión por el poder, la fama o la riqueza ilimitada.

Cuando el ser humano persigue estos últimos, decía Epicuro, entra en un ciclo de insatisfacción constante. En cambio, cuando aprende a valorar lo que ya tiene, aparece lo que él llamaba ataraxia, una serenidad profunda que permite vivir sin angustia.

Más de dos mil años después, su reflexión sigue siendo sorprendentemente actual. En una sociedad marcada por el consumo, la comparación constante y la búsqueda de más, la advertencia de Epicuro parece casi un consejo moderno: la felicidad no depende tanto de lo que conseguimos, sino de cómo aprendemos a mirar lo que ya tenemos.

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