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FRASES CÉLEBRES

Oscar Wilde, escritor: "Puedo resistirlo todo, excepto la tentación"

La frase, una de las más célebres del autor irlandés, resume a la perfección su talento para convertir una contradicción en un chispazo de ironía

Oscar Wilde convirtió el aforismo y la réplica afilada en una forma de arte.

Oscar Wilde convirtió el aforismo y la réplica afilada en una forma de arte. / INFORMACIÓN

J. A. Giménez

J. A. Giménez

Oscar Wilde dejó muchas frases brillantes, pero pocas tienen tanta pegada como esta: "Puedo resistirlo todo, excepto la tentación". La cita aparece en "El abanico de Lady Windermere", estrenada en 1892, donde la pronuncia Lord Darlington.

La fuerza de la frase está en su mecanismo. Wilde promete primero una fortaleza absoluta, "resistirlo todo", y la derriba en el mismo segundo con un remate perfecto: "excepto la tentación". Ahí está el chiste. Y ahí está también el sello del escritor irlandés, maestro en ese tipo de paradojas que parecen ligeras, pero que en realidad retratan muy bien las debilidades humanas.

No hace falta buscar una gran lección moral para que funcione. La frase brilla precisamente porque no sermonea. Se ríe de algo muy reconocible: la facilidad con la que las personas presumen de autocontrol hasta que aparece justo aquello que más desean. Wilde lo resume en una sola línea, con elegancia, veneno y humor.

El ingenio de Oscar Wilde

Ese ingenio era una de sus marcas de fábrica. Oscar Wilde, autor de obras como "La importancia de llamarse Ernesto" y "El retrato de Dorian Gray", convirtió el aforismo y la réplica afilada en una forma de arte. Muchas de sus frases siguen circulando más de un siglo después porque tienen algo que muy pocos consiguen: son breves, son memorables y parecen escritas para ser repetidas.

En esta cita, además, aparece uno de los temas más típicamente wildeanos: la relación entre deseo, apariencia y moral. Wilde no presenta la tentación como un drama, sino casi como una evidencia cómica. Todos quieren parecer firmes, correctos o dueños de sí mismos, pero basta una tentación bien colocada para que esa seguridad se tambalee. Y eso, contado por él, se convierte en una joya de humor.

Por eso la frase sigue viva. No necesita contexto político, ni una moda concreta, ni una explicación complicada. Entra sola. Tiene ritmo, tiene ironía y tiene ese descaro elegante que hizo de Wilde uno de los autores más citables de la literatura. A veces, el ingenio más duradero consiste justo en eso: decir una verdad incómoda de la forma más divertida posible.

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