Charles Bukowski, escritor: "Algunas personas no enloquecen nunca. Qué vida tan horrible deben de tener"
La frase, una de las más afiladas del autor estadounidense, convierte la locura en una forma de intensidad vital y el exceso en una crítica contra las vidas demasiado ordenadas

Una de las frases más célebres de Bukowski. / INFORMACIÓN
Charles Bukowski fue uno de esos escritores que no buscaban sonar elegantes. Prefería golpear. Y pocas frases resumen mejor ese estilo que esta:
Algunas personas no enloquecen nunca. Qué vida tan horrible deben de tener
En apenas dos líneas, el autor lanza una provocación que suena a broma negra, a desprecio y también a declaración de principios.
La frase funciona porque le da la vuelta a una idea muy asentada. Lo normal sería pensar que la locura, el descontrol o el exceso son algo que conviene evitar. Bukowski plantea justo lo contrario. Lo verdaderamente triste, viene a decir, sería atravesar la vida sin una sola sacudida, sin pasión, sin caída, sin ese punto de desorden que hace que una existencia se sienta real.
Ahí está una de las claves de su literatura. Bukowski escribió sobre borrachos, derrotados, carreras de caballos, habitaciones baratas, sexo, resaca, rabia y soledad. Pero debajo de toda esa suciedad había una defensa constante de la intensidad. Sus personajes no aspiraban a una vida impecable, sino a una vida vivida de verdad, aunque fuese a golpes.
Una frase que representa su estilo
Por eso esta frase encaja tan bien con su figura. No suena a consejo, ni a lección moral, ni a pensamiento elevado. Suena a Bukowski. Seca, incómoda y con una verdad escondida debajo del sarcasmo. Lo que parece una ocurrencia salvaje termina retratando algo muy reconocible: el miedo a vivir demasiado controlado, demasiado correcto, demasiado lejos del riesgo.
También explica por qué sigue circulando tanto. No hace falta haber leído una novela suya para entenderla. Entra al instante. Tiene remate, tiene mala leche y tiene ese aire de frase prohibida que siempre funciona. En tiempos de vidas cada vez más medidas, más expuestas y más domesticadas, la idea de que una existencia impecable puede ser también una existencia horrible conserva mucha fuerza.
Bukowski no estaba defendiendo la locura como diagnóstico ni como pose romántica. Lo que hay en esa frase es otra cosa: una celebración del desborde, del impulso, de la grieta, de todo lo que rompe la rutina pulida y convierte la vida en algo menos obediente. Y ahí, una vez más, está su marca: hacer que una frase brutal suene al mismo tiempo a chiste y a verdad.
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