Leslie Feinberg, escritora trans: "El género es la poesía que cada cual hace con el lenguaje que le enseñaron"
La autora de "Stone Butch Blues" dejó una de las frases más citadas sobre identidad porque condensa en muy pocas palabras una idea poderosa: el género no es solo una etiqueta, sino también una forma de construirnos

Leslie Feinberg, autora de "Stone Butch Blues". / INFORMACIÓN
No todas las frases sobre identidad consiguen quedarse. Muchas circulan unos días, impactan un momento y desaparecen. La de Leslie Feinberg, en cambio, sigue volviendo una y otra vez porque tiene algo raro y difícil de lograr: une reflexión, belleza y claridad en una sola línea. "El género es la poesía que cada cual hace con el lenguaje que le enseñaron" no suena a consigna ni a eslogan. Suena a una manera distinta de mirar algo que durante mucho tiempo se presentó como rígido e intocable.
Ahí está buena parte de su fuerza. Feinberg no habla del género como una simple casilla administrativa ni como un debate abstracto. Lo convierte en una creación, en una elaboración personal hecha con materiales heredados. La frase sugiere que nadie parte de cero, porque a todo el mundo le llega un lenguaje previo, unas normas, unos nombres y unas expectativas. Pero también deja espacio para algo decisivo: la posibilidad de rehacer todo eso de una forma propia.
Literatura trans y pensamiento queer
Por eso funciona tan bien como puerta de entrada a su figura. Leslie Feinberg fue una de las voces más influyentes del activismo y la escritura trans en Estados Unidos. Su nombre quedó especialmente ligado a Stone Butch Blues, la novela publicada en 1993 que se convirtió con el tiempo en un texto de referencia para varias generaciones lectoras, tanto por su valor literario como por la manera en que abordó la identidad de género, la violencia, el trabajo, el deseo y la resistencia. Feinberg murió en 2014, pero su obra sigue siendo central cuando se habla de literatura trans y de pensamiento queer.
La frase elegida encaja muy bien con esa trayectoria porque resume una forma de pensar que atraviesa toda su escritura. En Feinberg, la identidad no aparece como algo superficial ni como una simple elección individual desligada del mundo. Siempre está atravesada por la historia, por la clase social, por la violencia, por el lenguaje disponible y por las luchas colectivas. De ahí que hablar de "poesía" en esta cita no signifique frivolizar el género, sino reconocer que hay una dimensión creativa, íntima y hasta expresiva en la forma en que cada persona se nombra y se entiende.
También explica por qué sigue siendo una frase tan compartida hoy. En un momento en el que el debate sobre el género se vuelve a menudo bronco, jurídico o puramente ideológico, Feinberg introduce otra textura. No niega el conflicto, pero cambia el registro. Habla de lenguaje, de aprendizaje, de transformación. Y eso le da a la frase una profundidad que la mantiene viva más allá del contexto en que fue formulada.
Además, tiene algo muy propio de los buenos titulares: abre una promesa de lectura. ¿Qué significa exactamente que el género sea poesía? ¿Qué quiere decir que uno trabaja con el lenguaje que le enseñaron? La frase obliga a detenerse, porque no se limita a afirmar, sino que invita a pensar. Y ahí aparece lo mejor de Feinberg: esa capacidad para decir algo muy político sin perder densidad humana.
Su obra, de hecho, estuvo siempre atravesada por esa mezcla de militancia y experiencia vivida. No escribió desde la teoría pura, sino desde una vida marcada por la confrontación con las normas y por la necesidad de encontrar palabras para realidades que durante mucho tiempo habían sido apartadas o directamente borradas. Por eso sus textos conservaron esa potencia tan particular: no eran solo análisis, también eran supervivencia, memoria y afirmación.
La frase sobre el género sigue circulando porque resume todo eso con una elegancia poco común. Recuerda que nadie inventa su identidad en el vacío, pero también que nadie está condenado a repetir exactamente el lenguaje que recibió. Entre una cosa y otra, entre la herencia y la reinvención, aparece ese espacio que Feinberg llamó poesía.
Y quizá ahí esté la razón de su vigencia. Porque en lugar de reducir el género a una batalla de definiciones cerradas, lo presenta como algo más complejo y más humano: una forma de hacer sentido con las palabras disponibles, de torcerlas, de ampliarlas y de encontrar en ellas un sitio propio. No es una imagen pequeña. Es una manera de explicar por qué algunas frases, cuando aciertan de verdad, duran mucho más que una discusión pasajera.
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