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“Más vale un mal arreglo que un buen pleito”: el refrán antiguo que vuelve cada vez que la guerra se enquista

Parece una frase de abuela, pero encierra una idea incómoda y muy actual: a veces la paz imperfecta vale más que una victoria soñada que nunca llega.

“Más vale un mal arreglo que un buen pleito”, el refrán español que no seguirá Trump.

“Más vale un mal arreglo que un buen pleito”, el refrán español que no seguirá Trump. / INFORMACIÓN

J. A. Giménez

J. A. Giménez

No suena épico. No tiene la grandilocuencia de los discursos de guerra ni el brillo de las proclamas históricas. Y, sin embargo, “Más vale un mal arreglo que un buen pleito” sigue diciendo algo muy serio sobre el mundo. Es uno de esos refranes que sobreviven porque pinchan justo donde más duele: en la distancia entre el orgullo y la realidad.

Su fuerza está en que desmonta una fantasía muy humana, la de creer que todo conflicto puede resolverse con una victoria limpia, total y hasta moralmente impecable. El refrán va por otro lado. Recuerda que, cuando una disputa se alarga, el coste casi siempre crece para todos. También para quien está convencido de tener razón. Y ahí entra una intuición muy vieja, pero muy vigente: un acuerdo insatisfactorio puede ahorrar más dolor que una confrontación convertida en pozo sin fondo.

Por eso encaja tan bien cuando la actualidad vuelve a llenarse de palabras como escalada, represalia, ofensiva o negociación bloqueada. No hace falta forzar demasiado el sentido para ver por qué este dicho conserva potencia. Habla de guerras, sí, pero también de la lógica que las rodea: la dificultad de ceder, el peso del orgullo, el miedo a parecer débil y la tentación de seguir adelante incluso cuando el balance ya es devastador.

Además, tiene algo especialmente valioso para una pieza con gancho: no idealiza la paz. No dice que el arreglo sea justo, brillante ni heroico. Dice algo más áspero: que puede ser malo y aun así preferible. Esa es la parte incómoda del refrán, y seguramente también la más lúcida. Porque muchas veces la paz real no se parece a los finales perfectos, sino a una solución parcial, fea, discutida y aun así necesaria.

Ahí está la razón de que siga funcionando siglos después. Los refranes populares no suelen hablar como los diplomáticos, pero a veces aciertan donde otros adornan demasiado. Este, en concreto, entiende muy bien una verdad vieja: cuando un conflicto se vuelve una maquinaria de desgaste, seguir peleando por no ceder puede acabar siendo la peor derrota.

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