Zygmunt Bauman, filósofo: “Las redes sociales son una trampa”
Esa fue una de las sentencias más comentadas del pensador polaco, el autor que puso nombre a la “modernidad líquida”

Zygmunt Bauman definió perfectamente el mundo actual de las redes sociales. / INFORMACIÓN
Zygmunt Bauman tenía una rara habilidad para resumir una época en pocas palabras. Lo hizo con la “modernidad líquida”, ese concepto con el que trató de explicar un mundo cada vez más inestable, más rápido y menos duradero. Y también lo hizo con una frase que sigue circulando años después: “Las redes sociales son una trampa”. La formuló en una entrevista con El País, donde añadía que esas plataformas no enseñan a dialogar, sino que a menudo permiten encerrarse en “zonas de confort” donde uno solo escucha el eco de sí mismo.
La frase funciona porque no suena a simple queja generacional. En Bauman, casi nunca había nostalgia fácil. Lo que le interesaba era detectar cómo cambian los vínculos humanos cuando todo se vuelve más frágil, más inmediato y más reemplazable. Por eso su crítica a las redes encaja tan bien con el resto de su obra: no hablaba solo de pantallas, hablaba de relaciones, de comunidad y de la dificultad creciente para sostener compromisos duraderos en una cultura que premia lo instantáneo. Fue uno de los pensadores clave para comprender una sociedad marcada por Internet y las redes sociales.
Lo más interesante de la cita es que no demoniza la tecnología en sí, sino el tipo de comportamiento que puede fomentar. Bauman advertía de que el diálogo real no consiste en hablar solo con quienes piensan igual, y veía en las redes un espacio cómodo para evitar la controversia y refugiarse en un entorno a medida. Esa idea explica por qué la frase ha envejecido tan bien: hoy, en plena discusión sobre burbujas, polarización y algoritmos, sigue sonando menos exagerada de lo que parecía.
También encaja con el personaje intelectual que Bauman representó hasta el final. No fue un filósofo de laboratorio, sino un observador del presente, muy atento a cómo el consumo, la precariedad y la velocidad estaban remodelando la vida cotidiana. De hecho, entre las frases recordadas tras su muerte aparecían otras igual de certeras sobre el trabajo, el tiempo personal o la pérdida del arte de la amistad.
Quizá por eso aquella sentencia sigue teniendo tirón: porque no habla solo de redes sociales, sino de una ansiedad mucho más amplia. La de una época en la que parece más fácil conectar que comprenderse, más fácil mostrarse que escucharse, y más fácil estar en todas partes que estar de verdad con alguien.
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