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Por qué se llama "mona" al dulce típico de Pascua y por qué lleva un huevo: un origen que pocos conocen

La palabra no tiene nada que ver con el animal y esconde una herencia árabe que ha llegado hasta nuestros días

Una mujer comiendo una mona de Pascua.

Los dulces de la Comunidad Valenciana para Semana Santa: monas de pascua, 'panquemao' y coca de nueces y pasas / Europa Press

J. A. Giménez

J. A. Giménez

Cada año, con la llegada de la Semana Santa, miles de familias en España disfrutan de uno de los dulces más tradicionales de estas fechas: la mona de Pascua. Sin embargo, lo que muchos desconocen es que su nombre tiene un origen mucho más antiguo que la propia tradición cristiana y nada tiene que ver con el significado actual de "mona".

La explicación más extendida sitúa el origen de la palabra en el término árabe munna, que puede traducirse como “provisión” o “regalo alimenticio”. Durante la época de Al-Ándalus, era habitual ofrecer alimentos como obsequio en celebraciones o como gesto de agradecimiento, una costumbre que sobrevivió al paso de los siglos y se integró en nuevas tradiciones.

Con la consolidación del calendario cristiano, esa idea de regalo encontró su lugar en la Pascua. Así nació la mona tal y como la conocemos hoy: un dulce que los padrinos regalan a sus ahijados el Lunes de Pascua, simbolizando el fin de la Cuaresma y el regreso a los alimentos que habían sido restringidos durante semanas.

¿Por qué se le añade el huevo?

Uno de los elementos más característicos de la mona tradicional es el huevo, que no está ahí por casualidad. Este ingrediente simboliza el renacer y el fin de la abstinencia, y en algunas zonas incluso tenía un significado añadido: el número de huevos indicaba la edad del niño que recibía el regalo.

Monas de Pascua

Monas de Pascua / INFORMACIÓN

Con el paso del tiempo, la mona ha evolucionado notablemente. Lo que comenzó como un sencillo bollo con huevos cocidos ha dado lugar a elaboradas creaciones de pastelería, especialmente en regiones como la Comunidad Valenciana, Murcia o Cataluña, donde hoy es habitual encontrar figuras de chocolate, personajes infantiles y auténticas esculturas comestibles.

Pese a estos cambios, la esencia se mantiene. La mona sigue siendo, como en su origen, un regalo cargado de simbolismo. Un dulce que no solo marca el final de la Cuaresma, sino que también conecta tradiciones culturales que se remontan siglos atrás.

Detrás de un gesto tan cotidiano como compartir una mona de Pascua se esconde una historia que une culturas, religiones y generaciones. Y que demuestra que, a veces, las palabras que usamos a diario guardan un significado mucho más profundo del que imaginamos.

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