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Francisco de Goya, pintor: “El sueño de la razón produce monstruos”

El artista aragonés retrató como nadie la oscuridad de su tiempo y dejó una frase que aún interpela a la sociedad actual.

Francisco de Goya, pintor: “El sueño de la razón produce monstruos”

Francisco de Goya, pintor: “El sueño de la razón produce monstruos” / INFORMACIÓN

J. A. Giménez

J. A. Giménez

Francisco de Goya no fue un artista cómodo. Tampoco quiso serlo. Su obra, atravesada por la guerra, la enfermedad y la crítica social, dejó imágenes difíciles de olvidar. Y entre ellas, una frase que ha sobrevivido al paso del tiempo con una vigencia inquietante:

El sueño de la razón produce monstruos

La sentencia forma parte de uno de sus grabados más conocidos, incluido en la serie Los Caprichos (1799). En la imagen, un hombre dormido —el propio Goya— aparece rodeado de criaturas oscuras, búhos y murciélagos. No es una escena fantástica sin más: es una advertencia. Cuando la razón se apaga, lo irracional ocupa su lugar.

Grabado de 'Los Caprichos' de Goya con la famosa frase.

Grabado de 'Los Caprichos' de Goya con la famosa frase. / AYUNTAMIENTO DE SANTANDER

La enfermedad que lo dejó sordo

Para entender esa idea hay que situarse en la vida del propio Goya. Nacido en 1746 en Fuendetodos (Zaragoza), fue pintor de la corte, pero también testigo directo de una España convulsa. Vivió la invasión napoleónica, la violencia de la Guerra de la Independencia y los cambios políticos de un país inestable. Todo eso acabó filtrándose en su obra.

A esa mirada crítica se sumó un episodio clave: la enfermedad que sufrió en 1793 y que lo dejó sordo. A partir de ahí, su pintura se volvió más introspectiva, más oscura. Obras como Los fusilamientos del 3 de mayo o las posteriores Pinturas Negras reflejan una visión del mundo menos idealizada, más incómoda.

Una sociedad sin pensamiento crítico

La frase de Los Caprichos encaja en ese giro. Goya no estaba hablando solo de fantasía o superstición, sino de lo que ocurre cuando la sociedad abandona el pensamiento crítico. Su obra, en ese sentido, no es solo artística: también es política, incluso moral.

Murió en 1828 en Burdeos, lejos de España, pero su legado sigue ahí, en museos y en debates contemporáneos de todo el mundo. Porque esa idea —que la razón es frágil y que su ausencia tiene consecuencias— no ha perdido fuerza.

Goya pintó monstruos, sí. Pero lo hizo mirando muy de cerca a la realidad.

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