Dermatología
Hasta el 3% de la población sufre hiperhidrosis, el exceso de sudor que trastoca la vida: "Es un problema médico real y tratable"
El exceso de sudor afecta a aspectos tan básicos como dar la mano, escribir, usar el móvil, caminar con comodidad, elegir la ropa o sentirse tranquilo en una reunión
Su impacto es especialmente acusado en jóvenes y adolescentes y puede derivar en problemas de autoestima o aislamiento social

Tratamiento con microinyecciones de toxina botulímica / Clínica Serena
Hasta el 3% de la población tiene hiperhidrosis, una sudoración excesiva, mucho mayor de la que el cuerpo necesita para regular su temperatura. "Sudar es normal y saludable; lo que no es normal es sudar en exceso sin calor, sin ejercicio o de una manera tan intensa que interfiera en la vida cotidiana", explica la doctora Ángela Hernández, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), cuando describe un problema que, subraya, no se debe minimizar. Además, su impacto es especialmente acusado en jóvenes y adolescentes y puede derivar en problemas de autoestima o aislamiento social, añade el doctor Rafael Serena, especialista en láser y medicina estética y director de Serena Clínic, en Barcelona.
Con el término hiperhidrosis se hace referencia al "aumento de la sudoración ecrina", describen los especialistas. Las glándulas sudoríparas ecrinas son muy numerosas y de distribución universal por todo el cuerpo. Su función es controlada por el sistema nervioso simpático, una división del sistema nervioso autónomo que prepara al cuerpo para situaciones de acción, estrés o emergencia, conocida como respuesta de "lucha o huida". El papel de la estimulación nerviosa es fundamental: en situaciones estresantes aumenta nuestra sudoración.
En su consulta de Barcelona, el doctor Rafael Serena lleva años aplicando microinyecciones de toxina botulínica a sus pacientes
Componente genético
Ese exceso de sudoración puede afectar a todo el organismo o a zonas concretas. Lo más frecuente es la hiperhidrosis focal (localizada) primaria, que aparece, sobre todo, en axilas, palmas de las manos, plantas de los pies o cara, aunque también puede darse en la nuca, la zona lumbar o el cuero cabelludo. "No se debe a que la persona tenga más glándulas sudoríparas, sino a que esas glándulas están sobreactivadas por un mecanismo nervioso en el que existe un probable componente genético, ya que es frecuente que esté afectado más de un miembro de la familia", señala Hernández, dermatóloga del Instituto de Medicina y Dermatología Avanzada (IMDA).
"No estamos ante una rareza, sino ante un trastorno muy habitual del que todavía se habla poco", asegura la dermatóloga.
En España no se dispone de un registro nacional de pacientes. Tampoco son frecuentes las asociaciones de afectados. Las estimaciones "más aceptadas" apuntan a que, aproximadamente, en torno al 1% o al 3% de la población sufre este trastorno. "No estamos ante una rareza. No es una manía ni una cuestión estética: es un problema médico real y tratable", asegura la dermatóloga.
Sudar no es malo
La sudoración, de por sí, no es mala, aclara. El problema aparece cuando deja de ser una función útil y se convierte en una limitación. "La hiperhidrosis puede condicionar cosas tan básicas como dar la mano, escribir, usar el móvil, caminar con comodidad, elegir la ropa o sentirse tranquilo en una reunión. Además, la humedad mantenida favorece el mal olor o la maceración de la piel. No hablamos solo de 'sudar mucho', sino de una enfermedad que puede afectar de forma muy importante", señala Hernández.
Algunas formas de hiperhidrosis generalizada pueden asociarse al embarazo o la menopausia, a enfermedades neurológicas o medulares y, también, al consumo de alcohol, opiáceos o ciertos fármacos
Algunas formas del trastorno se asocian a dolencias sistémicas. "Cuando la sudoración excesiva es generalizada, aparece por primera vez en la edad adulta, es asimétrica (por ejemplo, una axila sí y otra no) o incluso continúa durante el sueño, hay que pensar en una hiperhidrosis secundaria", señala la doctora Hernández.

La doctora Hernández / CEDIDA
En esos casos puede asociarse a situaciones como el embarazo, la obesidad o la menopausia; a trastornos endocrinos como el hipertiroidismo; a ansiedad; a tumores endocrinos poco frecuentes o a enfermedades neurológicas o medulares. También, al consumo de alcohol, opiáceos o ciertos fármacos. "Ahí lo importante no es solo tratar el sudor, sino buscar la causa", asegura.
El tratamiento de la dolencia -que no se cubre en la sanidad pública salvo en casos extremos- depende de la intensidad y de la zona. En los casos leves, lo más habitual es empezar con antitranspirantes con sales de aluminio. En los últimos años, han surgido nuevas alternativas, como el tratamiento con microondas, radiofrecuencia y láser para algunos casos de hiperhidrosis axilar. Los fármacos anticolinérgicos también pueden ser útiles en algunos pacientes, tanto por vía tópica como oral. La cirugía se reserva para situaciones más severas, porque puede funcionar, pero no suele ser la primera opción. Es también más agresiva.
Si el problema afecta sobre todo a manos y pies, puede recurrirse a la iontoforesis, una técnica que ayuda a reducir la sudoración en esas áreas. Y cuando la hiperhidrosis es más intensa, especialmente en las axilas, la toxina botulínica "continúa siendo uno de los tratamientos más sólidos", indica la doctora.
Pionero
En España, el doctor Rafael Serena fue un pionero en la aplicación de toxina botulínica mediante microinyecciones para tratar ese sudor excesivo. "Llevo 30 años haciéndolo. Muchas veces, cuando saludo y me dan la mano, veo que hay personas que tienen mucha sudoración en las manos y hacen el gesto típico de pasársela por el pantalón. Muchas me dicen: 'Es que yo no sabía que esto se podía tratar'. Y me apena", afirma en conversación con El Periódico.
En su consulta, el médico tiene un constante goteo de pacientes con esta afección que aborda con microinyecciones de toxina botulínica. "Lo que más hacemos es axilar, después palmar y, por último, plantar. Es un procedimiento sencillo que permite bloquear temporalmente la actividad de las glándulas sudoríparas", detalla.
El efecto comienza a notarse a partir del cuarto día y, en la mayoría de los casos, elimina la sudoración. Con un matiz. "Se quita al 90%. Si fuera al 100%, haría el efecto contrario: una anhidrosis, una falta total de agua que produce heridas de sequedad. Cuando me preguntan: '¿Pero me garantiza que me la quita del todo?', les digo: 'Es que no quiero quitártelo todo'". El procedimiento se realiza en una única sesión anual y, según la experiencia clínica, muchos pacientes experimentan una mejora progresiva con un mantenimiento de tres o cuatro años.
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