El rechazo irracional a los agujeros que cada vez más gente reconoce tiene nombre: tripofobia
No está oficialmente catalogada como trastorno, pero provoca reacciones reales en quienes la sufren

La tripofobia es el rechazo irracional a las imágenes de agujeros o patrones geométricos repetitivos. / INFORMACIÓN
No es una fobia de las que suelen aparecer en los manuales, pero quien la tiene lo explica con claridad: incomodidad, rechazo e incluso ansiedad al ver ciertos patrones repetitivos. La tripofobia, el miedo o aversión a los agujeros o formas geométricas agrupadas, se ha hecho más visible en los últimos años gracias a internet.
Las imágenes que la desencadenan son muy concretas: panales de abejas, semillas de loto, esponjas o incluso burbujas. No son peligrosas en sí mismas, pero generan una reacción física inmediata en algunas personas. Hablan de picor, escalofríos, náuseas o la necesidad de apartar la mirada.
Lo curioso es que la tripofobia no está reconocida como un trastorno oficial en manuales como el DSM-5. Aun así, psicólogos y estudiosos del comportamiento coinciden en que las reacciones son reales y tienen una explicación posible. Una de las teorías más extendidas apunta a un mecanismo evolutivo: esos patrones podrían recordar a señales de peligro, como enfermedades de la piel o animales venenosos.
Respuesta de alerta
En ese sentido, más que un miedo clásico, sería una respuesta de alerta. El cerebro identifica algo que “no encaja” y activa una reacción de rechazo. No es tanto temor como incomodidad intensa.
La popularización del término ha tenido mucho que ver con redes sociales y foros. Durante años, muchas personas no sabían ponerle nombre a lo que sentían. Hoy, basta una búsqueda para encontrar miles de imágenes, testimonios y debates sobre el tema.
También ha generado cierta controversia. Hay quienes cuestionan si se trata de una fobia real o de una reacción amplificada por la exposición constante a este tipo de contenido. Otros advierten de que algunas imágenes están manipuladas para provocar una respuesta más intensa.
En cualquier caso, el fenómeno existe. Y aunque no suele interferir gravemente en la vida diaria, sí refleja algo interesante: no todas las fobias tienen que ver con animales, alturas o espacios cerrados. Algunas están en detalles mucho más cotidianos.
La tripofobia no pone en riesgo la vida, pero sí recuerda hasta qué punto el cerebro puede reaccionar ante estímulos aparentemente inofensivos. A veces, basta con mirar algo dos segundos para entenderlo. Y apartar la vista.
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