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FRASES CÉLEBRES

Eduardo Galeano, periodista y escritor: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”

Una idea que convierte lo cotidiano en motor de cambio y devuelve el protagonismo a quienes nunca suelen ocupar titulares

Eduardo Galeano

Eduardo Galeano / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

No hace falta ocupar grandes cargos ni liderar movimientos masivos para provocar cambios reales. Eduardo Galeano resumió esa idea con una frase que, con los años, ha terminado convertida en un lema global: el poder transformador de lo pequeño.

El periodista y escritor uruguayo, fallecido tal día como hoy en 2015, conocido por su mirada crítica y su compromiso social, puso el foco en quienes rara vez aparecen en primer plano. Su mensaje rompe con la narrativa habitual que sitúa el cambio en manos de líderes, instituciones o figuras excepcionales. En su lugar, plantea algo mucho más cercano: la suma de gestos individuales.

Pequeñas decisiones conectadas

La fuerza de la frase reside en su lógica acumulativa. Una sola acción puede parecer insignificante, pero miles de acciones repetidas en distintos puntos del mundo generan un efecto difícil de ignorar. Desde movimientos sociales hasta cambios culturales, muchos procesos históricos han seguido precisamente ese patrón: pequeñas decisiones que, al conectarse, terminan alterando el rumbo de las cosas.

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo

También hay una dimensión emocional. La idea de que cualquiera puede contribuir a mejorar su entorno elimina la sensación de impotencia frente a problemas globales. No se trata de cambiarlo todo de golpe, sino de asumir que cada gesto cuenta, por mínimo que parezca.

En un contexto donde los grandes desafíos —climáticos, sociales o económicos— pueden parecer inabarcables, la frase de Galeano sigue funcionando como recordatorio: el cambio no siempre empieza arriba, ni de forma espectacular. A menudo, nace en lo cotidiano, en lo local y en lo invisible.

Y ahí está su vigencia. Porque, más allá de su carga poética, encierra una invitación práctica: actuar, aunque sea poco, porque ese “poco” nunca es irrelevante cuando se multiplica.

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