Techo de cristal en los campus
Las mujeres ya son casi la mitad del profesorado universitario en España, aunque el poder sigue en manos de los hombres
Las docentes e investigadoras aumentan el 20% en 15 años, aunque las catedráticas y rectoras continúan siendo minoría

Una clase de Biología del Desarrollo de la catedrática e investigadora de la UPF Berta Alsina. / Pau Gracià / EPC
Olga Pereda
Casi la mitad del personal docente e investigador de las universidades españolas son mujeres. El porcentaje –similar a la media europea y por encima de países como Alemania, Italia y Francia– ha aumentado aproximadamente un 20% en los últimos 15 años. La cifra demuestra que la equidad es una prioridad estratégica de la educación superior, que, sin embargo, sigue teniendo como asignatura pendiente la presencia femenina en puestos de mayor jerarquía.
Bautizado como ‘experimento John-Jennifer’, la Universidad de Yale demostró que, a igual capacidad, las facultades abren más sus brazos a los hombres que a las mujeres para puestos relevantes. Los investigadores enviaron a varios campus estadounidenses dos currículos idénticos, uno de una mujer (Jennifer) y otro de un hombre (John). Los comités de selección universitarios –formados por catedráticos y catedráticas– se inclinaron por John antes que por Jennifer. Ambos candidatos tenían los mismos logros académicos, pero él parecía más competente que ella, así que recibió mejor evaluación y más propuestas de contratación universitaria.
El 'efecto John-Jennifer' sirve para certificar que en los campus existe el techo de cristal, barreras invisibles que dificultan el acceso de las mujeres a los puestos de liderazgo. En las posiciones de base, sin embargo, las mujeres han dado pasos agigantados. Casi la mitad del personal docente e investigador (PDI) de las universidades españolas públicas y privadas (44,6%) son mujeres, según el último informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), que incluye datos del curso 2023-24 (la estadística más reciente disponible).
"Pese a los avances, todavía existe un techo de cristal, igual que ocurre en otros ámbitos laborales, no solo el universitario"
El porcentaje ha aumentado de forma significativa en los últimos años. En el curso 2009-10 las mujeres conformaban el 37,6%. Es decir, la presencia de profesoras e investigadoras se ha incrementado casi en un 20% en 15 años. “Una mayor equidad en las universidades españolas es positiva, la equidad es una de las prioridades estratégicas de la universidad. Una presencia representativa e igualitaria de hombres y mujeres es una buena noticia, repercute en un mejor y mayor aprovechamiento del talento femenino”, explica Montse Álvarez, del gabinete técnico de la Fundación CYD.
Las privadas, con más grados en ciencias sociales, superan ligeramente a las públicas en presencia femenina entre el profesorado
Las universidades privadas superan ligeramente a las públicas en presencia femenina en el PDI: 47% frente a 44%. La explicación se encuentra en la especialización. Álvarez explica que las privadas han desarrollado más campus relacionados con la salud y la educación, áreas muy feminizadas, mientras que en las públicas tienen un mayor peso las ingenierías o las ciencias puras, ámbitos donde la presencia de las mujeres, tanto entre estudiantes como profesores, es más reducida.
Sin embargo, la participación femenina disminuye a medida que se avanza en la jerarquía. “Pese a los avances, todavía existe un techo de cristal, igual que ocurre en otros ámbitos laborales, no solo el universitario”, destaca la técnica de CYD.
Investigadoras principales
En los proyectos de investigación, las investigadoras principales son solo el 33% frente al 67% de investigadores principales hombres, según el estudio 'Mujeres e Innovación 2026', presentado hace semanas por la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant. "El talento no entiende de género, pero avanzamos más despacio de lo que nos gustaría", reconoció entonces la ministra, que destacó que, en las convocatorias públicas, las mujeres tienen tasas de éxito similares a los hombres cuando presentan proyectos de investigación, pero muchas menos llegan a hacerlo. "El problema no está tanto en la evaluación como en el paso previo, el acceso, en quién se presenta", insistió.
El número de catedráticas no llega al 30% y las rectoras siguen siendo minoría
Las cifras de CYD constatan que, en las facultades, los hombres presentan mayores tasas de reconocimiento y con mucha más frecuencia tienen a sus espaldas, al menos, un sexenio (seis años de actividad investigadora). El número de catedráticas no llega al 30% (28,4%) y las rectoras siguen siendo minoría. Pese a ello, la evolución ha sido positiva. Álvarez, del gabinete técnico de CYD, recuerda que el porcentaje de mujeres catedráticas ha subido del 20,9% (curso 2015-2016) al 28,4% (curso 2023-2024). A la vez, en 2015 solo el 10% de los rectorados estaban en manos de mujeres, porcentaje que casi se ha triplicado desde entonces. En puestos como los vicerrectorados y los vicedecanatos, la paridad es casi total.
Cómo romper el techo de cristal
Para lograr romper el techo de cristal que todavía persiste y acelerar el cambio hacia la equidad, la experta subraya la necesidad de revisar los criterios de promoción, fijar cuotas en los procesos de selección, aumentar la transparencia, facilitar una conciliación corresponsable y aplicar evaluaciones con perspectiva de género.
“Para explicar la segmentación vertical a menudo se menciona el ‘síndrome de la impostora’, un fenómeno psicológico que hace dudar a quienes lo padecen de sus logros, atribuyendo sus éxitos a la suerte o a factores externos. Este síndrome –junto con barreras externas como sesgos implícitos, falta de redes de apoyo y políticas de conciliación laboral y familiar inadecuadas– contribuye a limitar el avance profesional de las mujeres”, destaca Álvarez.
La falta de ambición, un mito
A pesar de las dificultades para alcanzar puestos estratégicos, un síntoma positivo del camino hacia la igualdad real es que cada vez hay más candidatas a dirigir el máximo órgano de poder de un campus. Cuando, en 2021, la catedrática de Lingüística Inglesa Amaya Mendikoetxea aspiró al rectorado de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) se enfrentó a dos hombres y dos mujeres. Mendikoetxea se convirtió en la segunda rectora en la historia de la UAM tras Josefina Gómez Mendoza (1984-1985). Dos años antes de Gómez Mendoza, en 1982, Elisa Pérez Vera se convirtió en la primera rectora de España al ser nombrada en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
En un debate organizado por CYD, Mendikoetxea insistió en que el techo de cristal se retroalimenta del ‘suelo pegajoso’, ese que hace que, en la universidad, las mujeres se queden en puestos de menor prestigio y poder. Una de las explicaciones es la sobrecarga que supone la falta de conciliación para combinar el trabajo profesional y el doméstico. En los campus, al igual que sucede fuera de ellos, son mayoritariamente mujeres las que solicitan excedencias y reducciones de jornada para cuidados. En ese mismo encuentro, la rectora de la UAM insistía en que la falta de ambición de las mujeres es un mito absoluto, lo mismo que la aversión al riesgo o la falta de interés para ocupar puestos estratégicos.
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