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Parménides, filósofo: “El ser es, y el no-ser no es”

El pensador griego sentó una de las bases más radicales del pensamiento occidental con una idea que aún desconcierta

Parménides de Elea: “El ser es, y el no-ser no es”

Parménides de Elea: “El ser es, y el no-ser no es” / INFORMACIÓN

J. A. Giménez

J. A. Giménez

Hace más de 2.500 años, Parménides de Elea formuló una frase que sigue generando debate: “El ser es, y el no-ser no es”. Puede parecer simple, pero encierra una de las teorías más profundas —y más difíciles— de la filosofía.

Con ella, el pensador griego rompía con la forma habitual de entender la realidad. Para Parménides, solo existe aquello que es. Lo que no es, simplemente no puede pensarse, ni decirse, ni existir.

Una idea que niega el cambio

La consecuencia de esta afirmación es radical. Si el “no-ser” no existe, entonces nada puede surgir de la nada ni desaparecer en ella. Es decir, el cambio, tal como lo percibimos, sería una ilusión.

Para Parménides, la realidad auténtica es única, eterna e inmutable. No nace, no muere y no se transforma. Lo que vemos —movimiento, transformación, multiplicidad— sería solo apariencia.

Contra lo que vemos cada día

Su pensamiento chocaba de frente con la experiencia cotidiana. Todo a nuestro alrededor parece cambiar: las personas envejecen, los objetos se transforman, las cosas aparecen y desaparecen.

Pero Parménides desconfiaba de los sentidos. Creía que nos engañan y que solo la razón permite alcanzar la verdad. Y la razón, en su planteamiento, lleva a una conclusión clara: no puede existir aquello que no es.

El origen de un gran debate

Esta idea abrió una de las grandes discusiones de la filosofía: la tensión entre lo que percibimos y lo que pensamos. Frente a Parménides, otros filósofos como Heráclito defendían lo contrario: que todo cambia constantemente.

Ese choque entre estabilidad y cambio sigue presente hoy, desde la ciencia hasta la forma en que entendemos el mundo.

Una frase que sigue incomodando

“El ser es, y el no-ser no es” no es una frase para memorizar sin más. Es una invitación a cuestionar lo evidente. Porque obliga a preguntarse si lo que vemos es realmente la realidad… o solo una versión superficial de algo mucho más complejo.

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