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¿Funcionan las relaciones abiertas? Lo que dice la ciencia sobre celos, confianza y felicidad

Cada vez más parejas se plantean romper con la monogamia tradicional, pero la investigación muestra que no es una fórmula mágica y que su éxito depende de factores muy concretos

Las relaciones abiertas están cada vez más a la orden del día.

Las relaciones abiertas están cada vez más a la orden del día. / INFORMACIÓN

J. A. Giménez

J. A. Giménez

Las relaciones abiertas ya no son una rareza. Lo que hace unos años se veía como algo marginal o propio de unos pocos, hoy forma parte de conversaciones cotidianas, especialmente entre generaciones más jóvenes. Pero la gran pregunta sigue siendo la misma: ¿realmente funcionan?

La respuesta corta es que sí… pero no para todo el mundo.

Ni mejores ni peores, pero sí diferentes

Varios estudios en psicología y sociología coinciden en una idea clave: las personas en relaciones no monógamas pueden alcanzar niveles de satisfacción similares a las de parejas monógamas. Es decir, abrir la relación no implica automáticamente ni más felicidad ni más problemas.

La diferencia está en cómo se construye esa relación.

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Mientras que la monogamia tiene normas sociales más claras, las relaciones abiertas obligan a las parejas a definir sus propias reglas desde cero. Y ahí es donde empieza todo.

El papel de los celos: no desaparecen

Uno de los grandes mitos es que quienes tienen relaciones abiertas “no sienten celos”. La realidad es justo la contraria.

Los celos siguen existiendo, pero se gestionan de otra forma. Algunas investigaciones apuntan a que quienes practican la no monogamia desarrollan herramientas más conscientes para afrontarlos: comunicación constante, acuerdos claros y revisión de límites.

El sentimiento posesorio de los celos.

El sentimiento posesivo de los celos. / INFORMACIÓN

Aun así, no es sencillo. En muchos casos, los problemas aparecen cuando lo que en teoría se acepta… en la práctica duele.

Más comunicación, pero también más exigencia

Si hay un elemento que marca la diferencia es la comunicación. Las parejas abiertas que funcionan suelen compartir varias características:

  • Hablan de forma frecuente y honesta
  • Establecen límites claros (qué está permitido y qué no)
  • Revisan esos acuerdos con el tiempo

Pero esto también implica un esfuerzo mayor. Donde en otras relaciones hay normas implícitas, aquí todo debe negociarse.

¿Quién lo lleva mejor?

La ciencia apunta a que no todo el mundo se adapta igual. Las relaciones abiertas suelen funcionar mejor en personas con:

  • Alta tolerancia a la incertidumbre
  • Buen manejo emocional
  • Menor apego posesivo
  • Y, sobre todo, capacidad de comunicación

Cuando estos elementos fallan, el modelo puede generar más conflictos que soluciones.

El error más común

Uno de los fallos más habituales es abrir la relación como solución a problemas previos. Y aquí los expertos son bastante claros: si la relación no funciona antes, abrirla suele empeorar la situación.

En lugar de arreglar lo que ya está dañado, muchas veces amplifica inseguridades o conflictos que ya existían.

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Entonces, ¿funcionan?

Funcionan en algunos casos, fracasan en otros. No son una evolución inevitable de la pareja ni una alternativa superior. Son, simplemente, otro modelo.

Lo que sí deja claro la investigación es que no hay atajos: ni la monogamia garantiza el éxito ni la no monogamia lo impide.

Al final, como en casi todo lo relacionado con las relaciones, la clave sigue siendo la misma: expectativas claras, comunicación y honestidad. Sin eso, da igual el modelo.

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