Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

“No me gusta cómo caza la perrita”: la sospecha hecha refrán

La expresión, de sabor rural y cinegético, se usa para advertir que algo empieza a torcerse aunque todavía no haya estallado el problema

Un cazador observa a su perra en el campo.

Un cazador observa a su perra en el campo. / INFORMACIÓN

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
J. A. Giménez

J. A. Giménez

No me gusta cómo caza la perrita” es una de esas frases que no necesitan explicación cuando caen en una conversación. No acusa del todo, no sentencia todavía, no da por perdido el asunto. Pero deja una nube encima de la mesa. Algo no va bien. Hay una señal rara, un movimiento que chirría, una conducta que no convence. La perrita aún está en el campo, todavía puede levantar la pieza, pero quien la mira trabajar ya empieza a desconfiar.

La expresión se usa para manifestar recelo, desconfianza o mal pronóstico ante una situación. Puede aplicarse a una negociación, a un proyecto político, a un negocio que empieza con demasiadas promesas, a un equipo que no encuentra juego o a una persona cuya actitud despierta sospechas. No equivale exactamente a “esto va mal”, sino a algo más fino: “esto no me gusta desde el principio; hay indicios de que acabará mal”.

El origen incierto de la metáfora

Su origen no está cerrado con una fuente única y documentada, pero la explicación más sólida apunta al mundo de la caza con perro. En ese contexto, el cazador observa cómo trabaja el animal: si rastrea bien, si cobra la pieza, si se despista, si pierde el rastro, si se adelanta demasiado o si no responde. De ahí salta la metáfora. Como quien mira a una perra de caza y detecta que no está haciendo bien su labor, el hablante mira una situación y concluye que algo no encaja.

La fórmula aparece con variantes: “no me gusta cómo caza la perra”, “no me gusta cómo caza la perrilla” o “no me gusta cómo caza la perrita”. Algunas referencias la sitúan como expresión de origen manchego o, al menos, muy vinculada al habla rural y cinegética del centro peninsular, aunque también se documentan usos en otros territorios y registros populares. Un blog de memoria personal y lenguaje popular la define precisamente como una frase que viene a significar que “algo no marcha como debiera” y apunta a su posible origen manchego, aunque reconoce su extensión por zonas de tradición cazadora.

Esa falta de una partida de nacimiento clara no le resta interés; al contrario, dice mucho sobre cómo funcionan las expresiones populares. No nacen siempre en un libro ni en una fecha exacta. A menudo salen del oficio, del campo, de la taberna, de la familia o de la repetición oral. Primero describen una escena muy concreta —una perra que no caza bien— y después se vuelven útiles para todo lo demás. La política, el fútbol, la economía, una relación sentimental o una empresa pueden acabar convertidos en esa perrita que no termina de cazar.

Mucho uso en la prensa deportiva

El dicho ha tenido, además, bastante vida en el lenguaje deportivo y periodístico. Hay usos en crónicas y comentarios para hablar de equipos en mala dinámica, proyectos que arrancan torcidos o situaciones con futuro poco alentador. En un blog deportivo de 2010, por ejemplo, se citaba la frase como una expresión usada por José Ramón de la Morena para referirse a equipos en situación complicada. También aparece en artículos de opinión política y social, donde la “perrita” ya no persigue liebres, sino votos, pactos o promesas.

La fuerza de la expresión está en su tono. No es solemne, pero tampoco inocente. Tiene humor, tiene campo y tiene mala espina. Frente a fórmulas más planas como “esto no pinta bien” o “me da mala sensación”, “no me gusta cómo caza la perrita” introduce una imagen completa: alguien observa, compara, recuerda cómo debería funcionar aquello y detecta que la realidad va por otro lado.

También hay algo muy español en esa manera de desconfiar sin levantar demasiado la voz. La frase no necesita grandes argumentos. Funciona como un diagnóstico de veterano, de quien ha visto muchas jornadas parecidas y reconoce los síntomas antes de que llegue el desastre. No dice “esto va a fracasar”; dice algo peor, porque suena a experiencia: “ya he visto antes este movimiento, y no me gusta”.

Por eso sigue viva. Porque sirve para nombrar ese momento incómodo en el que todavía no hay pruebas definitivas, pero sí señales. La perrita corre, olfatea, se mueve. Desde fuera, todo podría parecer normal. Pero quien sabe mirar ya ha notado el fallo. Y cuando alguien suelta la frase, lo que en realidad está diciendo es: cuidado, que esto empieza a oler mal.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents