Stanisław Jerzy Lec, escritor: “En el principio era la Palabra, y al final el bla-bla-bla”
El aforista polaco resumió en una línea el desgaste del lenguaje público: empezamos creyendo en la palabra y acabamos rodeados de palabrería

Stanisław Jerzy Lec fue uno de los grandes maestros europeos del aforismo del siglo XX. / INFORMACIÓN
“En el principio era la Palabra, y al final el bla-bla-bla.” La frase de Stanisław Jerzy Lec tiene algo de broma culta, pero también de diagnóstico feroz. Toma una fórmula solemne, casi sagrada, y la desploma con tres sílabas ridículas: bla-bla-bla. El resultado no es solo ingenioso. Es incómodo. Porque todos reconocemos ese tránsito: del lenguaje como promesa al lenguaje como ruido.
Lec fue uno de los grandes maestros europeos del aforismo del siglo XX. Nacido en 1909 en Leópolis —entonces parte del Imperio austrohúngaro y hoy ciudad ucraniana de Lviv—, vivió el derrumbe de varios mundos: la Europa de entreguerras, el nazismo, la guerra, el comunismo y la propaganda política elevada a sistema. Esa biografía ayuda a entender por qué sus frases son tan cortas y tan afiladas. No escribe para adornar el pensamiento, sino para dejarlo sin refugio.
Dos maneras de entender el lenguaje
La sentencia funciona porque enfrenta dos maneras opuestas de entender el lenguaje. “La Palabra” remite al origen, al sentido, a la creación, a la capacidad humana de nombrar y ordenar el mundo. El “bla-bla-bla”, en cambio, es la degradación de esa fuerza: palabras que no iluminan, no comprometen, no explican. Solo ocupan espacio. Palabras como humo.
El aforismo no acusa únicamente a quienes hablan demasiado. Va más lejos. Señala lo que ocurre cuando el lenguaje pierde responsabilidad. En política, en publicidad, en redes sociales, en tertulias o en ciertos discursos institucionales, las palabras pueden convertirse en una maquinaria de relleno. Se habla para no decir. Se promete para no hacer. Se adorna para no responder. Y cuanto más grave es el asunto, más tentadora resulta la palabrería.
Lec sabía mucho de eso. Su obra está atravesada por la desconfianza hacia los grandes discursos cerrados, esos que se presentan como verdad absoluta y acaban aplastando la vida concreta. El aforismo, en sus manos, es una forma de resistencia: una frase breve contra los sistemas que hablan durante horas. Donde el poder levanta discursos, Lec coloca una línea. Donde la ideología construye monumentos verbales, él deja una grieta.
La frase también retrata una fatiga muy contemporánea. Nunca se ha escrito, opinado, explicado y comentado tanto. Sin embargo, esa abundancia no siempre produce más claridad. A menudo genera cansancio. El problema ya no es solo la censura o el silencio impuesto, sino la saturación: demasiadas palabras compitiendo por atención, demasiados mensajes diseñados para sonar importantes, demasiada conversación sin escucha.
La onomatopeya del hartazgo
Por eso el “bla-bla-bla” es tan eficaz. No necesita teoría. Es la onomatopeya del hartazgo. Todos hemos sentido alguna vez que una rueda de prensa, un debate, una reunión o un comunicado podrían reducirse a eso: ruido con forma de lenguaje. El mundo sigue hablando, pero la palabra parece haber perdido peso.
La ironía de Lec está en que no desprecia el lenguaje. Al contrario: lo toma tan en serio que no soporta verlo malgastado. Solo alguien que cree en la potencia de una frase puede indignarse ante su corrupción. Su aforismo no dice que hablar sea inútil; dice que la palabra, cuando se vacía de verdad, acaba convertida en caricatura de sí misma.
Ahí está la mordida del texto. La civilización empezó confiando en que nombrar era crear sentido. Pero puede terminar en una verborrea donde todo se anuncia, se justifica, se maquilla y se repite hasta perder significado. Entre la Palabra y el bla-bla-bla hay una historia de desgaste: la del lenguaje cuando deja de servir a la verdad y empieza a servir solo al ruido.
La frase de Stanisław Jerzy Lec sigue viva porque no pertenece únicamente a su siglo. Sirve para leer el nuestro con precisión cruel. Cada época tiene sus dogmas, sus consignas, sus expertos de cartón y sus vendedores de humo. Lec los despacha con una línea que parece un chiste y funciona como una alarma: cuando todo se llena de palabras, quizá ha llegado el momento de preguntar quién está diciendo algo de verdad.
- Luto en las Hogueras de Alicante por la muerte de un conocido festero
- La Fiscalía pide ocho años y medio de inhabilitación al exalcalde de Orihuela José Manuel Medina y cuatro exediles por el presunto fraccionamiento de contratos
- Los veterinarios lo explican: así te da las gracias tu gato aunque no te des cuenta
- Muere un motorista tras chocar contra una palmera en la carretera de la Cantera de Alicante
- Pérez-Hickman apremió a Urbanismo a conceder la licencia de obras a Les Naus de Alicante: 'La cooperativa está soportando muchas circunstancias, intentemos no agravárselas más
- La mejor nota de Selectividad es de Torrevieja: 'Estudiaré Medicina en honor a mi padre, que murió cuando yo tenía dos años
- Nacho Córdoba, el promotor alicantino detrás de los conciertos de Bad Bunny en España: 'Lo que he vivido en esta gira es algo especial
- La música se luce en la Entrada de Bandas con silencio reivindicativo en la Rambla
