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El auge de los cruceros de expedición llega a España bajo la sombra del brote de hantavirus del MV Hondius

Los viajes a la Antártida, el Ártico o Galápagos son el segmento que más crece, pero el caso de la expedición científica afectada por el virus Andes obliga a mirar también la letra pequeña sanitaria de las rutas remotas

El crucero de expedición MV Hondius

Crucero de expedición Hondius / Europa Press

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

Los cruceros de expedición viven su gran momento. Viajes a la Antártida, el Ártico, la Patagonia o Galápagos han dejado de ser una rareza reservada a exploradores profesionales para convertirse en uno de los productos turísticos más aspiracionales del mercado. Pero el reciente brote de hantavirus vinculado al crucero MV Hondius ha añadido una advertencia incómoda: viajar a lugares extremos exige protocolos extremos.

Según el State of the Cruise Industry Report citado por Antarctica Cruises, el número global de pasajeros de cruceros pasó de 29,6 millones en 2019 a 37,2 millones en 2025, un crecimiento aproximado del 25%. La previsión del sector apunta a 42 millones de pasajeros en 2028.

España también participa de ese crecimiento. En 2025 aportó 635.000 pasajeros de cruceros, un 4,1% más que el año anterior. Y aunque el Caribe, las Bahamas y el Mediterráneo siguen pesando mucho, los viajes de expedición ganan atractivo entre perfiles que buscan algo más que descanso: naturaleza extrema, ciencia, aprendizaje y experiencias difíciles de repetir.

El auge de los cruceros entre la Generación X es más notoria. Los viajeros de entre 46 y 60 años no están esperando a la jubilación para viajar o poder hacer realidad algún sueño; ahora prefieren buscar experiencias activas como el kayak, las caminatas con raquetas de nieve e incluso campamentos polares. En esta generación también se ven mucho a los profesionales con modelos de trabajo flexible. 

El contexto, sin embargo, ha cambiado tras lo ocurrido con el MV Hondius. La OMS confirmó un brote de hantavirus vinculado a este crucero de expedición, con varios casos y fallecidos. El organismo identificó el virus Andes, una cepa de hantavirus conocida por su capacidad de transmisión limitada entre personas en situaciones de contacto directo y prolongado.

El caso no convierte a los cruceros de expedición en viajes inseguros por definición. Tampoco permite hablar de un riesgo generalizado para la población. Pero sí señala una realidad que el sector no puede ignorar: en rutas remotas, con pasajeros de muchos países, convivencia prolongada a bordo y acceso limitado a recursos sanitarios, cualquier incidente biológico se vuelve mucho más complejo.

El perfil del viajero español

Para el viajero español, esto importa especialmente por su forma de contratar este tipo de viajes. Según Antarctica Cruises, los españoles reservan con menos antelación que otros mercados: entre seis y nueve meses antes, e incluso en plazos más cortos, frente a los 12 o 18 meses habituales en países como Estados Unidos o Alemania. También prefieren itinerarios más breves, de entre 7 y 10 días, viajan mayoritariamente en pareja y valoran que haya información o charlas en español.

"Se ha observado un aumento significativo de viajeros solos, sobre todo de mujeres de entre 40 y 60 años. Las mujeres ya no esperan a que una pareja o amigo quiera viajar con ellas, se están animando cada vez más a viajar solas. Por lo general, los viajeros solitarios buscan comunidad y seguridad que los barcos de expedición ofrecen, con camarotes individuales, o incluso eligen programas que ofrecen compartir cabina, cada vez más usuales en los cruceros", explica Jeremy Clubb, fundador y director de Antarctica Cruises. 

Ese perfil obliga a reforzar la información previa. No basta con vender la postal del hielo, las ballenas o los paisajes intactos. El cliente debe saber qué protocolos médicos existen, cómo se gestionan los desembarcos, qué cobertura sanitaria necesita, qué ocurre si hay cuarentenas y qué capacidad real tiene el barco para responder ante emergencias.

El auge de estos cruceros no se explica sólo por el lujo. Según la agencia especializada, cada vez más viajeros buscan inmersión y aprendizaje. Jeremy Clubb sostiene que los pasajeros “quieren presenciar y comprender el ecosistema” y que crece la demanda de barcos con programas de ciencia ciudadana, como observación de nubes para la NASA, seguimiento de ballenas o toma de muestras de agua de mar junto a científicos a bordo.

Ahí está la gran paradoja del momento. Los cruceros de expedición venden precisamente contacto con lo remoto, lo salvaje y lo excepcional. Pero esa misma excepcionalidad exige más preparación, más transparencia y menos improvisación.

El viajero español medio de expedición, de unos 52 años, con tendencia a viajar acompañado y a buscar salidas en español, no parece renunciar a estos viajes por una alerta puntual. Pero sí puede empezar a preguntar más. Y debería hacerlo.

La lección del MV Hondius no es que haya que dejar de viajar, sino que la aventura organizada también necesita cultura sanitaria. En los destinos extremos, la seguridad no empieza cuando aparece una emergencia. Empieza mucho antes: al elegir barco, operador, seguro, ruta y protocolos.

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